Moda
Cuando pensamos en Louis Vuitton, quizás lo primero que se te viene a la mente es el monograma —como fun fact, este nació siendo un tributo de Georges-Louis Vuitton a su padre, el fundador. Pero, ¿sabías que la firma más reconocida del mundo inició con baúles de viaje y no diseñando ropa? En busca de un sueño, Vuitton se mudó de su natal Jura a París en donde se convertiría en carpintero y marroquinero tras trabajar con un trunk-maker.
Aunque no un diseñador de moda, sí un innovador del lujo, Louis Vuitton fundó su firma homónima en la segunda mitad de la década de 1850 y para 1859 ya había abierto un taller en Asenières. Guiado por su pasión en conservar la moda y los esenciales de viaje a través de baúles que no solo fueran livianos y duraderos, sino también únicos, Vuitton se convirtió en el trunk-maker predilecto del mundo entero.


Sus primeros diseños lograron cumplir con distintas expectativas importantes de los viajeros del siglo XIX, cada uno hecho en madera de álamo tapizado por una tela pintada en óleo para hacerlos impermeables, la forma rectangular los hizo apilables —característica que en aquel entonces resultó novedosa y cómoda— y, en 1886, ideó junto a su hijo una cerradura única, hoy patentada, a prueba de todo. Sin embargo, tras comenzar a ser imitado, Louis creó un distintivo para sobresalir de los demás: primero un patrón a rayas y luego un patrón a cuadros, ahora conocido como Damier.

En la actualidad, el atelier en Asenières conjuga la historia y herencia de la maison, pues fue un punto comercialmente estratégico para Louis Vuitton cuando inició su imperio. Situado a las afueras de París con acceso al río Sena y la primera ruta ferroviaria en Francia, cada artículo creado y ensamblado en el taller seguía técnicas artesanales únicas que hoy se conservan como continuación de la tradición y el ADN de la firma. Todo empieza con la carcasa en madera que se viste con precisión por un lienzo de cuero “monogrameado”. El lozine (la franja que recubre las orillas y sella el cuero) es sujetado por pequeños clavos y los detalles finales varían en el diseño y tamaño de cada baúl, pues son totalmente personalizables. Al año se producen más de 500 objetos en este taller, desde los baúles hechos según las necesidades del cliente, hasta los bolsos con acabados particulares.

Louis Vuitton hoy es la viva prueba de tecnología, innovación y preservación. Desde que la casa fue establecida, la labor de convertir sus baúles en el mejor compañero de viaje se tornó en un estilo de vida y lujo que pocas firmas han logrado instaurar. No solo se trata del monograma, sino del verdadero savoir-faire que aún resguarda cada objeto del deseo que lleva el nombre de la maison.