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La artista mexicana Carolina Pavía encuentra en la naturaleza un punto de partida para explorar la memoria, la percepción y los procesos de transformación humana. A través de pinturas protagonizadas por flores, referencias botánicas y escenas que se mueven entre lo real y lo onírico, ha construido un lenguaje visual que ahora también se extiende al diseño textil.
Tras presentar su trabajo en México, en París (Galerie L’Espirit d’Escalier) y en Ottawa (Galerie 55), continúa explorando las posibilidades de su universo creativo y las distintas formas en que puede relacionarse con el público. En entrevista exclusiva con Grazia México y Latinoamérica, esto es lo que nos contó:

Las flores como espejo de la experiencia humana
En la obra de Pavía, las flores tienen una función que va más allá de lo ornamental. Su presencia permite hablar de los ciclos de la existencia, la pérdida y la posibilidad de comenzar de nuevo. “Creo que las flores comenzaron a adquirir ese significado cuando dejé de observarlas únicamente por su belleza y empecé a reconocer en ellas una analogía con nuestra propia existencia. Una flor atraviesa ciclos, se transforma, se marchita y, aun después de desaparecer, deja la posibilidad de un nuevo comienzo. En ese proceso encuentro una profunda semejanza con la experiencia humana”, explica.
“En mi obra, las flores no son elementos decorativos; son vehículos simbólicos para hablar de aquello que ocurre en nuestro interior”, añade.
Entre las especies que aparecen de manera recurrente en su trabajo está el floripondio. “Sus flores parecen suspendidas entre dos mundos: tienen una belleza hipnótica, una forma que recuerda a una campana invertida y una apariencia que podría pertenecer tanto a un jardín real como a un paisaje surgido de un sueño. Me permite cuestionar hasta qué punto la realidad que experimentamos está determinada por nuestra percepción”, señala.
“También me interesa su ambivalencia: detrás de su belleza existe una naturaleza tóxica y potencialmente peligrosa. Esa dualidad me parece profundamente humana. No todo lo que nos atraees inocuo, ni todo lo que nos inquieta carece de belleza. En ese contraste encuentro posibilidades para construir imágenes que oscilan entre lo fascinante y lo inquietante”, dice Pavia.

Del estudio al encuentro con el público
La escala también determina la relación que Pavía establece con sus pinturas. Trabajar en gran formato implica desplazarse alrededor de la obra, observarla desde distintas distancias y participar físicamente en su construcción. La pintura se convierte así en un espacio que envuelve al espectador y establece una relación compartida con quienes transitan por él. En las piezas destinadas a interiores, en cambio, la experiencia es más cercana y prolongada: son obras que pueden acompañar la vida cotidiana y revelar nuevos detalles con el paso del tiempo.
Ambas dimensiones estuvieron presentes en su exposición ADENTRO, habitando lo invisible, presentada en el Centro Cultural Clavijero, en Morelia, Michoacán. La muestra trasladó al espacio museístico una parte del universo que hasta entonces había desarrollado principalmente en su taller.

“Llevar ese universo significó permitir que otras personas entraran en él y lo interpretaran desde sus propias experiencias. Me conmovió descubrir que imágenes que habían nacido de una exploración profundamente personal podían generar vínculos emocionales con personas que no conocían mi historia”, expresó.
“Ver las obras en un contexto museístico también me permitió comprender que, una vez que una pieza sale del estudio, deja de pertenecer exclusivamente a su creadora. El público la completa, la cuestiona y le otorga nuevos significados. Para mí, esa es una de las posibilidades más valiosas del arte: convertir una experiencia individual en un territorio de encuentro colectivo”, continuó.
Un lenguaje que cruza fronteras
Las exposiciones en París, en Galerie L’Espirit d’Escalier, y en Canadá, en Galerie 55, han ampliado las perspectivas desde las que Pavía observa su propio trabajo.
“En México, mi trabajo dialoga con una relación muy profunda con la naturaleza, los símbolos, la muerte, la transformación y lo fantástico. Existe una riqueza cultural que permite convivir con lo extraordinario como parte de nuestra manera de interpretar el mundo”, asegura.
“En ciudades como París, encuentro un contexto en el que resulta especialmente estimulante poner mi obra en diálogo con distintas tradiciones artísticas y con una larga historia de exploración delo simbólico y lo surrealista. En Canadá, la experiencia de presentar mi trabajo ante públicos de otros contextos me permite reconocer nuevas lecturas y descubrir aspectos de las piezas que quizá no había considerado inicialmente”, explica.

El arte también se lleva puesto
La exploración de otros medios ha llevado a Pavía hacia el diseño textil. Con Rosa Blanca, su primera pieza textil de manufactura propia, busca trasladar su lenguaje visual a un objeto que se integra de manera directa en la vida cotidiana.
“Una pintura suele ocupar un espacio que visitamos y contemplamos; una prenda, en cambio, se desplaza con nosotros, entra en contacto directo con el cuerpo y se convierte en una extensión de nuestra identidad. Trasladar mi lenguaje visual al diseño textil me permite experimentar con otras formas de presencia”, comenta. “Para mí, Rosa Blanca abre una conversación entre arte, diseño y vestimenta, sin perder la identidad conceptual que atraviesa mi trabajo”.

Esta incursión no representa una ruptura con su práctica pictórica, sino una ampliación de sus posibilidades. Para decidir qué medio conviene a cada idea, la artista parte de lo que desea comunicar y de la relación que busca establecer con quien observa o utiliza la pieza. Algunas imágenes requieren la atmósfera y la libertad narrativa de la pintura; otras encuentran una expresión más adecuada en un objeto o una prenda.
“Me interesa que cada elemento tenga una razón de existir dentro de la composición, aunque esa razón no siempre sea evidente para el espectador. La investigación ocupa un lugar importante porque mi obra se nutre de diferentes campos, desde la botánica hasta la historia del arte, la psicología y el estudio de los sueños. No necesariamente busco ilustrar conceptos; me interesa que esas referencias se transformen en imágenes propias”, cuenta.
“Pintar requiere disciplina, pero también sensibilidad para reconocer cuándo avanzar, cuándo experimentar y cuándo detenerse”, asegura.

Nuevos territorios para un universo en expansión
De cara a sus próximos proyectos, Carolina Pavía quiere profundizar en la relación entre el mundo natural y el universo interior, así como ampliar las posibilidades materiales y espaciales de su práctica. La memoria, los sueños y los mecanismos de la percepción continúan entre sus intereses, especialmente en ese punto donde lo real comienza a transformarse en algo imaginario.
“En cuanto a mi presencia internacional, me gustaría que mi obra continuara encontrando nuevos espacios de exhibición y que pudiera dialogar con otras perspectivas culturales. Para mí, crecer internacionalmente no significa desprenderme de mis raíces, sino llevarlas a nuevos contextos y descubrir cómo se transforman al entrar en contacto con otras miradas”, confiesa.