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De una hacienda yucateca del siglo XVII a una residencia brutalista en Mérida, la colaboración entre Fora y Casita reúne diez propiedades para explorar México desde el diseño, la historia y las formas de habitar cada región.
Viajar por México también puede significar descubrir cómo se construye su identidad. Además de los destinos turísticos, sus paisajes y ciudades guardan historias en los materiales de sus edificios, los patios de sus casas y las técnicas que han pasado de una generación a otra. Con esta idea, Fora y Casita presentan una selección de diez propiedades para conocer el país a través de su arquitectura y de la cultura que existe alrededor de ella.
La colaboración, que se desarrollará durante cinco meses a partir de septiembre, reúne casas que permiten acercarse a distintos territorios desde una perspectiva vinculada con el diseño, el patrimonio y la vida local. Todo gira en torno a una premisa: el lugar donde nos hospedamos también puede ser una forma de conocer un destino, desde sus tradiciones constructivas hasta su relación con el paisaje.
Casa Soskil
En Mérida, Casa Soskil ofrece una aproximación contemporánea a la arquitectura mexicana. Diseñada por el arquitecto Ludwig Godefroy, la residencia utiliza el concreto en bruto como elemento central y lo integra con la vegetación tropical de su entorno, entregando un espacio natural lleno de lo mejor de la arquitectura.
La distribución gira alrededor de un patio central ajardinado, que conecta las distintas áreas de la casa y permite que la luz y el paisaje formen parte de los interiores. Sus tres dormitorios se elevan entre los árboles, mientras que una terraza soleada y una piscina completan la propiedad. Aquí, la experiencia arquitectónica está ligada tanto a la materialidad del concreto como a la manera en que la casa se abre hacia el exterior.

Hacienda Subín
A unos 40 minutos de Mérida, Hacienda Subín se acerca a otra etapa de la historia regional. La propiedad, vinculada con la industria del henequén desde el siglo XVII, fue restaurada para conservar parte de su historia e incorporar elementos de diseño contemporáneo.
Arcos de inspiración morisca, pisos de roca volcánica dispuestos en espiga e interiores diseñados por Laura Kirar definen los espacios de la hacienda. Rodeada de árboles centenarios y jardines, cuenta con seis suites privadas o para grupos que deseen un retiro en paz.
Su restauración plantea una cuestión relevante para la arquitectura patrimonial: cómo dar un nuevo uso a una construcción histórica sin borrar las huellas de su pasado.

El diseño como invitación a viajar
Casa Soskil y Hacienda Subín representan dos aproximaciones distintas al territorio yucateco. Una explora el lenguaje de la arquitectura contemporánea y la otra recupera una construcción vinculada a la historia económica y cultural de la región. Ambas muestran cómo los espacios pueden ofrecer información sobre el lugar en el que se encuentran.
“El turismo cultural nos permite ir más allá de los sitios emblemáticos para entender qué hace único a un destino: sus formas de habitar, sus materiales, su gastronomía, sus oficios y las historias de las personas que lo construyen día a día. En México, donde cada región tiene una identidad tan particular, la arquitectura puede convertirse en una puerta de entrada privilegiada a esa cultura. Con esta colaboración buscamos que los viajeros no solo conozcan una casa extraordinaria, sino que, al habitarla, puedan descubrir el contexto, las tradiciones y las comunidades que existen alrededor de ella”, explica Sofía Minvielle, Head of International de Fora.
Porque conocer un destino también implica observar cómo se construye, cómo se transforma y cómo viven las personas que lo habitan. A veces, una casa es suficiente para empezar a descubrir todo lo que existe detrás de un lugar.