¿A qué huele un perfume inspirado en un esmalte de uñas? La respuesta puede parecer bastante obvia: a esmalte recién abierto, notas frutales, flores blancas, vainilla y almizcle. Sin embargo, esta combinación se está trasladando a la industria de las fragancias, que continúa explorando aromas novedosos para convertirlos en experiencias olfativas.

Una de las novedades es Lychee Lacquer, de la marca Snif, una fragancia que combina un acorde de esmalte con lichi, rosa, jazmín, vainilla y almizcle. También existen creaciones anteriores que experimentan con este perfil, como Odeur 53, de Comme des Garçons, lanzada en 1998.

Salido del salón de belleza

El olor del esmalte de uñas es fácilmente reconocible. Ese olor penetrante puede asociarse con el momento de pintarse las uñas, las visitas al salón de belleza y el tiempo de espera mientras se seca el esmalte. 

Ahora, algunas marcas están cambiando esa percepción. En lugar de buscar únicamente ingredientes florales, amaderados o dulces, los perfumistas exploran aromas que forman parte de la vida diaria, incluso aquellos que pueden resultar extraños fuera de su contexto original.

El atractivo de estas fragancias está en transformar un olor familiar en algo inesperado. La experiencia de una manicura puede evocar recuerdos de la infancia, tardes compartidas con amigas o la primera visita a un salón de uñas. 

¿Cómo huele un perfume inspirado en el esmalte?

Aunque la inspiración proviene del esmalte de uñas, estas fragancias no contienen esmalte real. Los perfumistas crean un acorde olfativo; es decir, una combinación de materiales aromáticos que reproduce la impresión de un olor específico. En este caso, se busca recrear la salida penetrante y ligeramente afrutada que caracteriza a los productos recién abiertos.

De hecho, la composición final depende de los ingredientes que acompañen ese acorde y de cómo evolucionen sobre la piel.

En Lychee Lacquer, por ejemplo, el primer impacto combina la acidez dulce del lichi con una faceta floral. Después aparecen la rosa y el jazmín, mientras que la vainilla y el almizcle suavizan la composición durante el secado. 

Esta combinación explica por qué el acorde puede funcionar mejor de lo que parece sobre el papel. La nota de esmalte aporta contraste y evita que las facetas dulces resulten demasiado empalagosas, mientras que los elementos florales ayudan a equilibrar su intensidad.

Tres perfumes de la tendencia

Lychee Lacquer, de Snif

Es uno de los ejemplos más recientes de esta corriente. Su composición combina lichi, acorde de esmalte de uñas, rosa, absoluto de jazmín, vainilla y almizcle. La apertura es frutal y luminosa, pero a medida que evoluciona aparece una faceta más cálida y ligeramente cremosa.

Las notas frutales y florales funcionan como punto de entrada, mientras que el acorde de esmalte añade una personalidad distinta. Es una manera de acercarse a esta tendencia sin usar un perfume completamente experimental.

Angel’s Powder, de BORNTOSTANDOUT

Para quienes prefieren los perfumes dulces, Angel’s Powder explora el acorde de esmalte desde una perspectiva más golosa. La fragancia combina pimienta rosa y azúcar glas en la salida, seguidas de azúcar de vainilla, frambuesa y algodón de azúcar. En el fondo aparecen heliotropo, almizcle blanco y madera de guayaco.

El contraste entre el azúcar y el acorde de laca evita que el perfume se limite a reproducir el aroma de un postre y le aporta un carácter más complejo.

Odeur 53, de Comme des Garçons

Comme des Garçons exploró esta idea hace casi tres décadas. Lanzado en 1998, Odeur 53 fue concebido como un anti-perfume que combina 53 referencias olfativas poco convencionales, entre ellas esmalte de uñas, oxígeno, arena, roca volcánica y hierba recién cortada.

A diferencia de las composiciones frutales y dulces, esta fragancia se inclina hacia un territorio más abstracto y experimental. Su intención no es evocar una experiencia de belleza específica, sino construir una impresión olfativa que recuerda a materiales, espacios y elementos del entorno.