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Como sabes, hasta hace poco la terapia de luz roja era la reina absoluta del skincare, y todo el mundo la usaba y la recomendaba por sus beneficios para estimular el colágeno, mejorar la apariencia de las líneas de expresión y combatir los signos visibles del envejecimiento. Sin embargo, una nueva tecnología está comenzando a hacerle la competencia para uso doméstico: la terapia con luz verde.
Aunque todavía es menos conocida que la luz roja, la luz verde está despertando interés gracias a sus efectos sobre la luminosidad del rostro, las manchas y el tono desigual de la piel. De hecho, se considera que podría convertirse en una de las tendencias de belleza más importantes de los próximos años.
Esta tecnología forma parte de una categoría conocida como fotobiomodulación LED, una técnica no invasiva que utiliza distintas longitudes de onda para influir en procesos celulares específicos. Y aunque la luz roja continúa siendo una de las más estudiadas, la luz verde tiene ventajas particulares que la hacen atractiva al buscar una piel más uniforme y radiante.
¿Qué es exactamente la terapia con luz verde?
La terapia con luz verde utiliza longitudes de onda visibles que suelen encontrarse entre los 520 y 560 nanómetros. A diferencia de tratamientos más agresivos, esta tecnología trabaja sin generar calor excesivo ni causar daño en la piel. Su función consiste en enviar energía lumínica a las células para estimular determinados procesos biológicos.
Los especialistas explican que la luz verde actúa principalmente en las capas más superficiales de la piel, lo que la convierte en una herramienta especialmente interesante para tratar preocupaciones relacionadas con la pigmentación y la apariencia general del cutis. Mientras que la luz roja impulsa la producción de colágeno y los tratamientos antiedad, la luz verde está más relacionada con la corrección del tono y la claridad de la piel.

Aliada contra las manchas
Uno de los beneficios más comentados de la terapia con luz verde es su potencial para mejorar la apariencia de la hiperpigmentación. Las manchas solares, las marcas residuales del acné y ciertas alteraciones del tono cutáneo son algunas de las preocupaciones estéticas más frecuentes. Para combatirlas, la luz verde actúa sobre los melanocitos, las células responsables de producir melanina, ayudando a regular la producción excesiva de pigmento.
Esto no significa que elimine las manchas de forma inmediata ni que sustituya tratamientos dermatológicos más intensivos, pero sí puede convertirse en un complemento interesante para quienes buscan mejorar progresivamente la uniformidad del rostro.
Ideal para pieles sensibles
Otro aspecto importante es su suavidad. Las personas con piel sensible se enfrentan a una difícil tarea cuando buscan tratamientos eficaces que no provoquen irritación. Para ello, la luz verde se presenta como una opción atractiva porque suele ser bien tolerada por la mayoría de los usuarios.
Además, los especialistas señalan que puede ayudar a reducir el enrojecimiento visible y contribuir a una apariencia más calmada del rostro. Por esta razón, algunas personas con rosácea leve o tendencia a la irritación están comenzando a incorporarla dentro de sus rutinas de cuidado facial.

Bienestar integral
Otro de los aspectos más interesantes de la terapia con luz verde es que sus posibles beneficios parecen extenderse más allá del cuidado de la piel. Algunas investigaciones han explorado su relación con la reducción de migrañas y dolores de cabeza crónicos, ya que una exposición constante a este tipo de luz podría ayudar a disminuir tanto la frecuencia como la intensidad de ciertos episodios de dolor.
También existen investigaciones preliminares relacionadas con el manejo del dolor crónico y algunas afecciones como la fibromialgia. Aunque todavía se necesitan estudios más amplios para confirmar estos efectos, el interés científico en torno a esta tecnología continúa creciendo.
¿Es mejor que la luz roja?
La respuesta corta es no. Ambas tecnologías cumplen funciones distintas y, de hecho, pueden complementarse entre sí. La luz roja penetra más profundamente en la piel y cuenta con una sólida evidencia científica relacionada con la producción de colágeno, la reparación celular y la reducción de signos de envejecimiento.
Y, como te hemos contado, la luz verde trabaja más cerca de la superficie y se enfoca principalmente en mejorar la apariencia del tono desigual, la pigmentación y la claridad general del rostro.
Por esta razón, muchos de los dispositivos LED más avanzados actualmente incorporan múltiples colores de luz, permitiendo abordar diferentes necesidades dentro de una misma rutina de cuidado facial.