Moda
Para Maria Grazia Chiuri, el cuerpo es el punto de partida para construir su proyecto en FENDI. Más que entenderlo como una estructura que la ropa debe moldear, la diseñadora lo plantea como un espacio de libertad emocional, deseo y reconocimiento. El resultado es una colección que observa los cuerpos contemporáneos en toda su complejidad, fuertes y frágiles al mismo tiempo, y explora la relación entre lo masculino y lo femenino.
La ropa aparece como una segunda piel, cercana y permeable a las emociones. Una idea que encuentra inspiración en el poema de E. E. Cummings y en la relación entre dos cuerpos que se reconocen a través del contacto.
La ropa interior como punto de partida
La colección comienza con la ropa interior, tanto masculina como femenina, entendida como una capa ligera que puede ocultar o revelar el cuerpo. Chiuri la transforma mediante encajes, bordados y una variedad de colores que celebran la posibilidad de mostrarse desde el placer, la ironía y la seguridad.
En este universo aparece también Raffaella Carrà, figura fundamental de la cultura pop italiana, como símbolo de una actitud subversiva frente a las convenciones. Sus trajes de escenario y su manera de abordar el deseo, la independencia y la identidad se convierten en una referencia para una colección que entiende la moda como una herramienta de expresión personal.


Un espejo para multiplicar los cuerpos
El espejo se convierte en otro de los elementos centrales de la propuesta. Habitualmente asociado con un momento íntimo de reconocimiento individual, aquí funciona como un mecanismo para multiplicar las identidades.
La referencia al Cubo di specchi de Luciano Fabro lleva esta idea a la pasarela: una estructura de espejos que obliga a quienes la observan a encontrarse con su propio reflejo y, al mismo tiempo, descubrir a los demás dentro de él. Las figuras de Raffaella Carrà, Adriano Celentano y los bailarines de Prisencolinensinainciusol forman parte de este imaginario de cuerpos que se observan, se mezclan y se reconocen.

Sin jerarquías entre masculino y femenino
Las prendas siguen la misma lógica de mezcla. Diferentes capas, longitudes, materiales y texturas conviven sin establecer jerarquías. Brillante y mate, ligero y pesado, seda y estampado animal, encaje, bordados e intarsia construyen una propuesta donde los contrastes son parte esencial del lenguaje.
Las prendas también pierden sus límites tradicionales. Una bata puede salir del espacio doméstico para convertirse en una pieza de calle, mientras el terciopelo, el pergamino, el punk y los códigos burgueses conviven en un mismo guardarropa. Los zapatos joya completan una propuesta que evita las categorías rígidas.

Para Chiuri, hombres y mujeres se relacionan desde la igualdad y la vestimenta deja de estar determinada por el género. El resultado es una celebración del cuerpo en movimiento, donde la ropa no busca contenerlo, sino acompañar su libertad.
