Bottega Veneta presentó una colección sí con intención, pero también convertida en un espectáculo. Un espectáculo con presencia.

La casa italiana presentó su colección en los cuarteles generales del Palazzo San Fedele, en Milán. Un espacio que acompañó la narrativa de la colección. Bajo la dirección creativa de Louise Trotter, por segundo año consecutivo al frente de la firma, la visión se siente más segura y protagónica.

Textura y volumen como declaración de Bottega

Para la edición Otoño–Invierno 2026, la textura y el volumen fueron los verdaderos protagonistas. Abrigos oversize, vestidos imponentes y una sastrería con poder.

Sabemos que la identidad de Bottega Veneta siempre ha estado en el detalle, y esta colección es prueba de ello. Una variedad de texturas estuvieron presentes en cada prenda, desde acabados que evocan pelo, imposibles de ignorar, hasta tejidos pesados que aportan densidad y profundidad. Así mismo, la insignia de la casa, el intrecciato, se hace presente dentro de la colección como un código que reafirma el ADN de la firma.

Esta colección también hizo referencia a distintos periodos históricos. De hecho, algunos accesorios recordaban a los sombreros ceremoniales de Venecia, reinterpretados con una mirada contemporánea. Al mismo tiempo, ciertos abrigos evocaban la sobriedad de los banqueros del Renacimiento florentino. No era una cita literal al pasado, sino una referencia sutil y de tributo a la época.

Los tonos neutros fueron parte de la paleta de color, construyendo la base del desfile. Desde un café oscuro hasta un beige amarillo. Pero también hubo momentos de intensidad. El azul cobalto fue la estrella de color en la pasarela, al igual que un rojo, difícil de olvidar, que cerró el recorrido con fuerza.

Más que una colección, es una forma de entender el lujo desde la textura, el volumen y el detalle.