Los riñones son dos órganos pequeños, del tamaño aproximado de un puño, pero desempeñan una de las funciones más importantes para el organismo. Cada día filtran alrededor de 180 litros de sangre para eliminar productos de desecho, regular el equilibrio de líquidos y minerales, controlar la presión arterial, producir hormonas esenciales y contribuir a la formación de glóbulos rojos. A pesar de su enorme importancia, solemos pensar en ellos únicamente cuando aparece algún problema de salud.

En redes sociales es frecuente encontrar “planes detox” que prometen limpiar los riñones con jugos, tés o suplementos milagrosos. Sin embargo, los especialistas coinciden en que los riñones sanos ya realizan de manera natural la desintoxicación del organismo. No necesitan bebidas especiales ni dietas extremas para cumplir su función. Lo que realmente ayuda a mantenerlos en buen estado son hábitos diarios que reduzcan su carga de trabajo y favorezcan su funcionamiento a largo plazo.

Cuidar los riñones disminuye el riesgo de padecer enfermedad renal crónica y beneficia al corazón, la presión arterial y el bienestar general.

¿Qué hacen exactamente los riñones?

Los riñones funcionan como un sistema de filtración. Además de eliminar sustancias de desecho a través de la orina, regulan los niveles de sodio, potasio, calcio y otros minerales que permiten que músculos, nervios y órganos funcionen correctamente.

También ayudan a mantener el equilibrio de líquidos del cuerpo, participan en la regulación de la presión arterial mediante la producción de renina y fabrican eritropoyetina, una hormona que estimula la formación de glóbulos rojos en la médula ósea.

Cuando los riñones dejan de funcionar adecuadamente, las toxinas comienzan a acumularse en el organismo y aparecen complicaciones que pueden afectar prácticamente todos los sistemas del cuerpo.

Hidratación, la mejor aliada

Uno de los hábitos más importantes para proteger los riñones es mantener una hidratación adecuada. Beber suficiente agua favorece la producción de orina y facilita la eliminación de sustancias de desecho. También puede ayudar a disminuir el riesgo de algunos tipos de cálculos renales, especialmente en personas predispuestas.

La cantidad ideal varía según la edad, el clima, el nivel de actividad física y el estado de salud, pero para la mayoría de los adultos suele recomendarse consumir líquidos de forma constante durante el día, sin esperar a sentir una sed intensa.

El agua es la mejor opción, aunque también cuentan las infusiones sin azúcar y alimentos ricos en agua, como pepino, sandía, melón, naranja o fresas.

Alimentación que los proteja

La salud renal está estrechamente relacionada con la alimentación. Una dieta rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado y grasas saludables contribuye a mantener un peso adecuado y favorece el control de la presión arterial y la glucosa, dos factores fundamentales para prevenir el daño renal.

También conviene moderar el consumo de alimentos ultraprocesados, embutidos, sopas instantáneas, botanas saladas y comidas rápidas, ya que suelen contener grandes cantidades de sodio.

El exceso de sal obliga a los riñones a trabajar más y favorece el desarrollo de hipertensión, uno de los principales factores de riesgo para la enfermedad renal crónica.

Controlar la presión arterial y la diabetes

La hipertensión y la diabetes son las principales causas de daño renal en todo el mundo. Cuando la presión arterial permanece elevada durante años, los pequeños vasos sanguíneos que forman parte de los riñones pueden deteriorarse progresivamente.

Algo similar ocurre con la diabetes mal controlada, donde los niveles elevados de glucosa dañan los delicados filtros renales. Por ello, acudir a revisiones médicas periódicas, seguir el tratamiento indicado y mantener hábitos saludables resulta fundamental para proteger estos órganos.

Cuidar el abuso de medicamentos

Un hábito común que también puede afectar la salud de los riñones es la automedicación. El uso frecuente y prolongado de algunos analgésicos antiinflamatorios, como el ibuprofeno o el naproxeno, puede aumentar el riesgo de daño renal, especialmente en personas mayores, con hipertensión, diabetes o enfermedades renales previas.

Lo mismo ocurre con ciertos suplementos herbales o productos “detox” cuya composición no siempre está bien regulada. Antes de consumir cualquier suplemento de forma habitual, es recomendable consultar con un profesional de la salud.

Mantenerse activo 

La actividad física regular beneficia a todo nuestro cuerpo. Caminar, nadar, andar en bicicleta, bailar o realizar entrenamiento de fuerza ayuda a controlar el peso corporal, mejora la circulación, favorece la sensibilidad a la insulina y contribuye a mantener una presión arterial saludable.

Los especialistas recomiendan acumular al menos 150 minutos de actividad física moderada a la semana, adaptándola siempre a las posibilidades de cada persona.

Alimentos que son aliados

No existe un alimento milagroso que “limpie” los riñones, pero sí hay ingredientes que forman parte de una alimentación beneficiosa para la función renal. Las frutas como los arándanos, las manzanas, las uvas y los frutos rojos aportan antioxidantes. Verduras como el pepino, la coliflor, el pimiento y la lechuga ayudan a incrementar el consumo de agua y fibra. El aceite de oliva extra virgen, el pescado rico en omega-3, las nueces en cantidades moderadas y las legumbres también forman parte de un patrón alimenticio protector.

Al mismo tiempo, conviene moderar el consumo excesivo de bebidas azucaradas, alcohol y alimentos con alto contenido de sodio, especialmente si existen factores de riesgo para desarrollar enfermedad renal.