Moda
Hay diseñadores que construyen su carrera soñando con desfilar en París, vestir a las grandes estrellas o dirigir alguna de las casas históricas del lujo. Y después está Martine Rose, una creadora que durante casi veinte años ha preferido buscar inspiración en lugares bastante menos previsibles: las pistas de baile de Londres, los mercados populares, las camisetas de fútbol, los armarios masculinos de los años noventa y esos personajes anónimos que encontramos por la calle y que, sin saberlo, pueden tener mucho más estilo que cualquier invitado a una Semana de la Moda.
Quizá por eso su nombramiento como nueva directora creativa de Balenciaga es una de las noticias más interesantes que nos ha dejado la industria en los últimos meses. Porque Rose no llega a la maison francesa como una desconocida ni como una diseñadora dispuesta a descubrir sus códigos desde cero. Su historia está vinculada a una de las etapas más transformadoras de Balenciaga y su particular manera de entender la moda ha influido en buena parte de las tendencias que hoy dominan el armario contemporáneo.
La diseñadora británica de raíces jamaicanas sustituye a Pierpaolo Piccioli al frente de Balenciaga y se convierte en la primera mujer en asumir su dirección creativa.
El anuncio llega además en un momento especialmente convulso para el lujo. Apenas unas horas después de conocerse la salida de Pierpaolo Piccioli, que abandona la firma tras aproximadamente dieciséis meses al frente de su dirección creativa, el grupo Kering ha confirmado que Martine Rose será su sustituta. La diseñadora asumirá oficialmente el cargo el próximo 16 de noviembre de 2026, tendrá su base de trabajo en París y será la primera mujer en ocupar esta responsabilidad en los 109 años de historia de la casa.
Un cambio de dirección que resulta especialmente significativo porque supone pasar del romanticismo, el color y la sensibilidad de Alta Costura de Piccioli a una creadora que ha construido su reputación cuestionando prácticamente todas las convenciones del vestir.

Pero ¿quién es realmente Martine Rose y por qué su llegada a Balenciaga despierta tanta expectación?
De Croydon a las pistas de baile de Londres: los orígenes de Martine Rose
Martine Rose nació en 1980 en Croydon, al sur de Londres, en una familia de raíces británicas y jamaicanas. Su infancia estuvo profundamente marcada por la cultura de las comunidades caribeñas de la capital británica, especialmente por la influencia de sus abuelos paternos, la música que escuchaba su familia y la manera en la que sus familiares mayores se vestían para salir.
Mucho antes de interesarse profesionalmente por la moda, Rose ya había descubierto que la ropa podía funcionar como una forma de pertenencia, una declaración de identidad y una manera de relacionarse con el mundo.
El reggae, el lovers rock, el hiphop, el punk, el house y la cultura rave de los años noventa fueron construyendo su imaginario estético. No se trataba únicamente de escuchar música, sino de observar todo lo que sucedía alrededor: cómo vestían los chicos que acudían a los clubes, cómo se mezclaban las prendas deportivas con la ropa de fiesta, cómo un determinado corte de pantalón podía identificar a una comunidad o cómo una cazadora aparentemente corriente adquiría una personalidad completamente diferente dependiendo de quién la llevara.
Esa fascinación por la gente real sigue siendo una de las grandes claves de su trabajo. Rose estudió diseño de moda en la Middlesex University de Londres y comenzó a desarrollar una sensibilidad creativa que se alejaba de la elegancia tradicional. Le interesaban las proporciones extrañas, las prendas masculinas que parecían demasiado grandes o demasiado pequeñas, las mezclas de tejidos inesperadas y esa estética deliberadamente imperfecta que encontramos en la calle, pero que rara vez aparecía sobre las pasarelas de lujo.

Su moda nunca ha intentado parecer impecable en el sentido convencional de la palabra. Y precisamente ahí reside buena parte de su atractivo.
Admirada por Rihanna y Drake, colaboradora de Nike y antigua mano derecha de Demna, su trayectoria explica por qué es uno de los nombres más influyentes de la moda contemporánea.
Martine Rose, la firma que nació en 2007 y terminó convirtiéndose en objeto de culto
En 2007, la diseñadora fundó en Londres su marca homónima, comenzando con una pequeña propuesta de camisas masculinas que poco a poco evolucionaría hacia un universo creativo mucho más amplio.
Aquellos primeros años estuvieron lejos del glamour que solemos asociar con la industria. Rose trabajó durante mucho tiempo con recursos limitados, desarrollando colecciones pequeñas y buscando su espacio dentro de un sector que todavía no estaba preparado para comprender del todo su lenguaje.
Mientras buena parte de la moda masculina continuaba apoyándose en los códigos tradicionales de la sastrería o en una interpretación relativamente convencional del lujo, ella proponía chaquetas con hombros exagerados, pantalones de proporciones desconcertantes, prendas deportivas reinterpretadas y siluetas que parecían cuestionar constantemente cómo debía vestir un hombre.
Su trabajo comenzó a llamar la atención de la escena creativa londinense y encontró apoyo en Fashion East, la plataforma impulsada por Lulu Kennedy que ha contribuido al desarrollo de algunos de los diseñadores británicos más interesantes de las últimas décadas.
Aquel reconocimiento fue fundamental, aunque su ascenso nunca resultó especialmente rápido. Durante años, Martine Rose fue uno de esos nombres que los profesionales de la moda conocían y admiraban, pero que todavía permanecían relativamente alejados del gran público.
Con el tiempo, esa posición casi secreta terminaría convirtiéndose en una de sus grandes fortalezas. Porque su firma no nació intentando gustar a todo el mundo. Nació construyendo una comunidad que encontraba en sus prendas una manera diferente de entender el estilo.

Su conexión con Demna y Balenciaga: una historia que comenzó hace más de diez años
Uno de los capítulos más importantes de su trayectoria comenzó en 2015, cuando Demna, recién nombrado director creativo de Balenciaga, decidió ponerse en contacto con ella.
El diseñador georgiano había seguido su trabajo y reconocía en Rose una sensibilidad cercana a la suya: ambos compartían el interés por las prendas cotidianas, las proporciones exageradas, las referencias culturales y la capacidad de convertir objetos aparentemente ordinarios en propuestas de moda radicalmente contemporáneas.
Demna la incorporó como consultora para desarrollar la moda masculina de Balenciaga, una colaboración que se prolongó aproximadamente hasta 2018 y que coincidió con el comienzo de una de las transformaciones más importantes de la casa. En aquellos años, Balenciaga comenzó a explorar un lenguaje que terminaría influyendo profundamente en la industria: sudaderas de proporciones gigantescas, chaquetas de hombros desmesurados, zapatillas deportivas convertidas en objetos de lujo, prendas utilitarias y una estética que parecía desafiar constantemente la frontera entre lo cotidiano y lo extraordinario.
Martine Rose contribuyó a construir aquella nueva visión de la moda masculina, aunque siempre mantuvo su propia firma y una identidad creativa independiente. La colaboración también transformó su carrera. En entrevistas posteriores, la diseñadora ha reconocido que trabajar con Demna le proporcionó una visibilidad y una estabilidad profesional que hasta entonces habían resultado difíciles de alcanzar.
Y aquí aparece una de las grandes particularidades de su nombramiento actual: Martine Rose no llega por primera vez a Balenciaga. Regresa a una casa en cuya evolución contemporánea ya participó activamente.
La diferencia es que ahora no estará detrás de las colecciones como consultora, será ella quien decida hacia dónde debe dirigirse la maison.
La diseñadora que convirtió las prendas masculinas en algo completamente diferente
Para entender el estilo de Martine Rose hay que olvidar durante un momento las reglas tradicionales de la moda masculina.
Sus colecciones no buscan necesariamente estilizar el cuerpo, crear proporciones favorecedoras o reproducir una determinada idea de elegancia. Al contrario, la diseñadora disfruta alterando esas convenciones.
Una americana puede tener los hombros demasiado anchos. Un pantalón puede caer de una manera inesperada. Una cazadora puede parecer encogida o exageradamente voluminosa. Una camisa puede recuperar códigos de otra década y combinarse con unas zapatillas que parecen sacadas de un armario de los años noventa.
Pero detrás de esa aparente espontaneidad existe una investigación muy precisa sobre el patronaje, la construcción y el movimiento de las prendas. Rose ha convertido la deformación de las siluetas en una herramienta creativa y ha demostrado que la moda masculina puede resultar sensual, divertida, provocadora e incluso incómoda sin perder su capacidad para conectar con la vida cotidiana.
También ha cuestionado constantemente las fronteras entre los géneros. Aunque se define principalmente como diseñadora de moda masculina, sus colecciones han sido adoptadas tanto por hombres como por mujeres, precisamente porque no se construyen alrededor de una idea rígida de quién debe llevar cada prenda.
Esa libertad estética conecta con una de las grandes conversaciones actuales de la moda: la posibilidad de vestir desde la personalidad y no desde las convenciones.
Nike, Supreme y Clarks: las colaboraciones que llevaron su estética a otra dimensión
Aunque su firma ya gozaba de un importante reconocimiento dentro de la industria, las colaboraciones con grandes marcas fueron fundamentales para ampliar su influencia.
Una de las más conocidas ha sido su relación con Nike, con quien ha desarrollado propuestas que reinterpretan el calzado deportivo desde una perspectiva completamente inesperada. Entre ellas destacan las Nike Shox MR4, unas zapatillas híbridas que combinaban elementos del universo deportivo con una silueta cercana a la de un zapato de vestir. Su peculiar diseño, con una puntera alargada y un talón abierto, consiguió transformar uno de los modelos más reconocibles de Nike en un accesorio de moda tan extraño como deseado.
La diseñadora también ha colaborado con Supreme, Napapijri y Tommy Hilfiger, demostrando su capacidad para reinterpretar los códigos de marcas muy diferentes sin renunciar a su identidad.
En 2023 fue nombrada directora creativa invitada de Clarks, otra firma profundamente vinculada a la cultura británica y especialmente significativa para las comunidades caribeñas del Reino Unido. Su relación con el calzado resulta interesante porque revela una de sus obsesiones recurrentes: tomar algo que creemos conocer perfectamente y modificarlo hasta conseguir que lo observemos de otra manera.
Una filosofía que, por cierto, encaja extraordinariamente bien con el legado de Balenciaga.

De los mercados de Londres a Pitti Uomo: sus desfiles nunca han seguido las reglas
Otra de las grandes señas de identidad de Martine Rose es su manera de presentar las colecciones. Mientras las grandes casas compiten por encontrar escenarios monumentales y producir espectáculos cada vez más sofisticados, ella ha preferido en numerosas ocasiones espacios cotidianos que forman parte de la vida de las comunidades londinenses.
Sus desfiles se han celebrado en mercados populares, calles residenciales, centros comunitarios y espacios alejados de los circuitos habituales de la moda. No se trata únicamente de una elección estética. Para Rose, el lugar donde se presenta una colección también cuenta una historia sobre las personas que la inspiran.
En lugar de construir un universo artificial alrededor de sus prendas, muchas veces prefiere trasladar la moda directamente a los lugares donde encuentra sus referencias.
En enero de 2023 dio uno de los grandes pasos internacionales de su carrera al participar como diseñadora invitada en Pitti Uomo, en Florencia, una de las citas más importantes de la moda masculina.
Aquella presentación confirmó que su influencia había superado definitivamente los límites del underground londinense. Ese mismo año recibió el reconocimiento a diseñadora británica de moda masculina del año en los Fashion Awards, consolidando una trayectoria que había necesitado más de quince años para alcanzar semejante visibilidad.
Su carrera es, en ese sentido, una historia de perseverancia creativa y de fidelidad a una manera muy personal de entender la moda.
La primera mujer al frente de Balenciaga y el desafío de reinterpretar el legado de Cristóbal Balenciaga
El nombramiento también tiene una dimensión histórica. Martine Rose será la primera mujer en asumir la dirección creativa de Balenciaga, una casa fundada por Cristóbal Balenciaga en San Sebastián en 1917 y establecida posteriormente en París, donde el diseñador español revolucionó la Alta Costura con su extraordinario dominio de los volúmenes, las proporciones y la construcción.
Y precisamente ahí aparece una conexión especialmente interesante entre el fundador y su nueva directora creativa. Aunque sus universos estéticos parezcan muy alejados, ambos comparten una fascinación por la arquitectura de la prenda y por la posibilidad de transformar la silueta a través del patronaje.
Cristóbal Balenciaga cuestionó las proporciones tradicionales del cuerpo femenino y desarrolló algunas de las formas más innovadoras del siglo XX. Martine Rose lleva casi dos décadas haciendo algo parecido desde la moda masculina contemporánea, alterando hombros, cinturas, largos y volúmenes para proponer una nueva relación entre el cuerpo y la ropa.
Naturalmente, sus lenguajes son diferentes, pero esa curiosidad por desafiar las formas establecidas podría convertirse en uno de los puntos de encuentro más interesantes de su próxima etapa.

En sus primeras declaraciones tras el nombramiento, Rose ha expresado su intención de respetar el extraordinario patrimonio creativo de Balenciaga y contribuir a escribir el siguiente capítulo de su historia.
Todavía no se ha anunciado cuándo presentará su primera colección ni qué dirección estética adoptará. Y quizá sea precisamente esa incógnita la que hace que su llegada resulte tan emocionante.
*Imágenes: Instagram