Janelle Monáe es lo más. Que eso vaya por delante. Y al igual que en solo un par de meses ha pasado de cantante de r&b a estrella de cine; también ha dado el salto de debutante en la alfombra roja de los Oscar a partir el bacalao. Llegaba a la ceremonia sin nominación, pero dispuesta a disfrutar de su primera noche en el Dolby Theatre como si le fuera la vida en ello: presentaba el premio a Mejor documental, y también podía presumir de haber participado en dos de las cintas favoritas de la noche, Moonlight y Figuras Ocultas.

Para la ocasión escogía un aparatoso vestido de Elie Saab, cargado de tul, bordados y transparencias, uno de esos modelos que solo pueden funcionar en una noche como la de los Oscar. «Literalmente cuando la vi con él puesto me puse a llorar», contaba su estilista Maeve Reilly, que explicaba a WWD cómo tenían elegido el traje desde el pasado mes de diciembre. ¿Para completar? Una diadema que se encajaba a la perfección en su corte pixie y toda la gracia de la noche.

Llegó y posó. Por delante y, por supuesto, por detrás:

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Y bailó, y jugó e hizo las delicias de los fotógrafos:

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Y lo dio todo:

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Y siguió posando… hasta cuando llegaba la siguiente invitada:

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Y nos enseñó su manicura:

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Y también en primer plano:

Y allí mismo se retocó:

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Y siguió a tope según entraba en el teatro:

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Y siguió a tope, disfrutando como nadie, también cuando entró al patio de butacas:

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¡Brava!

Todos los Oscar (con Grazia):

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