La perfumería atraviesa una transformación impulsada por la Generación Z, un grupo que ha modificado tanto la forma de consumir fragancias, como la manera en que se conciben, se comunican y se usan. Este año, el perfume deja de ser un accesorio estático asociado únicamente a la elegancia o a ocasiones especiales, para convertirse en una extensión más personal de la identidad.

Durante décadas, la industria promovió la idea de una fragancia única pensada para acompañar a una persona de forma constante. La Generación Z rompe con ese concepto y adopta el perfume como un recurso variable, ligado al estado de ánimo, al contexto o incluso al momento del día. Hoy es habitual alternar varias fragancias según la rutina, sin que exista la obligación de fidelidad a una sola marca o composición.

Composiciones no convencionales

Uno de los cambios más visibles está en la estructura olfativa. La Generación Z muestra preferencia por notas que antes se consideraban poco comerciales: acordes salinos, metálicos, lácteos, ahumados o inspirados en objetos y lugares cotidianos. Estas combinaciones se alejan de las pirámides clásicas demasiado previsibles y apuestan por experiencias sensoriales más abstractas, que no siempre buscan agradar de inmediato, sino generar curiosidad y conversación.

Fragancias sin género

La idea de perfumes claramente “femeninos” o “masculinos” pierde relevancia frente a una visión más abierta. Para la Generación Z, el aroma no define identidad de género, sino gusto personal. Esta postura ha impulsado el auge de fragancias unisex o directamente sin etiquetado, donde la elección se basa en afinidad olfativa y no en códigos tradicionales. 

Consumo consciente

La Generación Z también está transformando los formatos. Los perfumes en tamaños pequeños, roll-on o sprays de viaje ganan terreno frente a los frascos grandes y permanentes. Esta preferencia se debe tanto a un consumo más práctico como a una lógica de experimentación constante. Además, existe una mayor atención a aspectos como sostenibilidad, fórmulas más limpias y empaques responsables, elementos que influyen directamente en la decisión de compra.

Con todas estas características, el perfume se integra a la rutina diaria como un gesto personal. Se aplica en casa, antes de dormir o como parte de un ritual propio, sin necesidad de validación externa.