Un género que ha sido un deleite para el público es el de las películas del ‘Gran Robo’ (en inglés heist films), que hace un par de años en “Ocean’s 8” conjuntaba a unas ladronas ‘fashionistas’ en el escenario de la Met Gala. En Cruella, la trama camina por varias avenidas: desde la moda, hasta las aventuras criminales, pero en una narración en verdad impredecible y llena de sorpresas. Es una película cargada de referencias de moda, tan sutiles y oscuras que decidí conjuntarlas aquí, en un recuento totalmente libre de spoilers.

Ya desde la primera versión de 1961 (101 dálmatas), el personaje de Cruella de Vil estaba inspirado en Coco Chanel, que en ese entonces ya era una diseñadora de avanzada edad. En esta nueva versión existen ‘dos bandos’ que representan dos momentos de la historia de la moda: la clásica de los años cincuenta y la vanguardista de los setenta-ochenta; igualmente simbolizados a través de sus personajes.

La Baronesa: La moda clásica del viejo mundo

Mientras Glenn Close es la encarnación perfecta del “camp” en 101 Dálmatas (1996); en Cruella, Emma Thompson es la imagen viva de la elegancia clásica. Su vestuario hace alusión a los maestros Dior y Balenciaga, con prendas altamente estructuradas en colores conservadores, que nos remiten a la moda francesa de los años cuarenta y cincuenta. Su imagen sobria y soberbia evoca a la de la supermodelo de esa época, la sueca Lisa Fonssagrives.

La verdadera moda del Londres de mediados del XX era muy simple. Diseñadores como Norman Hartnell y Hardy Amies, vestían a una nobleza muy conservadora y que no buscaba la innovación que sí se vivía en París —por lo que también la ebullición que se vive en el taller de La Baronesa se antoja como ‘poco’ británica—. El vestuario de La Baronesa nos lleva a incluso a los años 20, en el tenor de un dibujo clásico de Romain de Tirtoff ‘Erté’, uno de los mejores ilustradores en la historia de la moda mundial, rematado hasta con la presencia de tres perros, que en este caso no son galgos como en el original sino, por supuesto, dálmatas. Posteriormente algunos detalles de sus vestidos, en los grandes cuellos, las siluetas encorsetadas y estructuras, remiten al Thierry Mugler ochentero, que hacía una caracterización de las mismas siluetas clásicas de los años 50.

Tiendas londinenses: Liberty, Selfridge’s, Biba y… hasta World’s End

La moda de Londres, es otro gran protagonista de la trama. En el estilo de Charles Dickens los protagonistas empiezan como niños luchando en pícaras situaciones para sobrevivir en la ciudad, hasta que Cruella entra a trabajar en una tienda departamental: Liberty’, que efectivamente existe. Fundada por Arthur Lasenby en 1875, fue un exponente del movimiento ‘Arts & Crafts’, con complicados frisos vegetales —que se dejan ver en mosaicos y paredes en un trabajo exquisito de dirección de arte— y en los estampados. El vestido que protagoniza una escena en un aparador muestra un perfecto ejemplo de esos textiles, el ‘Liberty Dress’. De manera realista, en los 70 seguía siendo la departamental más chic de Londres, con múltiples sucursales a lo largo y ancho de Reino Unido.

Esa escena del aparador, además, referencía el legado de la más londinense de todas las tiendas: Selfridge’s, fundada en Londres en 1908 por un empresario americano de nombre Harry Gordon Selfridge. La departamental revolucionó el mundo del retail al convertir el display en todo un espectáculo. Desde entonces hasta nuestros días, Selfridge’s se ha caracterizado por sus elaboradas vitrinas, mismas que han convertido a la tienda en un atractivo turístico.

Los años sesenta fueron una alta revolución londinense: Mary Quant inventó la minifalda y abrió Bazaar.

Bazaar Ossie Clark, con su tienda Quorum en Chelsea, World’s End donde Vivienne Westwood comenzaría su imperio y donde la reina Barbara Hulanicki creó la tienda más interesante del mundo: Biba. Toda esa influencia se plasma en la tienda 2nd Time Around: donde se integran los elementos de la moda punk: el vintage y la psicodelia para inspirar a Cruella con la riqueza del streetwear, demostrando que la verdadera vanguardia estaba —y sigue estando— en la calle.

Cruella: La moda de ruptura y la vanguardia

Si Emma Thompson en el papel de La Baronesa es la encarnación misma de los diseñadores clásicos; Emma Stonne como Cruella representa la moda de la ruptura: vanguardia y excentricidad.

En una escena el personaje sale con la cara cruzada por un texto en maquillaje que dice “The Future”, sospechosamente en sintonía con Viktor & Rolf, quienes en verano de 2008 hicieron aparecer a modelos con la cara ‘escrita’. Estos mismos diseñadores, cuando apenas salidos de la escuela, sin recursos, pero con mucha imaginación: llenaron de graffitis con su nombre los callejones alrededor de la semana de la moda en París. Hicieron aparecer a una modelo misteriosa con una pancarta de protesta en donde se leía ‘Huelga de V&R’, para posteriormente poner un pedestal en la calle enfrente de las verdaderas pasarelas donde una modelo desfilaba sus creaciones, logrando robar la atención de la prensa internacional.

Esas estrategias que sí pasaron en el mundo de la moda (y funcionaron), tienen eco en la película. En una escalada de rebeldía donde las siluetas de Galliano para Alta Costura de Dior, pero en un vestido hecho de gigantescas bolsas de basura. El newspaper print en un corsé armado en corte princesa, y volúmenes y construcciones que recuerdan tanto a Westwood como al más clásico Alexander McQueen cuando aún estaba vivo, son
los eslabones que van atando a Cruella, la villana convertida en heroína de la moda.

¿Yves Saint Laurent, Bárbara Hulanicki, Daphne Guiness y más?

Cuando ambos mundos se encuentran, con un exquisito sentido del humor, Jeffrey, el asistente de La Baronesa, es la traducción exacta de Yves Saint Laurent, guiño perfecto a la historia pues Yves fue el enlace entre la moda clásica y la modernidad. Tras la muerte de Christian Dior en 1957, Yves (de apenas 21 años) trae una visión audaz a la señorial casa, para más tarde desprenderse y fundar su propio camino donde lo hippie, la rebeldía y la innovación lo caracterizaron.

Artie, el dueño de la boutique 2nd Time Around, conjunta a David Bowie, Barbara Hulanicki, los Blitz Kids y la contracultura andrógina, resumiendo el hippie, el punk y el new romantic.

Cierto vestido hecho con capullitos de oro, alude a otras latitudes: las creaciones de Guo Pei, siempre doradas, barrocas y lujosas; y en una fantasía pesadillezca un ejército de clones de Cruella, al mayor estilo Daphne Guinness, flanquean la presencia de La Baronesa.

En suma, es una película que al igual que pasó con “El diablo viste a la moda” (2006), marca la dirección del porvenir porque será fuente de inspiración para cientos de jóvenes que tendrán en Cruella a una heroína sui generis y querrán, al igual que ella, buscar tramas de vida en donde la moda es la gran protagonista.

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IMÁGENES: Cortesía Disney y Getty Images
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