Moda
Un archivo lleno de grandes creaciones como una carta de amor abierta a la cultura italiana a través del sueño de la Alta Costura explorando su enfoque poco convencional del mundo del lujo: elegante, sensual y único; pero a la vez divertida, irreverente y revolucionaria.
La belleza viene desde su geografía: una bota perfectamente definida que se observa desde el cielo. Es en ella donde arte, técnica e imaginación se ligan directamente con la pasión y la visión de dos diseñadores que aman entrañablemente su país y lo transmiten a través de cada aspecto y detalle de su marca. El año pasado, Domenico y Stefano quienes nos invitaron a un recorrido por la península italiana de la mano de la Alta Moda, la Alta Sastrería y la Alta Joyería. Un homenaje al fatto a mano, a la maestría de artesanos, a la casa de Dolce & Gabbana.
Después de exhibirse en el Palazzo Reale en 2024, ahora estará en el Grand Palais de París del 10 de enero al 31 de marzo de este año, en donde podrás disfrutar de las creaciones únicas, por primera vez exhibidas, que componen la Alta Moda de la firma italiana. Esta es una carta de amor abierta a la cultura italiana a partir del imaginario de Domenico Dolce y Stefano Gabbana que va directo del corazón a su realización a través de las manos.
En la expo que visitamos en 2024 en el Palazzo Reale, entramos a cada sala que celebraba el glamour italiano, su lujo poco convencional que es uno elegante, sensual, único y al mismo tiempo irreverente y subversivo. La exhibición fue curada por los diseñadores y por Florence Müller, producida por IMG.
Arte, arquitectura, artesanía, ballet, ciudades y sus topografías regionales, música, ópera, cine, tradiciones populares, teatro y por supuesto, no pudo faltar “la dolce vita”.
Los ejes principales de la exhibición fueron: el primero las fuentes de inspiración de los dos diseñadores quienes gritan su pasión por la cultura italiana y la otra su devoción por las tradiciones artesanales las que reinterpretan desde una visión más contemporánea.
Instalaciones inmersivas reinterpretaban la esencia de Dolce&Gabbana, artistas como Felice Limosani, Obvious Art, Alberto Maria Colombo, Quayola, Vittorio Banapce y Catelloo nos sumergieron en la narrativa digital del s.XXI con diferentes piezas muy al estilo Dolce.
10 salones esperaron tres años para poder ser presentados, armados y terminados. Este proyecto estaba pensado para inaugurarse antes de pandemia. Pero la paciencia valió la pena. Piezas que cobraban vida a través de sonidos, pinturas, contextos y hasta un taller en vivo con los expertos de la casa, quienes en silencio, se presentaron para ser observados mientras creaban verdaderas joyas. Cada salón te sumergía en un universo diferente, mágico, sensual que no solamente te llevaba por los valores y excelencia de la marca, sino a viajar por la Bella Italia.
El primer salón fue Il Fatto a Mano, literalmente sentías que al verlo, se te salía el corazón. El impacto fue total e inesperado: óleos en marcos dorados, grandes y pequeños, con los diseñadores, con la artista, los objetos, retratos, todos pintados especialmente para la ocasión por la artista neoyorquina Anh Duong donde ella misma se retrata con algunas de las prendas únicas de la Alta Moda, pintando una obra para cada edición, para cada show. Las obras tapizaban las paredes que contenían las prendas seleccionadas por su riqueza artesanal o por la particularidad de sus materiales. Un diálogo entre ambas obras: las que se pueden vestir y las que se contemplan.
Pesadas cortinas de terciopelo dividían cada habitación y marcaban la entrada a un espacio absolutamente diferente, el segundo dedicado al cristal. La maestría de los venecianos en la conquista del arte de la fundición del cristal se expuso en un salón lleno de espejos y enormes candelabros con distintos acabados. Murano y sus expertos Barbini y Barovier & Toso, son quienes dan pie a la conversación interviniendo piezas con cristales bordados, una representación de la preciosa Alta Gioielleria. Zapatos y vestidos con flores de cristal, pueden verse a centímetros de distancia, casi puedes tocarlos, paradójicamente dado el armado del salón, sin un cristal de por medio.
Il Gattopardo (1963) no hay forma de olvidar las imágenes de este film de Luchino Visconti. En esta sala se representaba el baile de salón que en la película fue grabado en el Palazzo Gangi en Palermo, la búsqueda constante de la belleza transfigura la realidad.
El mundo del Príncipe de Salina que se narra en la novela de Tomasi di Lampedusa (1958) contrastaba la aristocracia con el pueblo, los vestidos espectaculares se acompañan de caballeros con sombrero de copa y piezas de alta joyería, entre muebles hermosos restaurados de distintas épocas.
Devotion, un amor que rebasa cualquier límite en tiempo y espacio, eternidad pura. Lo bello y bien hecho lo rige el corazón sacro: Alta Moda y Alta Gioielleria se muestran en un espacio negro y dorado, opulencia absoluta, el barroco siciliano se dispone en el centro de la habitación sobre un taburete de terciopelo rojo, una Dolce Box Devotion también en rojo intenso, como su eterna devoción.
Sastrería, ornamentos y volumen. Emulando el espacio de trabajo del taller donde todas las ideas, sueños y locuras se cosen, arman, trazan y cortan para convertirse en realidades. Las gemas más espectaculares y los textiles más refinados fueron manipulados por expertos, y en esta sala tuvimos el privilegio de observar en vivo el proceso, el misterio, los secretos.
Prendas con arquitectura y pintura. Se trataba de una simbiosis entre sastrería y diseño, agregaría estructura. Construir una prenda es como construir un edificio, el trabajo de un arquitecto comienza con bocetos que ilustran la dirección del proyecto, sus volúmenes; se continua con la decoración, la elección de materiales, colores, patrones. Una instalación con video mapping del Palazzo Farnese en Roma, nubes, noche, día, resaltaban las piezas que se muestran en el centro del salón e incluyen zapatos y bolsas.
Tradiciones sicilianas. Las artes decorativas son una herencia de Sicilia, en esta habitación todo era decorado a mano, el piso era de coloridos azulejos, incluso hay refrigeradores, al centro una carreta y cuatro vestidos de Alta Moda eran capaces de transformar este símbolo popular y su particular diseño en arte que puedes usar.

Blanco Barroco. Por si no lo sabías, el barroco puede ser blanco absoluto y es igual de impactante. Querubines, columnas, dan la tercera dimensión al escenario de esta habitación. Giacomo Serpotta, escultor siciliano, lleva el arte del stucco a otro nivel: el de una sofisticación que enmarca flores, patrones arabescos, todo en blanco. Una selección de la colección Stucchi de Alta Moda crea una sinfonía visual sin precedentes. El vestido central con querubines hechos de tela al igual que las flores fue uno de los que se presentó en Siracusa en 2022 cuando los diseñadores celebraron el décimo aniversario de su Alta Moda.
El siguiente salón te llevaba a la antigua Grecia, donde la Alta Moda se presentó en el Valle dei Tempi in Agrigento, vestidos similares a las togas enmarcados en una instalación que representaba el Templo de la Concordia. Del otro lado del salón, se podían ver creaciones de Alta Sartoria con bordados complejísimos que retrataban el arte bizantino de las basílicas y que adoran lo divino. Son los sueños de las diosas, mitos, poder y belleza.
La ópera. Es una de las cosas que ambos diseñadores aman y se inspiraron en obras maestras para crear un espejo de ellas, en una prenda. El teatro italiano albergaba creaciones de Alta Moda y Alta Sartoria con el tema, enalteciendo la gran tradición de la ópera que como la moda “…empieza en el corazón y se mueve hasta las manos…” afirman Domenico Dolce y Stefano Gabbana.
La exhibición fue una invitación no solamente a recorrer la belleza de Italia, su cultura, sus tradiciones, su folclor y su maestría artesanal, a través de prendas, joyas, muebles, música, cine, instalaciones, ambientes, sino a sumergirse en el ADN de una de las casas de moda más prestigiadas y reconocidas a nivel mundial, la de Dolce&Gabbana.









