Instagram seguramente sea la red social más mojigata del panorama actual (en 2016 aún tiene problemas con los pezones femeninos) pero, paradójicamente, ha hecho más por la lencería que cualquier póster de Adriana Karembeu.

Concretamente por la ‘lencería nicho’ (si no existe ese término, lo creamos), por la difusión y viralización de pequeñas firmas ajenas a los moldes de Victoria’s Secret y compañía. Porque si algo tienen en común las nuevas marcas que triunfan en la red es, precisamente, presentarse como el antítesis de los inmaculados ángeles.

Nada de cuerpos impolutos ni de pechos esféricos: la ropa interior en las redes sociales se presenta sobre anatomías imperfectas que huyen de cualquier retoque… con permiso de un buen filtro, claro.

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Primero en bodegones y después asomando bajo capas de lana o algodón: los encajes lenceros ya no se esconden.

El pijama, las babuchas y el camisón han saltado de la alcoba a la calle y la lencería no se podía quedar atrás. Impulsados por la ola del like, nuestros encajes empezaron a asomarse a la ventana de Instagram en tímidos bodegones en los que se combinaban sobre jerseys de cashmere, vaqueros y camisetas de algodón. Todo bajo un filtro de luz que nos trasladaba a Malmö, por lo menos. Las prendas que hasta entonces se habían escondido a la sombra del pudor, encontraban así un escaparate en el que lucirse. ¡Y de qué manera!

Transparencias, brocados y sedas siguieron cogiendo confianza, y de Instagram saltaron a enseñar unas puntadas tras los botones superiores de las camisas, que empezaron a desabrocharse sin vergüenza.

Ya no es extraño que un sujetador (de triángulo, por favor) haga su aparición tras los últimos botones de una camisa. © Mondadori Photo
Ya no es extraño que un sujetador (de triángulo, por favor) haga su aparición tras los últimos botones de una camisa. © Mondadori Photo

En esta nueva ola de exhibicionismo, el sujetador –prenda controvertida donde las haya- ha sido el encargado de tomar la delantera: “Es, quizá, la prenda más escabrosa de la anatomía femenina”, decía de él Caitlin Moran en Cómo ser mujer. Porque cuando publicó su libro, en 2011, todavía no se había impuesto la revolución que ha acabado con el relleno, el aro y el push up en pos de prendas más suaves y cómodas. Aliadas, y no dictadoras, de nuestra anatomía.

Del cajón a Instagram, y de ahí a las pasarelas. En la imagen, una de las propuestas de Alberta Ferretti para la próxima primavera. © Mondadori Photo
Del cajón a Instagram, y de ahí a las pasarelas. En la imagen, una de las propuestas de Alberta Ferretti para la próxima primavera. © Mondadori Photo

Así, impulsadas por las nuevas posibilidades, han surgido infinidad de firmas lenceras que se han hecho viral en cuestión de meses. Demasiado bonitas para permanecer escondidas bajo capas de ropa. Aquí algunas, solo algunas, de nuestras favoritas:

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