Hablar de minimalismo es, inevitablemente, invocar la figura de Carolyn Bessette. Su paso por la firma Calvin Klein no solo moldeó su carrera profesional, sino que cimentó un código estético basado en la austeridad sofisticada. A continuación, repasamos sus lecciones de estilo definitivas.

El slip dress con botas altas

El vestido lencero posee una naturaleza inherentemente audaz. No obstante, Carolyn lograba equilibrar su delicadeza al llevarlo al terreno de la formalidad. La clave reside en la combinación de un slip dress sencillo con un abrigo largo de solapas estructuradas y unas botas de punta afilada. Esta tríada crea un juego de proporciones perfecto que, rematado con una diadema y gafas ovaladas, garantiza una elegancia sin fisuras.

Los básicos perfectos

Para la publicista, los básicos no eran simples prendas de relleno, sino la base de un armario inteligente. Unos vaqueros de corte recto, una camiseta negra acanalada y unas sandalias minimalistas eran suficientes para construir una imagen aspiracional. La calidad de los materiales es aquí el factor determinante para elevar lo cotidiano a la categoría de lujo.

La mezcla de tonos neutros

Rompiendo con el antiguo tabú de que el marrón y el negro no deben mezclarse, ella demostró que esta unión es puramente aristocrática. El truco para triunfar con este combo reside en mantener dos prendas dentro de la misma gama cromática, permitiendo que el negro actúe como un contraste rotundo y moderno.

La falda satinada y el punto

Como alternativa al vestido lencero, la falda satinada ofrece una versatilidad superior. Carolyn solía combinarla con jerséis de escote barco, logrando un equilibrio entre texturas fluidas y pesadas. Un recogido pulido y un labial oscuro completan este uniforme nocturno que hoy firmas como The Row siguen emulando.

El abrigo de corte militar

Las siluetas estructuradas con hombros marcados y cinturones definidos son un fondo de armario infalible. En color beige, este tipo de prenda exterior aporta una sobriedad que trasciende las décadas, funcionando igual de bien en los años noventa que en la actualidad.

El vestido negro minimalista

El escote palabra de honor en vestidos tubo representa la sencillez apabullante. Sin necesidad de joyas excesivas, Carolyn apostaba por guantes largos y zapatos de tacón inmortales para las citas festivas, dejando que la pureza de la línea fuera la verdadera protagonista.

Vaqueros cropped y accesorios carismáticos

Incluso en sus momentos más relajados, Carolyn Bessette sabía que un accesorio podía transformar el atuendo. Sus vaqueros cortos con botines negros cobraban vida gracias a bufandas de peluche o diademas, demostrando que el estilo reside en los pequeños detalles.

La impecable camisa blanca

Con una hechura ligeramente oversize y el cuello abierto, la camisa blanca era su armadura preferida. Combinada con faldas largas y sandalias de aire retro, esta pieza demuestra que la discreción es, a menudo, la forma más alta de distinción.

El jersey de cuello vuelto

El punto setentero del jersey de cuello vuelto, especialmente cuando se acompaña de pantalones de napa o pana, es una fórmula de éxito segura. Un bolso XL y unas gafas de sol son los únicos compañeros necesarios para un estilismo funcional.

El abrigo de cuadros rojos

Finalmente, el estampado de cuadros pequeños en tonos rojizos rompe la monotonía del armario neutro. Al actuar como pieza central, permite que el resto del conjunto se mantenga simple, con vaqueros y jerséis básicos que ceden todo el protagonismo al color.

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