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Muchas veces empezamos el día intentando hacerlo bien: desayunar saludable, tomar café para activarnos, empezar con energía. Sin embargo, cada vez más personas que cuidan su alimentación y sus hábitos siguen sintiendo que algo no termina de encajar: energía irregular, hambre a deshoras, dificultad para concentrarse.
En esa búsqueda de respuestas, el foco suele ponerse en qué hacemos. Pero, ¿y si la clave no estuviera tanto en los hábitos en sí, sino en el orden en el que los incorporamos?
Klau Gago, especialista en nutrición consciente y PNIE y fundadora de klauinstinto, plantea una idea diferente: el cuerpo no necesita que lo activemos, porque ya sabe hacerlo por sí solo. “Al despertarnos, el cuerpo ya tiene su propio mecanismo para activarse. Hay un pico natural de cortisol que nos pone en marcha”, explica. “El problema es que muchas veces lo interrumpimos desde el minuto uno”.
Más que añadir nuevas rutinas, su enfoque pasa por algo más simple: dejar de interferir en ese proceso. Porque cuando el cuerpo puede seguir su propio ritmo, la energía, el hambre y la claridad mental tienden a regularse de forma mucho más estable.
El error no es el café, es el momento en el que lo tomas
Al despertarnos, el cuerpo ya está en marcha. “Hay un pico natural de cortisol que nos pone en funcionamiento”, explica Klau. “Si lo primero que haces es tomar café o azúcar, estás interfiriendo con ese proceso y entrenando al cuerpo para depender de un estímulo externo desde el minuto uno”.
Ese gesto, que suele formar parte de la rutina sin pensarlo demasiado, cambia la forma en la que el cuerpo empieza a gestionar la energía. No tanto por el café o el azúcar en sí, sino por el momento en el que entran en juego.
Cuando ese primer impulso natural se sustituye por una activación externa, la energía deja de ser tan estable. Puede haber una sensación inicial de activación, pero a lo largo del día es más fácil entrar en dinámicas de picos y bajones o notar más hambre de lo habitual. “El orden marca cómo responde tu cuerpo durante todo el día. Si nada más levantarte introduces café o algo dulce, estás forzando una activación artificial sobre un sistema que ya viene activado de forma natural”, añade Klau.
Así organiza su mañana una nutricionista
Pero entonces, ¿cómo se traduce todo esto en el día a día? En el caso de Klau, su rutina de mañana no parte de añadir cosas sin más, sino de cómo se colocan dentro del día. No empieza sumando estímulos, sino evitando interferencias. La primera hora del día evita el móvil. No es solo una cuestión de desconexión, sino de atención. Empezar el día mirando una pantalla implica entrar en el ritmo de otros —mensajes, redes, información— antes de haber establecido el propio, lo que eleva el nivel de activación desde el inicio y condiciona el resto de la jornada.

A partir de ahí, introduce pequeños gestos que no fuerzan. Empieza por la higiene bucal —oil pulling con aceite de coco, raspador de lengua y cepillado— como una forma muy eficaz de empezar el día con la boca limpia y no arrastrar lo que se acumula durante la noche.
Después, una infusión caliente, normalmente de jengibre natural, que activa la digestión de forma suave. Y sobre esa base va sumando otras prácticas: unos minutos de meditación, algo de movimiento ligero, escribir los objetivos del día con luz natural o hacer la cama.
La ducha fría aparece como uno de los puntos clave. No como una rutina extrema, sino como una forma de activar el cuerpo sin generar picos bruscos. En su caso, incluso más que el café.
El café llega después, cuando el cuerpo ya está despierto por sí solo. “Cuando retrasas el café una o dos horas, permites que el cuerpo se active de forma natural. Eso suele traducirse en una energía más estable y mejor concentración”, explica.
El desayuno tampoco responde a una norma fija. Se adapta al hambre real y al estado del cuerpo en ese momento. Si hay hambre, prioriza proteína y grasa para mantener la energía estable; si no, no fuerza.
En cuanto al entrenamiento, no hay una única respuesta. Aunque el cuerpo suele rendir mejor por la tarde, entrenar por la mañana puede ayudar a generar adherencia y estructura. La clave está en evitar hacerlo a última hora, ya que puede interferir con el descanso.

Visto así, la rutina deja de ser una suma de hábitos y pasa a tener una lógica clara: no es activar más el cuerpo, sino evitar desordenarlo desde el principio. Y eso es lo que, en la práctica, marca la diferencia en cómo se mantiene la energía y el hambre a lo largo del día.
No todo lo que parece sano le sienta bien a tu cuerpo
Una de las ideas que más repite Klau es que no todo lo que tiene una imagen saludable funciona igual en el cuerpo. “El mayor error es confundir ‘parece sano’ con ‘te sienta bien’”, explica.
Y muchos de esos hábitos empiezan precisamente al levantarnos.
El café en ayunas acompañado de algo dulce es uno de los más habituales. A corto plazo activa, pero esa forma de empezar el día suele ir acompañada de una energía menos estable y de más hambre a lo largo de la mañana.
También ocurre con zumos, smoothies o snacks “healthy”. Aunque tienen buena imagen, en muchos casos provocan subidas rápidas de glucosa que el cuerpo no sostiene igual, lo que acaba afectando a cómo se regula la energía después.
Algo parecido pasa con productos “sin grasa”, barritas o granolas: parecen opciones ligeras, pero no siempre generan saciedad ni ayudan a estabilizar la energía.
En el caso del entrenamiento, el enfoque también importa. No hay que centrarse solo en el cardio porque puede generar mucho desgaste. “Sin trabajo de fuerza el cuerpo no se regula igual a nivel hormonal ni metabólico”, explica Klau. Por eso, combinar ambos es clave.
En definitiva, no hace falta construir una rutina perfecta, sino ajustar lo básico. Y ese cambio empieza antes de lo que parece.
“La rutina de mañana empieza la noche anterior”, explica Klau. “Si te acuestas activada, con pantallas o el sistema nervioso alto, por la mañana vas a ir a remolque”. Ajustar ese cierre hace que el cuerpo se levante mucho más regulado y cambia por completo cómo empieza el día.
A partir de ahí, las primeras horas no necesitan grandes cambios, sino pequeñas decisiones que tienen impacto real: exponerse a la luz natural nada más despertarse, evitar el móvil en esos primeros minutos o no introducir café y azúcar desde el inicio. “Solo con eso ya cambia cómo se regula tu energía”, señala.
La hidratación también influye más de lo que parece. “Algo tan simple como agua con un poco de sal puede ayudarte bastante si te levantas cansada”.
No se trata de hacerlo todo a la vez, sino de empezar por ahí y observar. “El cuerpo responde rápido cuando le das las señales correctas en el momento adecuado”.
Para conocer más sobre su enfoque y su trabajo, Klau Gago comparte reflexiones y contenidos en Instagram (@klauinstinto) y en su web, www.klauinstinto.com.
*Imágenes: cortesía