Moda
En tres semanas, Schiaparelli: Fashion Becomes Art, abrirá sus puertas en el museo V&A de Londres. Se trata de una retrospectiva completa de la vida y obra de Elsa Schiaparelli, que sugiere que una de las formas en que transformó la moda fue siendo la primera diseñadora en cuestionar el propio lenguaje de la moda. Para Elsa, un vestido no era solo un vestido. Un vestido podía tener tiradores de cajón en los bolsillos, simbolizando las dimensiones ocultas de la psique femenina. Un vestido podía tener un esqueleto bordado, sugiriendo que el cuerpo se había vuelto del revés. Era una afirmación radical y arriesgada entonces, y lo sigue siendo hoy en día: la moda es un gran negocio, pero también es el foro definitivo de la autoexpresión y la fantasía. Ambas cosas son ciertas al mismo tiempo, pero eso no significa que no exista una tensión inherente entre estas dos verdades.



Lo mismo ocurre con la casa Schiaparelli. Al igual que muchas casas tradicionales, está a la vez bendecida y también limitada por el reconocimiento y la perdurabilidad de sus códigos. Sin embargo, recientemente me he dado cuenta de que hay un secreto inherente a la iconografía más famosa de Elsa: la cerradura. Para algunos, puede que solo sea una forma agradable. Pero yo creo que simboliza algo más: tanto un reto para el diseñador de desbloquear el potencial de esta marca, como un recordatorio de que cada mujer es en sí misma un enigma: para los demás y para sí misma. La moda es la forma en que ella exterioriza el misterio de quién es ante el mundo.


Esa tensión —entre la moda como negocio y la moda como fábrica de sueños; entre lo que un vestido debería ser y lo que un vestido puede ser; entre quién parece ser una mujer y quién es realmente; entre el peso de la historia de la maison y cómo es ahora— ha inspirado toda esta colección. En cada prenda, en cada accesorio, hay una aparente contradicción. Tomemos, por ejemplo, el look que yo denomino “prendas de punto imposibles”: los tradicionales tejidos de punto Aran yuxtapuestos con paneles de tul ilusión, lo que crea el efecto de algo pesado que parece flotar sobre el cuerpo. O nuestro tejido líquido plisado de mezcla de seda, recubierto con una lámina transparente, y convertido en vestidos y conjuntos de corte espiral. Aquí no hay varillas, ni líneas duras, y sin embargo las piezas sugieren una especie de estructura y rigor, incluso aunque sigan siendo totalmente maleables. También nuestros vestidos ajustados con efecto piel, confeccionados en seda y lana estampada: el tipo de trompe-l’œil que siempre ha definido a la casa. Y nuestros vestidos que combinan jersey elástico, tops que parecen una segunda piel con faldas vaporosas adornadas con lentejuelas. Una y otra vez, utilizamos tejidos de alto rendimiento para intentar representar la autenticidad de la maison (al fin y al cabo, Elsa fue una de las primeras modistas en adoptar el jersey).

También quería explorar los códigos de diferentes maneras. La cerradura, por ejemplo: se encuentra en nuestra colección ampliada de bolsos Schiap; también en la etiqueta de nuestras chaquetas, aquí reinterpretada en una placa chapada en oro de 24 quilates martillada a mano (un guiño a Giacometti, que creó algunos de los botones originales de Elsa), así como en pendientes y en nuestro nuevo zapato con ojo de cerradura. Otro motivo icónico, la cinta métrica, aparece en nuestra clásica chaqueta Vendôme de lana elástica. Adornada con abalorios teñidos, se completa con un detalle de cinta métrica sfumato.

Por último, el amor de Elsa por el mundo natural encuentra una nueva y ampliada vida en esta colección, desde las joyas con ribetes de “piel” (una ilusión a su fascinación por la piel de mono, las nuestras están hechas con finas ramitas de shearling hasta nuestros nuevos zapatos y bolsos de mano con forma de perro y gato (ningún animal ha sufrido daño alguno durante su fabricación: están realizados en resina y fieltro) hasta nuestros accesorios anatómicos ampliados, entre los que destacan las patas de garza de bronce fundido que se encuentran en la parte inferior de algunos de nuestros nuevos bolsos de shearling.

Schiaparelli siempre ha sido radical. Pero nunca ha sido radical hasta el punto de alienar a sus mujeres. Y tal vez ese sea el legado definitivo de lo que construyó Elsa: prendas de ropa que hacía que las mujeres se sintieran más vivas con el sueño de quiénes podían ser… mientras seguían sintiéndose cómodas con quienes eran en realidad. Era una paradoja que funcionó hace cien años. Y que ojalá siga funcionando siempre.

*Imágenes: cortesía