Por Carlos Tomasini

Hoy cuando Alexa apaga o enciende las luces de la casa, escuchas música en Google Home a través de Spotify, tienes reuniones por Zoom, haces compras a través de la app de Amazon y ves series de Netflix en un televisor inteligente, ¿qué tanto te podrías desconectar? “Ahorita que algunos podemos seguir trabajando desde casa es difícil desconectarse, pero sí tendríamos que hacer un uso más racional de los recursos porque para muchos en estos momentos es nuestro medio de comunicación, aunque también nos está causando daños en la salud”, advirtió Claudia Rafful Loera, investigadora de la Facultad de Psicología a través de un documento difundido por la Universidad Nacional Autónoma de México. “Aunque, siendo realistas, para muchos de nosotros el teléfono móvil es nuestro reloj y despertador”, aclaró. Y es que, ¿de verdad sabrías cómo comunicarte hoy sin mensajes de WhatsApp o tomarías un directorio impreso para buscar el teléfono de tu restaurante favorito cuando quieres pedir servicio a domicilio o te pararías a cambiar los discos cada vez que quieras escuchar música mientras trabajas?

La realidad es que en 2021 es prácticamente imposible desconectarse de las tecnologías, y conforme avanzan los años, más aspectos de nuestras vidas están relacionados con ellas, como los métodos de pago con solo acercar tu celular a una terminal sin necesidad de encenderlo o hasta en tu refrigerador que se encarga de preparar por ti la lista del supermercado. Por ejemplo, cada vez más padres y madres usan en sus bebés diferentes dispositivos para medir su respiración o monitorearlos cuando duermen. ¿Cuántos niños que todavía no saben leer y escribir ya tienen un iPad en sus manos cuando se acaban de subir a un avión o cuántos preadolescentes se sienten fuera de de cualquier conversación si no han jugado Among Us por lo menos alguna vez?

De acuerdo con un informe de la empresa de tecnologías Cisco, en 2023 habrá 29,300 millones de dispositivos conectados a internet en el mundo, y la mitad de ellos serán dispositivos del internet de las cosas, como smartwatches, focos inteligentes y hasta automóviles o luminarias de mobiliarios urbanos que no funcionan si no están conectados a la red. En contraste, hasta hoy se calcula que existen unas 3,700 millones de personas que todavía no tienen acceso a internet en todo el mundo, aunque para el 2023 esa brecha digital se reduciría para llegar hasta dos de cada tres personas conectadas en el planeta. Y visto en tamaño macro, esas tecnologías y posibilidades de conexión también transformarán actividades como la industria y los servicios, por lo que fábricas enteras podrían automatizarse y hasta monitorearse a distancia, o la comida que se pida a casa ya no llegaría con un repartidor en moto, sino a través de un vehículo autónomo o hasta un dron. Y no, no es ciencia ficción. Inclusive la tendencia en muchas de las grandes ciudades del mundo es que solo haya vehículos eléctricos dentro de algunos años y parte de ellos serán autónomos.

En todos los casos, muchas de las funcionalidades de esos vehículos requerirán conexiones a la red para funcionar. La red 5G —tan polémica en estos días— será el vehículo mediante el cual muchos de esos objetos se conectarán a internet, a la nube y entre sí, por lo que, en ese nuevo panorama, será imposible sobrevivir desconectados.

EL NUEVO CAMPO DE BATALLA

El confinamiento obligado por la pandemia aceleró la adopción digital en muchos hogares del mundo, y hoy mucha más gente que hace un año trabaja y estudia de manera remota, se entretiene con eventos online y tiene nuevos dispositivos en casa para vivir cómodamente. “A medida que el COVID-19 impacta en todos los aspectos de nuestro trabajo y nuestra vida, hemos visto una transformación digital de dos años en dos meses”, declaró en mayo Satya Nadella, CEO de Microsoft. Así que no hay vuelta atrás, tenemos que aprender a vivir conectados, con todos los retos que eso implica, como en temas de privacidad y seguridad, donde, por cierto, todavía la humanidad tiene mucho que aprender.

En un foro tecnológico realizado hace un par de años en San Francisco, Jeh Johnson, ex Secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, dijo: “Sin lugar a duda, el ciberespacio es el nuevo campo de batalla”, refiriéndose a que las nuevas amenazas en el mundo están online, es decir, el próximo “11 de septiembre” podría llevarse a cabo en la red. Sin embargo, las personas todavía necesitan estar mejor preparadas en el uso de las tecnologías para estar seguras, empezando por aspectos sumamente básicos: por ejemplo, de acuerdo con un estudio de la compañía de ciberseguridad Kaspersky, 38% de los latinoamericanos no sabe distinguir un e-mail verdadero de uno falso, o 66% de los mexicanos desconoce cómo detectar una fake news. Y a eso hay que sumar cuántas personas saben mantener actualizado el software de sus dispositivos, cuántas tienen un password lo suficientemente robusto para no ser hackeadas o cuántas protegen su dispositivo con reconocimiento facial o huella digital.

¿ADICCIÓN?

Aunque se habla y escribe mucho al respecto, la realidad es que nadie ha definido exactamente cuánto es “pasar mucho tiempo” conectado a redes sociales, juegos, aplicaciones o videojuegos, pero lo que sí se sabe es que puedes tener un problema si eso interfiere con otras actividades como estudiar, trabajar, dormir o comer. Un estudio de la de la escuela Annenberg de Comunicación y Periodismo de la Universidad del Sur de California, reveló que 75% de los jóvenes mexicanos dice que utilizan todo el tiempo el celular, 50% contesta de inmediato los mensajes o notificaciones y 35% despierta en las madrugadas para saber si recibió un mensaje.

En cuanto a los padres de familia, ese mismo estudio encontró que 71% de ellos revisa el celular todo el tiempo o, por lo menos, durante una hora al día. Asimismo, en la investigación académica “Problemática del uso de internet: Propuesta de clasificación y criterio de calificación” se define el concepto de “ciberadicción” como “la preocupación maladaptativa por el uso de internet, tal como experimentar una urgencia irresistible de usar internet, y el uso de internet más tiempo del previsto que genera problemas en las áreas social, ocupacional y demás áreas fundamentales”. ¿Te ha pasado? Ese mismo documento académico advierte que una consecuencia del uso indiscriminado de internet podría provocar problemas, por ejemplo, de insomnio, tanto por alargar los tiempos de conexión hasta altas horas de la madrugada como por la escasez de horas de sueño y la dificultad a la hora de levantarse por la mañana.

Al respecto, Satya Nadella explicó que, por las noches, la luz de las pantallas afecta a la salud en general. Por ello, para tener higiene del sueño es recomendable dejarlas a un lado al menos media hora antes de dormir. Asimismo, la especialista en salud mental recomendó ser conscientes del tiempo que se pasa en las distintas actividades que se realizan en las pantallas —como trabajo, redes sociales, juegos o recreación— para identificar si su uso es excesivo, pues muchas veces no se es consciente del tiempo de utilización. Es un tema que debe tomarse en serio, inclusive en actividades que podrían parecer no tener riesgos, como ver series. Un estudio realizado en España con especialistas de instituciones como el Hospital Universitario de Bellvitge-IDIBELL y el Instituto Salud Carlos III reveló que los “maratones” de series interfieren en el sueño de 39.1% de las personas, perturba la realización del trabajo de 32.3% y provoca conflicto con los demás en 28.1%.

SE PARECE TANTO AL AMOR…

En muchos casos, el confinamiento también obligó a que el internet fuera el único medio de contacto con otras personas, lo cual, a su vez, podría generar algo así como una adicción. Desde hace varios años, diversos estudios —como el de Paul J. Zak, de la Universidad de Claremont— han detectado que los likes de las redes sociales tienen un efecto directo en la dopamina. ¿A qué se refiere esto? La dopamina es uno de los neurotransmisores que usan las neuronas para comunicarse y es una sustancia que produce sensaciones en el ser humano y, por lo tanto, altera las emociones, aumentando los niveles de serotonina y oxitocina. Esto, a su vez, aumenta los niveles de adrenalina, afectando ciertas reacciones del organismo. En resumen: los likes de las redes sociales generan en las personas algo muy parecido a las caricias, los besos y el amor.

El problema es que el consumo excesivo de las redes sociales podría generar altos índices de dopamina en los individuos, empujándolos a conductas adictivas porque cada vez buscarán sentirse todavía mejor (¿quién no quiere más caricias, besos y amor?), aunque cada vez encontrarán menores satisfacciones en los seguidores de TikTok y likes de Instagram. Al respecto, Rafful Loera advirtió que si una persona pasa más de una hora en las redes sociales, eso ya podría considerarse sobreexposición. “Cuando los individuos contabilizan el tiempo que pasan en redes sociales, se dan cuenta de que son demasiadas las horas de uso diario, sobre todo si se tienen las notificaciones activadas”, explicó. De acuerdo con Statista, un portal especializado en estadísticas mundiales, a nivel global hay 4,000 millones de usuarios de smartphones, por lo que ya son una parte importante de las actividades de las personas en el planeta, ¿cuántos de ellos estarán conscientes de todo lo que implica permanecer conectados? Por ahora, prácticamente no existen instrumentos formales que eduquen a las personas en el uso consciente y responsable de las tecnologías, pero definitivamente será algo indispensable para el futuro de la humanidad.

*IMÁGENES: Getty Images
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