En el año en que celebra su 75 aniversario, Max Mara ha decidido volver a uno de los epicentros del lujo mundial —la icónica Avenue Montaigne— con una propuesta completamente nueva. No se trata de una simple renovación, se trata de una declaración.

Más que una boutique, un manifiesto: arquitectura, identidad y el arte de redefinir el espacio de moda en su 75 aniversario.

Así es el nuevo templo del lujo silencioso en pleno corazón de París

La nueva boutique, con 745 metros cuadrados, ha sido concebida por la arquitecta Sophie Hicks como una experiencia sensorial donde todo fluye entre espacios abiertos, diseños de líneas limpias y una calma casi tangible.

El objetivo no es impresionar desde el exceso, sino desde la precisión. Cada detalle está medido para crear una atmósfera acogedora, elegante y silenciosamente poderosa .

Porque si algo define a Max Mara, es precisamente eso: la capacidad de hacer del minimalismo una forma de lujo.

Camel, naranja y una idea: reinterpretar el ADN de la maison

Hay un color que define a Max Mara: el camel. Y es precisamente ese tono el punto de partida conceptual del espacio, desde la fachada, los cristales tintados y los acabados juegan con esa paleta, llevándola un paso más allá. Porque cuando se exagera el camel —como propone Sophie Hicks— ocurre algo inesperado: aparece el naranja.

Y con el naranja llega un guiño vibrante, casi emocional, que rompe la serenidad sin traicionarla. Una especie de “fuego italiano” en medio de París, como lo define la propia arquitecta.

Materiales italianos tradicionales, como el marmorino o el terrazo, junto a una cuidada iluminación y elementos sensoriales vinculados al origen de la firma en Reggio Emilia, refuerzan la conexión entre herencia, innovación y experiencia.

La escalera que lo cambia todo

Si hay un elemento que concentra toda la atención —y toda la narrativa— es la escalera. Una estructura escultórica en forma de doble hélice naranja que recuerda a la piel de una naranja retorcida. Ligera, casi flotante, diseñada para ser vista incluso desde el otro lado de la avenida.

Se presenta como si estuviera de puntillas y sus escalones parecen flotar, sostenidos centralmente por una doble hélice naranja y flechas de acero gris que atraviesan y conectan las espirales, formando un soporte posterior.

No es solo funcional, es una pieza de arte cuya construcción revela un trabajo casi de ingeniería: una estructura central helicoidal que sostiene los peldaños en voladizo, atravesada por elementos de acero que conectan y equilibran el conjunto. Es, en esencia, el corazón del espacio.

Un espacio sobrio y elegante de influencia italiana

En contraste con esta llamativa escalera, la tienda exhibe el poder de la sobriedad. Esta sobriedad es posible gracias a la elegante y robusta estructura de hormigón del edificio de los años setenta donde se ubica la tienda. Se realizó un enorme esfuerzo para revelar la sencillez del edificio y abrir los espacios. La estructura de hormigón expuesta en la tienda revela el carácter esencial del edificio. Las mesas flotantes de hormigón, que Max Mara utilizará para exhibir gafas de sol, complementan este lenguaje arquitectónico.

Para impregnar la tienda con el espíritu de Italia, se han utilizado materiales tradicionales italianos, con detalles especiales. Por una parte el marmorino para paredes y techos: una técnica de estuco, en color vainilla, con fragmentos de piedra rosso di Verona, pulida hasta obtener un brillo delicado. Por otro lado el terrazzo para los suelos, pulido en el interior de la tienda y rugoso en el exterior, donde pequeños guijarros italianos
sorprendentemente se combinan con el trottoir francés.

Como un paseo entre la niebla de Reggio Emilia —sede de Max Mara—, el paisaje de la tienda se despliega y, a medida que las prendas cobran protagonismo, se experimenta una sensación de descubrimiento. La iluminación se refleja en los techos de marmorino color vainilla, bañando los espacios con una luz general suave, que se intensifica con luces direccionales para realzar las prendas expuestas. Una pantalla de lino iluminada, cuyos sutiles y fascinantes cambios retroiluminan un maniquí central, muestra las condiciones atmosféricas en tiempo real de la sede de Max Mara en Italia.

El viento, la niebla, el sol y la lluvia se superponen a fotografías del edificio original de la fábrica de Max Mara, ahora la Collezione Maramotti —una colección privada de arte contemporáneo— y al paisaje italiano circundante. El resultado abstracto se proyecta en estos proyectores atmosféricos de la tienda: un dulce recuerdo del hogar.

En la planta superior, el espacio se abre completamente gracias a sus ventanas alineadas, la luz natural que inunda la estancia y, al fondo, una vista directa a la Torre Eiffel. El recorrido se convierte en experiencia donde las prendas, la texturas, la luz y el paisaje dialogan sin interrupciones.

Lo que propone Max Mara con este espacio no es solo una tienda, es una nueva forma de entender el retail de lujo: menos acumulación, más narrativa. Menos producto, más experiencia. Un lugar donde la arquitectura no compite con la moda, sino que la amplifica.

¿Dónde? Av. Montaigne 31, 75008 Paris, France

*Imágenes: cortesía