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Han pasado diez años desde que Pierre Louis pisó por primera vez el escenario de El Rey León. Entonces era un actor recién egresado, con la ilusión a flor de piel y el deseo ferviente de interpretar a Simba. Hoy, regresa no solo con más experiencia, sino con una nueva perspectiva y una conexión más profunda con el personaje que ahora encarna como titular.
Pierre Louis fue invitado directamente al último callback del casting por el productor Morris Gilbert. “La verdad es que no tenía ya las ganas de pertenecer al ensamble porque eso ya lo había hecho, pero cuando me dijo que me veía como Simba más que nunca, fue una luz verde para intentarlo de nuevo”.
El proceso fue más corto esta vez, pero la espera no menos intensa. Desde que supo que se había quedado con el papel en agosto, tuvo que esperar hasta enero para comenzar los ensayos. Y desde entonces, su vida ha girado completamente alrededor del escenario: “Son 10 horas de ensayos todos los días, es como ser un atleta de alto rendimiento”, dice. “Justo ayer platicaba con Carlos Quezada —(Scar)— y me decía: ‘Simba tiene que estar a un nivel físico altísimo’. Y sí, porque canta, baila, actúa y está en escena casi todo el tiempo”.
Esta exigencia física se entrelaza con un reto emocional mayor: la construcción del personaje. Aunque en la edición pasada compartió escenario con Carlos Rivera, hoy se ha enfocado en construir un Simba único. “No me gusta basarme en nadie, ni tener referencias. Me gusta construir a partir de mi propia percepción…
“Simba es un personaje que he tenido muy ligado a mí desde que era chiquito. Relacioné muchas pérdidas familiares y el divorcio de mis padres con su historia. Es muy mía”.
Esa conexión lo lleva a sentir cada función como una especie de catarsis, sobre todo al interpretar “Él vive en ti”, la canción en la que Mufasa se aparece a su hijo. “Cada función es inevitable no conectar con esa canción. Es algo que me recuerdo todos los días: quién soy y por qué estoy aquí”.
La madurez también ha transformado su forma de ver este regreso. “Hace diez años tenía el ímpetu de querer que todo sucediera ya. Pero fue una gran lección tener que soltar ese personaje. Hoy, con más experiencia, me da una enorme gratitud y humildad saber que las cosas llegan cuando tienen que llegar”. Pierre encuentra incluso un paralelismo poético:
“Diez años después, regreso a reclamar mi trono, como Simba”.

Sobre el elenco, Pierre destaca la química que ha construido con Majo Domínguez, quien interpreta a Nala: “Es una relación tan cercana que se vibra en escena. Es uno de los comentarios más comunes: la conexión que tenemos. Nos queremos muchísimo”. También se reencuentra con colegas de hace una década, como Carlos Quezada y Eli Nassau, quienes en su momento fueron covers o parte del equipo técnico, y hoy son titulares.
Más allá del musical, Pierre reafirma su amor por el teatro, ese lugar donde el actor se expone sin red de seguridad. “El teatro involucra todo el cuerpo. Estás desnudo ante la gente. Es la base más sólida y antigua de la actuación. Lo más retador, pero también lo que más te llena. La energía que das, el público te la regresa, y eso es muy adictivo”.
Con un rugido que suena más fuerte que nunca, Pierre Louis demuestra que el viaje de Simba no solo es uno de redención, sino también de madurez, entrega y profundo amor por el arte escénico. “Hoy disfruto más que nunca estar haciéndolo. Todo encaja como un engranaje perfecto”.