Moda
En el entorno altamente codificado de la alta costura, pocas figuras lograron transitar con tanta naturalidad entre el papel de musa y el de creadora como la condesa Jacqueline de Ribes (cuyo nombre era Marie-Hélène de Rothschild). Admirada por los grandes couturiers no solo por su presencia, sino por una intuición especial de la moda, de Ribes gozaba de un privilegio reservado a muy pocos: el acceso directo a los ateliers y a los artesanos que daban forma a las ideas más complejas del mundo fashion. Jacqueline ha muerto a los 96 años el pasado 30 de diciembre de 2025 en Suiza, pero su legado como musa del siglo XX perdurará.

Jacqueline de Ribes, ícono de moda y empresaria
La pérdida a tan avanzada edad de Jacqueline fue dura para el sector de moda y belleza. Una de sus grandes amigas, Mathilde de Favier (PR de Dior) escribió que “era más que un cisne; era hermosa, sensible, original, sincera, libre, generosa y ultra refinada —la extrañaré inmensamente”. Añadiendo, “las últimas palabras que dirigió, hace dos semanas, fue “protege tu corazón, cariño”.

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Valentino proclamó a de Ribes como “la última reina de París”; las mujeres no solo querían vestirse como ella —querían ser ella. Socialité, musa, empresaria y creadora, Jacqueline de Ribes que una de las últimas grandes testigos del buen gusto a nivel global. En 1983, una revista de gran interés social la nombró como la mujer más elegante del mundo, y su presencia marcó una era en la que el estilo significada carácter, disciplina y visión.

De acuerdo con otros medios de moda, la vizcondesa fue una compradora excepcional de alta costura: por cada evento al que asistía, le encargaba a los diseñadores una pieza especial. Acudía a Yves Saint Laurent, Christian Dior u Oscar de la Renta, decidida a ser siempre la reina de la noche. Con esa belleza clásica europea, un rostro ovalado, cabello oscuro y nariz larga, a de Ribes le gustaba enaltecer sus rasgos con maquillaje dramático y joyería imponente.

En cuanto a su vida personal, se casó con el vizconde (y luego conde) Édouard de Ribes, banquero de la Legión de Honor y Cruz de Guerra. Tuvieron dos hijos, Élisabeth de Ribes y Jean, conde de Ribes. En 1950, Jacqueline comenzó a crear sus propios conjuntos (mismos que captaron la atención de Diana Vreeland); en los ochenta lanzó su primera colección y obtivo un contrato exclusivo con Saks Fifth Avenue para vender en Estados Unidos.

En la década de los noventa, enfrentó una serie de problemas de salud que la obligaron a cerrar su firma de diseño. Aquello pudo haber marcado su retiro definitivo de la vida pública, pero fiel a su naturaleza, de Ribes nunca desapareció del todo. Con la concesión de la Légion d’honneur por parte del Estado Francés en 2010 y la inminente inauguración de una exposición en el Met en su honor (2015-2016), su regreso reafirmó que nunca dejó de encarnar el arte de vestir y destacar.
*Imágenes: Getty Images; The Metropolitan Museum of Art