El de hoy, segunda jornada de la Semana de la Moda de Milán, era uno de los desfiles más esperados desde que se supiera que Maria Grazia Chiuri se convertía en la nueva Directora Creativa de FENDI. Estaba claro con este nombramiento que una nueva era llegaba a la casa italiana y así ha sido.

«Menos yo, más nosotros». El lema elegido por Maria Grazia Chiuri para esta, su primera colección para FENDI. Un lema que resume la forma en que ella ejerce su trabajo y que también puede decirse que caracteriza la coherencia creativa de las cinco hermanas Fendi y la historia de la marca. Una historia que es emblemática de la forma de hacer las cosas tanto italiana como femenina, y que necesita ser recordada y revivida en la Casa.

Una declaración de intenciones que es más necesaria que nunca hoy en día para reafirmar la complejidad del sistema de la moda: los valores del trabajo conjunto, de las intenciones y deseos compartidos, la importancia de comprender y aceptar a los demás, del mundo que nos rodea. Una multiplicidad que no niega la individualidad y la singularidad, sino que es el proceso indispensable por el cual las visiones se convierten en logros.

Femenino y masculino dejan de ser categorías de oposición y se convierten en adjetivos utilizados para describir cualidades compartidas.

Entonces existe un elemento fundamental: el regreso al deseo y a los cuerpos. En un momento en el que cada vez se presta menos atención a los impulse más terrenales y originales de esos cuerpos. Así el armario se sitúa al servicio de los deseos del cuerpo, no para controlarlos sino para adaptarlos, aceptarlos, hacerlos visibles. Tangibles.

La colección es el mapa de una geografía personal, en la que la ropa son encuentros, momentos, intereses, intercambios. Son testimonios de una vida vivida— un nomadismo—en y a través de la moda. Muchos colaboradores han participado en la formación de esta visión: desde mujeres artistas como Mirella Bentivoglio y SAGG Napoli, en una comparación entre diferentes generaciones, al mismo armario, reconsiderado como un espacio de relación y sedimentación cultural.

El hombre y la mujer desfilan juntos por la pasarela para superar la distinción entre el armario masculino y el femenino. Volver a pensar en la ropa como cuestiones de la existencia diaria. Vestidos pensados para acompañar nuestras vidas, nuestras emociones, nuestro deseo. En una visión personal de la moda y de sí mismo.

«Menos yo, más nosotros», el lema elegido por Maria Grazia Chiuri para esta colección  que resume la forma en que ella ejerce su trabajo

Regeneración sartorial, cuidado del material, durabilidad emocional.

Desde el punto de vista técnico, remodelar una prenda de piel significa confiar en las manos expertas de un sastre para que descosa cada piel individual, estudie su forma y reensamble los volúmenes, siguiendo una inspiración creativa que transforme una prenda pasada de moda, olvidada en un armario, en una prenda con los volúmenes y la estética que responden a los cánones contemporáneos.

En la era de la moda instantánea, donde el ciclo vital de una prenda se termina en una única temporada, reformar va más allá de una pura técnica sartorial; significa mucho más. Nos reconecta con una visión pragmática de los objetos, con prácticas de respeto y cuidado por los materiales, con la valorización de nuestras prendas como «archivos del recuerdo.»

Cada prenda que decidimos no abandonar conlleva una estratificación de recuerdos: quién nos la regaló, de quién la heredamos, el recuerdo de «aquel evento,» la prenda que acompañó nuestra identidad con el paso del tiempo, pero que debemos readaptar a nuestras nuevas sensibilidades. Elegir readaptar es un acto de lealtad, ante todo, a nuestra propia historia.

La extensión de la vida de una prenda y su mayor durabilidad transcienden la esfera del valor y la sensibilidad individual, e influencian la dimensión colectiva de la conservación de los recursos naturales, como uno de los principios rectores de la economía circular aplicada, la cual reduce la presión sobre los recursos naturales y maximiza el valor de uso de los materiales ya «extraídos» de la naturaleza e incorporados en los productos.

La estrecha relación entre las esferas individual y colectiva en la promoción de una mayor durabilidad del producto, incluyendo los artículos de moda, es reconocida por fin entre estudiosos y legisladores implicados en modelos de negocio de economía circular. La esfera individual, la «durabilidad emocional » o el «diseño emocionalmente duradero «—es decir, la capacidad de un producto de mantener un significado profundo para su usuario con el paso del tiempo— se considera tan, si no más, importante que su durabilidad técnica —la resistencia física y estructural de los materiales que conforman el producto.

Remodelar no es, por tanto, un simple expediente de recuperación, si no también un acto de Resistencia creativa y radical a la estandarización y el sobreconsumo, características distintivas de la moda instantánea y en serie que reestablece una conexión profunda con el material y la memoria de la historia vivida de nuestras prendas y redescubre el valor intrínseco de la durabilidad.

A nivel técnico, por otro lado, necesita un compromiso y unas habilidades artesanales superiores a las que se necesitan en la fabricación de una nueva prenda. La habilidad para comprender la estructura original de los componentes, para identificar su potencial inexpresado de renovación, para separar y volver a ensamblarlos correctamente es un requisito indispensable de esta práctica. Estas habilidades deben interactuar con habilidades creativas y una interpretación del espíritu de los tiempos—y, en definitiva, con la comprensión de los deseos de la persona que llevará la prenda remodelada.

Esta estratificación de habilidades técnicas, competencias creativas y significados lleva, de manera inevitable, a un resultado final con características únicas que recuerdan los principios de la Alta Costura. En un mercado saturado de productos en serie, la prenda readaptada se coloca en las antípodas de la estandardización.