FENDI presenta una nueva historia visual para la colección Fall/Winter 2026-27, la primera de Maria Grazia Chiuri para la Maison, capturada por la fotógrafa Jo Ann Callis. A través de una narrativa que explora la complejidad de las relaciones humanas, las imágenes retratan el delicado equilibrio entre el deseo de conectar con los demás y la necesidad de preservar la propia intimidad. 

Inspirada en la idea de un guardarropa compartido, la colección pone en diálogo las propuestas femeninas y masculinas, resaltando sus similitudes y contrastes mediante gestos, miradas y la tensión de la cercanía. 

La diseñadora eligió la capital italiana para presentar la colección en uno de sus museos favoritos, la Galleria Nazionale d’Arte Moderna e Contemporanea, coincidiendo con la inauguración de una reproducción de una exposición sobre la marca de 1985, concebida por Karl Lagerfeld.

“Fendi es una marca táctil y delicada, porque nació como peletería, así que el material es fundamental. A menudo, cuando pensamos en alta costura, pensamos en formas y líneas, ya que los materiales no influyen, pero en Fendi es al revés, porque la alta costura de la marca partió de un material específico y no de la forma o la confección”, dijo Maria Grazia al presentar la colección. “La única manera de hacer alta costura en Fendi es alinear sus valores y elementos esenciales, con formas que se adaptan a los materiales. Es bastante singular en este sentido”.

Ella cree que “quienes se acercan a la alta costura buscan la experiencia de la ropa sobre el cuerpo y no se dejan influenciar por las imágenes”. Sin duda, sus diseños son prendas para ser apreciadas por su elegancia, aunque Chiuri también se permitió algunas transparencias sensuales.

Así como las hermanas Fendi —Paola, Alda, Carla, Franca y Anna— deconstruyeron los abrigos de piel tradicionales en las décadas de 1960 y 1970, Chiuri se esforzó por ofrecer prendas que no limitaran el movimiento, que “envolvieran el cuerpo”, según sus propias palabras, y que fueran lo más ligeras posible, como un vestido de georgette con incrustaciones de tiras de cuero blanco y negro, otro material fundamental de la casa. “Este vestido es un ejemplo de alta costura; debe confeccionarse y adaptarse a cada cuerpo en particular, de lo contrario, este motivo gráfico no se ubicaría en el centro”, señaló Chiuri.

El kimono fue un punto de partida, reinterpretado en chamarras con detalles sartoriales y abrigos para mujer y hombre —continuando con el concepto de vestuario compartido de su colección prêt-à-porter de otoño— en terciopelo o piel granulada y forrados en seda. Los suaves drapeados contribuyeron a crear siluetas y los cortes dramáticos ayudaron a lograr abrigos y capas ligeros; estas últimas, una clara referencia a la iconografía papal tan ligada a Roma. 

“Mi intención era crear alta costura para la actualidad, para las mujeres de hoy, porque las hermanas Fendi siempre representaron a la mujer contemporánea; esa era su actitud. Trabajé con todas ellas, y aún hoy se aprecia esa actitud contemporánea. No son nostálgicas, viven en su tiempo. Para mí, son un referente sobre cómo afrontar la vida. Su trayectoria no está tan alejada de la mía”, añadió Chiuri en el comunicado, quien inició su carrera en Fendi en 1989, antes de pasar a Valentino y luego a Dior.