Cada vez que nos referimos a un drenaje linfático, probablemente lo primero que viene a la mente es un masaje realizado con movimientos suaves y repetitivos. Sin embargo, el masaje no es la única manera de favorecer el movimiento del sistema linfático. Caminar, respirar profundamente, nadar o incluso utilizar determinados sistemas de compresión son algunas de las alternativas que funcionan para este drenaje.

La razón tiene que ver con la propia naturaleza del sistema linfático. A diferencia del sistema circulatorio, que cuenta con el corazón como una bomba que impulsa la sangre, el sistema linfático no tiene un órgano equivalente. Para mantener el líquido linfático en movimiento depende, entre otros factores, de las contracciones musculares, la respiración y el movimiento corporal.

¿Qué hace exactamente el sistema linfático?

El sistema linfático es una extensa red que participa en el equilibrio de líquidos del organismo, ayuda a transportar determinadas grasas desde el sistema digestivo y forma parte fundamental del sistema inmunitario. También contribuye al desplazamiento del exceso de líquido y de productos de desecho metabólico fuera de los tejidos.

Por eso, el drenaje linfático no tiene una sola técnica estética destinada a conseguir un abdomen más plano o unas piernas visualmente más delgadas. El funcionamiento adecuado de este sistema tiene una función fisiológica mucho más amplia. En personas con linfedema, por ejemplo, las técnicas de drenaje pueden formar parte de un tratamiento médico que también incluye compresión, ejercicio y cuidado de la piel.

masaje linfático
El masaje linfático es la forma más conocida de activar este sistema de nuestro cuerpo. Foto: Getty Images.

Caminar, el método más sencillo

Uno de los métodos menos complicados y, al mismo tiempo, más accesibles para favorecer el movimiento linfático es caminar. En redes sociales se difunde sobre el llamado lymphatic walking, que tiene también movimientos exagerados de brazos, respiraciones coordinadas y una marcha más marcada.

Sin embargo, no es necesario convertir una caminata en algo tan exagerado. Basta con caminar de manera enérgica y natural, y acompañando el movimiento con los brazos, puede ser suficiente para activar las contracciones musculares de los pies, las pantorrillas y las piernas que ayudan al desplazamiento de la linfa.

Incluso si pasas muchas horas sentada puedes añadir pequeños movimientos durante el día. Levantar los talones, mover los tobillos o simplemente levantarse periódicamente del escritorio y caminar unos minutos son alternativas sencillas para evitar permanecer inmóviles durante demasiado tiempo.

Respirar profundamente 

La respiración diafragmática es quizá uno de los métodos menos conocidos y más fáciles de incorporar. El diafragma se encuentra cerca de las principales vías linfáticas centrales y su movimiento modifica la presión dentro del tórax y el abdomen.

Al inhalar profundamente, el diafragma desciende y el abdomen y las costillas inferiores se expanden. Al exhalar, vuelve a elevarse. Estos cambios de presión favorecen el movimiento de los fluidos a través del tronco.

Una manera sencilla de comenzar consiste en inhalar lentamente por la nariz, permitiendo que se expanda el abdomen, y realizar después una exhalación más prolongada y sin esfuerzo. Practicar varias respiraciones de este tipo antes de caminar o hacer ejercicio es, sin duda, un pequeño ritual de bienestar.

Rebounding

Una de las alternativas más llamativas es el rebounding, que consiste en realizar movimientos o pequeños saltos sobre un trampolín pequeño. En los últimos años esta actividad ha pasado de ser una curiosidad de los gimnasios a convertirse en una tendencia fácil de realizar.

La explicación está en las contracciones repetidas de los músculos de las piernas. Cada salto genera un ciclo de contracción y relajación que contribuye al movimiento de los fluidos. Algunos especialistas consideran que existe una base fisiológica razonable para pensar que esta actividad estimula el flujo linfático, aunque la investigación específica todavía es limitada.

No es necesario comenzar con saltos intensos; con movimientos suaves, elevaciones de talones y ejercicios de bajo impacto es suficiente.

Compresión

La compresión es otro método que favorece el desplazamiento de líquidos. Los calcetines, mangas y prendas de compresión ejercen una presión externa graduada que ayuda a evitar que el líquido se acumule en las extremidades y favorece su desplazamiento hacia el tronco.

También existen botas de compresión neumática, utilizadas en determinados centros de bienestar y recuperación, que se inflan y desinflan de manera secuencial alrededor de las piernas creando una sensación de presión progresiva. Pueden resultar agradables después de un viaje largo o de una sesión intensa de ejercicio.

Nadar

La natación reúne varios elementos que favorecen la circulación linfática. Mientras nadamos, los músculos de prácticamente todo el cuerpo se contraen de manera repetida, la respiración se vuelve más profunda y el agua ejerce una presión uniforme sobre el cuerpo.

Esta combinación hace que la natación sea muy exitosa desde el punto de vista fisiológico. El agua funciona como una especie de compresión suave mientras el movimiento muscular contribuye a desplazar los líquidos. Estudios realizados principalmente en personas con linfedema han encontrado posibles beneficios sobre síntomas, movilidad y calidad de vida, aunque la evidencia todavía no permite considerar la natación como un tratamiento por sí sola.

Además, es una actividad de bajo impacto que, independientemente de su contribución al sistema linfático, ayuda a cuidar el cuerpo sin someter las articulaciones a una carga excesiva.

mujer nadando nadar
La natación, además de ser un deporte completo, activa de manera natural al sistema linfático. Foto: Getty Images.

Plataformas vibratorias 

Las plataformas de vibración de cuerpo completo producen contracciones musculares rápidas e involuntarias mientras la persona permanece de pie sobre ellas. Cada vez más gimnasios y centros de recuperación las tienen, y ahora también se habla de ellas como una posible herramienta para favorecer la circulación de fluidos.

Algunos estudios pequeños han encontrado aumentos en el flujo sanguíneo periférico y existen investigaciones que han observado efectos sobre el movimiento de líquidos en las piernas..

Movimiento 

Como verás, al final todo se resume en una sola cosa: el movimiento. El propio cuerpo cuenta con mecanismos naturales para ayudar a mantener el flujo linfático y muchos de ellos dependen de algo tan sencillo como movernos.

Caminar con regularidad, respirar profundamente, nadar, hacer ejercicios adecuados y evitar largos periodos de inmovilidad pueden integrarse fácilmente en la vida diaria. En este sentido, el bienestar linfático puede ser menos complicado de lo que parece.