Cada año, entre finales de octubre y los primeros días de noviembre, México se llena de flores de cempasúchil, velas, altares y aromas que evocan la memoria de quienes ya no están. El Día de Muertos se vive de distintas maneras en cada región: desde las velaciones nocturnas junto al lago de Pátzcuaro hasta las comparsas de Oaxaca y las ofrendas de la península de Yucatán. 

México ofrece destinos donde las tradiciones familiares, la gastronomía y las expresiones culturales permiten conocer una de las celebraciones más representativas de México.

Pátzcuaro y Janitzio, Michoacán

La región lacustre de Michoacán es uno de los lugares más emblemáticos para vivir el Día de Muertos. En Pátzcuaro, las plazas, los mercados y las calles se llenan de flores, artesanías y actividades culturales, mientras que en las comunidades de la ribera se preparan ofrendas para recibir a las almas de los difuntos. La celebración purépecha, conocida como Noche de Ánimas, conserva una profunda dimensión comunitaria y familiar.

La isla de Janitzio concentra buena parte de la atención durante la noche del 1 al 2 de noviembre, cuando las familias acuden al panteón para velar junto a las tumbas adornadas con cempasúchil, velas y alimentos. La imagen de las luces reflejadas sobre el lago se ha convertido en una de las más reconocidas de esta festividad. También vale la pena conocer Tzintzuntzan y otras localidades de la ribera, donde existen ceremonias propias. Debido a la afluencia de visitantes, es recomendable reservar hospedaje y organizar los traslados con anticipación.

Oaxaca

En Oaxaca, el Día de Muertos se extiende de los hogares a las calles. La capital reúne comparsas, música, altares y tapetes de arena, además de mercados donde las flores, el pan de muerto y los ingredientes de temporada forman parte del ambiente. Los recorridos por el Centro Histórico permiten conocer distintas expresiones de la celebración y, al mismo tiempo, disfrutar de la arquitectura, los talleres artesanales y la gastronomía local.

Los panteones de la ciudad y de comunidades cercanas, como Santa Cruz Xoxocotlán, son puntos importantes durante las velaciones. En estos espacios, las familias limpian y adornan las tumbas para honrar a sus seres queridos. La visita puede complementarse con una parada en el mercado 20 de Noviembre para probar especialidades oaxaqueñas o con una excursión a Monte Albán. 

San Andrés Mixquic, Ciudad de México

En la alcaldía Tláhuac, al sureste de la Ciudad de México, San Andrés Mixquic conserva una de las celebraciones más conocidas de la capital. El momento central es la Alumbrada, cuando el panteón se ilumina con velas y las tumbas se cubren de flores como parte de la conmemoración de los difuntos. La ceremonia reúne a las familias de la comunidad y atrae a visitantes interesados en conocer esta tradición.

Sin embargo, la llegada de miles de personas puede provocar tráfico y traslados prolongados, por lo que conviene salir con tiempo y consultar las indicaciones locales. La visita debe realizarse con respeto: el panteón no es solo un atractivo turístico, sino un espacio donde las familias recuerdan a sus seres queridos.

Mérida, Yucatán

En la península de Yucatán, el Día de Muertos se conoce como Hanal Pixán, expresión maya que significa “comida de las ánimas”. Esta tradición incluye altares con alimentos, velas, flores y objetos dedicados a los familiares fallecidos. En Mérida, las actividades culturales de la temporada permiten acercarse a esta herencia, que mantiene características propias y se transmite entre generaciones.

Uno de los elementos más representativos es el mucbipollo o pib, un platillo elaborado con masa de maíz y distintos rellenos, envuelto y cocido tradicionalmente bajo tierra. Probarlo durante estas fechas es una manera de conocer la relación entre la gastronomía y la memoria familiar. 

Pomuch, Campeche

En Pomuch, localidad del municipio de Hecelchakán, Campeche, existe una costumbre que llama la atención por su significado: la limpieza de los huesos de los difuntos. Antes de la celebración, algunas familias retiran cuidadosamente los restos de sus seres queridos de los osarios, limpian los huesos y los colocan en cajas cubiertas con paños bordados. El ritual forma parte de una relación con la muerte que se mantiene viva en la comunidad y que refleja una tradición de raíz maya.

A diferencia de los destinos que concentran desfiles y actividades multitudinarias, Pomuch permite conocer una práctica más íntima, vinculada con el cuidado y la memoria de los antepasados. Si se visita, es importante recordar que se trata de un ritual familiar, no de un espectáculo. La discreción y el respeto por las indicaciones de los habitantes son indispensables, especialmente al tomar fotografías.

Guanajuato

La ciudad de Guanajuato ofrece otra manera de acercarse a la temporada. Sus callejones, plazas y edificios históricos crean el escenario para exposiciones, altares y actividades culturales relacionadas con la muerte y las tradiciones mexicanas. Los recorridos a pie permiten descubrir la ciudad desde una perspectiva distinta, mientras que sus museos y espacios culturales amplían la experiencia más allá de las celebraciones en la calle.

Su arquitectura, las vistas desde los miradores y la oferta gastronómica permiten organizar varios días de viaje sin concentrarse únicamente en las actividades de una noche. Conviene consultar la programación oficial del año antes de viajar, ya que las fechas y los eventos pueden variar.

Huaquechula, Puebla

En Huaquechula, al suroeste de Puebla, los altares monumentales son el centro de una tradición que distingue a la comunidad. Estas estructuras, instaladas en las viviendas para recibir a los difuntos, pueden alcanzar varios niveles y combinar imágenes religiosas, veladoras, flores, alimentos y elementos que recuerdan a la persona fallecida. Su elaboración requiere trabajo y preparación por parte de las familias.

Visitar Huaquechula permite conocer el Día de Muertos desde el espacio doméstico, donde la ofrenda tiene un significado personal y comunitario. La experiencia requiere seguir las indicaciones de los anfitriones y preguntar antes de entrar a una vivienda o fotografiar un altar.