La piel cambia con el tiempo. La exposición al sol, la edad y otros factores pueden manifestarse en forma de manchas, pecas, líneas de expresión o lunares. Aunque muchos de estos cambios son parte de la evolución natural de la piel, otros requieren atención médica. Aprender a distinguirlos es importante para saber cuándo conviene consultar a un especialista.

“Uno de los errores más comunes es asumir que cualquier mancha o lunar puede tratarse directamente como un rasgo estético y restarle importancia. Antes de pensar en mejorar su apariencia, es importante observar si ha cambiado y entender qué estamos viendo”, explica la Dra. Pamela Corzas, fundadora y directora de Clínica Corzas, especializada en medicina estética, funcional y metabólica.

Un lunar puede permanecer sin cambios durante años. Sin embargo, si presenta modificaciones en su forma, color, tamaño o textura, o si una lesión comienza a verse o comportarse de manera distinta, es necesario priorizar su valoración médica antes de considerar cualquier tratamiento estético.

La recomendación es evitar intentar eliminar o modificar estas lesiones por cuenta propia. Una revisión médica permite determinar si requieren estudios adicionales o atención especializada. 

Por ejemplo, la exposición acumulada a la radiación ultravioleta puede contribuir a la aparición de manchas, cambios en la textura y tono desigual. Estos efectos forman parte del fotoenvejecimiento, un proceso que puede prevenirse parcialmente mediante medidas como el uso diario de protector solar y la vigilancia de los cambios en la piel.

“Envejecer no significa que inevitablemente la piel tenga que perder su calidad, significa que necesita cuidados diferentes en cada etapa que atraviesa para mantenerse saludable. La prevención comienza cuando dejamos de esperar a que aparezca un problema”, señala la doctora en un comunicado.

Cuando se han descartado problemas médicos, algunos tratamientos estéticos pueden ayudar a abordar alteraciones específicas. Los peelings químicos se utilizan para tratar ciertas manchas y mejorar la textura; la luz pulsada puede contribuir a reducir algunas alteraciones de pigmentación y enrojecimiento, mientras que la micropunción se emplea para mejorar determinadas cicatrices y otros cambios en la superficie cutánea. La elección depende de una valoración individual y de las características de cada caso.

Distinguir entre un cambio estético y una señal que requiere atención médica es parte del cuidado de la piel. Un lunar que cambia, una lesión nueva o una mancha cuyo origen se desconoce no deben tratarse únicamente por su apariencia. Ante estas señales, la valoración de un profesional de la salud permite determinar los siguientes pasos.

“Los lunares y las manchas pueden parecernos detalles menores, pero la piel también nos habla y aprender a escucharla es parte de cuidarla. No debemos subestimar un lunar que cambia, una mancha que aparece o cualquier alteración que no reconozcamos. La prevención también es una forma de belleza: conocer nuestra piel nos permite protegerla de manera más consciente a lo largo de los años”, concluye la Dra. Pamela Corzas.

Más allá de los tratamientos disponibles, observar la piel con regularidad, protegerla de la radiación solar y consultar ante cambios sospechosos son medidas que contribuyen a su cuidado a largo plazo.