¿Te has fijado que prácticamente todo el cuidado de la piel se enfoca en el rostro? Invertimos en sérums, cremas, mascarillas y tratamientos para prevenir los signos del envejecimiento, pero es muy común olvidarnos que la piel del resto del cuerpo también necesita atención. 

Brazos, piernas, manos, codos y pies están expuestos diariamente al sol, la contaminación, los cambios de temperatura y la fricción de la ropa, factores que pueden provocar resequedad, aspereza y pérdida de elasticidad.

Mantener la piel del cuerpo suave e hidratada depende de aplicar crema de vez en cuando, pero también de crear una rutina constante que combine buenos hábitos de higiene, hidratación, alimentación y protección frente a las agresiones externas. 

Estos son algunos de los mejores secretos que recomiendan los dermatólogos:

Hidratación desde adentro

Por más eficaz que sea una crema corporal, ningún producto puede sustituir una buena hidratación interna. El agua participa en prácticamente todas las funciones del organismo, incluida la capacidad de la piel para conservar su elasticidad y mantener una barrera cutánea saludable. Cuando el cuerpo está deshidratado, la piel suele lucir apagada, sentirse tirante y perder parte de su suavidad natural.

Beber suficiente agua a lo largo del día, además de consumir frutas y verduras con un alto contenido de agua, ayuda a mantener una hidratación adecuada. Sandía, pepino, melón, fresas, naranja y apio son algunos alimentos que también contribuyen a este objetivo.

Que el agua al bañarse no sea demasiado caliente

Después de un día largo, pocas cosas resultan tan relajantes como un baño caliente. Sin embargo, el agua a temperaturas muy elevadas puede eliminar parte de los aceites naturales que protegen la piel.

Cuando esto ocurre de forma frecuente, la barrera cutánea se debilita y la piel pierde humedad con mayor facilidad, favoreciendo la aparición de resequedad, descamación y sensibilidad. Lo ideal es optar por duchas con agua tibia y limitar su duración a unos cuantos minutos. Así se conserva mejor la hidratación natural sin renunciar a la sensación de limpieza.

Aplicar la crema en el momento correcto

No debemos esperar demasiado tiempo después del baño para aplicar la crema corporal. Los especialistas recomiendan hacerlo cuando la piel todavía está ligeramente húmeda. En ese momento, la crema ayuda a sellar el agua que permanece sobre la superficie y favorece una hidratación más duradera.

Las fórmulas que contienen ingredientes como ácido hialurónico, glicerina, ceramidas, manteca de karité, escualano o avena coloidal suelen ser excelentes opciones para mantener la piel flexible y protegida. Sin embargo, la constancia es mucho más importante que utilizar grandes cantidades de producto de manera ocasional.

Exfoliar con moderación

La exfoliación elimina las células muertas que se acumulan en la superficie de la piel y ayuda a que las cremas hidratantes penetren mejor. Además, favorece una textura más uniforme y una apariencia más luminosa.

No obstante, exfoliar en exceso puede irritar la piel y alterar su barrera protectora. En la mayoría de los casos, una o dos veces por semana es suficiente, dependiendo del tipo de piel y del producto utilizado.

Los exfoliantes químicos suaves con ácidos láctico o glicólico también pueden ser una buena alternativa para quienes buscan una piel más lisa sin necesidad de realizar una fricción intensa.

Zonas que suelen pasar desapercibidas

Es fácil concentrarse únicamente en brazos y piernas, pero existen áreas que requieren un cuidado especial. Codos, rodillas, tobillos y talones suelen acumular mayor cantidad de células muertas debido a la fricción constante. Estas zonas pueden beneficiarse de cremas más densas y nutritivas, especialmente durante la noche.

Las manos también merecen atención diaria. El lavado frecuente y el uso de gel antibacterial pueden resecar considerablemente la piel, por lo que aplicar crema después de cada lavado ayuda a conservarlas suaves y protegidas.

La alimentación influye

Lo que comemos tiene un impacto directo en la salud de la piel. Una dieta rica en grasas saludables provenientes del aguacate, las nueces, las almendras, las semillas y los pescados ricos en omega-3 favorece la función de la barrera cutánea y ayuda a mantener una piel más flexible.

Las vitaminas A, C y E, presentes en frutas y verduras de colores intensos, también participan en la producción de colágeno y en la protección frente al daño causado por los radicales libres. En cambio, una alimentación basada principalmente en productos ultraprocesados y con exceso de azúcar puede favorecer procesos inflamatorios que afectan la calidad de la piel.

Protector solar 

Muchas personas aplican protector solar únicamente en el rostro y olvidan el resto del cuerpo. Sin embargo, brazos, piernas, cuello, escote y manos también reciben radiación ultravioleta durante las actividades cotidianas, incluso cuando no se está en la playa.

La exposición solar acumulada acelera la pérdida de colágeno, favorece la aparición de manchas y contribuye a la resequedad. Utilizar protector solar diariamente en las zonas expuestas es una de las medidas más efectivas para conservar una piel sana y uniforme a largo plazo.

Aceites corporales

Los aceites corporales son muy buenos para la piel porque brindan suavidad y luminosidad. Cuando se aplican sobre la piel ligeramente húmeda ayudan a sellar la hidratación y dejan una sensación sedosa sin necesidad de utilizar grandes cantidades de producto.

Aceites como el de jojoba, almendra dulce, argán o coco pueden ser excelentes aliados, siempre que se adapten a las necesidades de cada tipo de piel. Muchas personas prefieren combinar una crema hidratante con unas gotas de aceite corporal para potenciar el efecto nutritivo durante los meses más fríos.