Después de cumplir casi cinco meses en confinamiento seguramente has pensado lo que será cuando finalmente salgamos y nos reincorporemos a la [nueva] normalidad, aunque seguramente a más de una le aterra la idea de volver tras recluirnos y protegernos en nuestras casas. Desde ahora lo anticipamos, la vida no será igual y tendremos que acostumbrarnos a miles de nuevas reglas, entre ellas el uso de cubrebocas, aplicar gel antibacterial cada cierto tiempo, guardar la distancia, entre otras. Pero este sentimiento aterrador, con mucha incertidumbre, nos persigue. Quizás te traerá paz saber que no eres la única…

Según distintos centros dedicados a la investigación psicológica, incluyendo la Universidad Nacional Autónoma de México, hay un síndrome llamado síndrome de la cabaña. Este consiste en el rechazo, o incluso miedo, de exponerse al exterior y se relaciona en el ámbito emocional junto a síntomas como sudoración, dificultad motora y padecer trastornos de ansiedad, depresión y estrés. Muchos de ellos se le atribuyen a nuestra manera de consumir noticias y, en ocaciones, sobreinformarnos en torno a lo que pasa en nuestro país y en el mundo. Seguro recuerdas cuando entramos en confinamiento y las bolsas cayeron… Esa incertidumbre en torno a la sanidad y a la economía fue imprescindible.

Es importante saber que no todas somos diagnosticadas con el síndrome de la cabaña. De hecho, el término “síndrome” se refiere a “cuando una persona experimenta un conjunto de síntomas y reacciones tanto emocionales, como cognitivas y motoras tras determinada experiencia vital y a la que están íntimamente ligados”, destaca la psicóloga Andrea Vega Seoáñez.

Ahora con el regreso paulatino a nuestras actividades, es probable que te encuentres en una posición difícil; por un lado tienes la necesidad de salir, pero por el otro la idea de contraer coronavirus inunda tu mente, particularmente para las personas que pasaron la cuarentena solas, la idea del contacto es terrorífica. Si bien, estábamos acostumbrados a un contacto social cercano —abrazos, besos, apretones de mano— y el no poder hacerlo nos margina a quedarnos en casa.  Sin embargo, debes saber que tomar esta salida fácil solo alimentará el síndrome de la cabaña. De hecho un psicólogo asegura que hacerle “frente al miedo que sentimos, lo hacemos más pequeño”.

La doctora Erika Villavicencio Ayub, investigadora, consultora y coordinadora de psicología organizacional por la UNAM, recomiendo el regreso escalonado para todos aquellos que sufren el síndrome. Asegura a Animal Político que “es importante realizar aproximaciones sucesivas de forma gradual con el objetivo de que se exponga al estímulo negativo asociado a la salida”. Sugiere establecer pequeñas “metas” e ir incrementando el grado de dificultad con cada salida para aprender a manejar la ansiedad y el miedo. “Es sumamente relevante que cuidemos, no solamente la salud física sino también la salud mental y más cuando ya estamos siendo víctimas de trastornos emocionales”, agregó.

Si piensas tener el síndrome de la cabaña, lo mejor es que reflexiones sobre tus miedos e inseguridades y consultes a un psicólogo para una opinión estudiada si el problema persiste. También, un punto sumamente importante a considerar es que no debes sugestionarte.

*IMAGEN: Getty Images
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