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En una sala del Colegio de San Ildefonso, más de 200 arquitectas mexicanas aparecen reunidas en un mismo espacio. Sus nombres, proyectos, investigaciones, fotografías, planos, maquetas y publicaciones construyen una presencia que durante mucho tiempo permaneció fragmentada dentro de la historia de la arquitectura en México. Entretejidas. Arquitectas mexicanas. Presente, pasado y futuro, curada por Zaida Muxí Martínez como parte de MEXTRÓPOLI 2026, propone precisamente mirar esa historia de otra manera. La exposición se presenta del 17 de septiembre al 6 de diciembre de 2026.
La muestra parte de una pregunta aparentemente sencilla: ¿cuántas arquitectas han construido, pensado, investigado y transformado los espacios que habitamos? La respuesta es mucho más amplia de lo que la narrativa tradicional suele hacer visible. Para Muxí, quien desde hace más de dos décadas trabaja en la visibilización de las mujeres en la arquitectura, el objetivo no era reunir únicamente a las figuras más conocidas, sino mostrar la dimensión de una comunidad profesional que existe, trabaja y ha estado presente durante generaciones.

Por eso, Entretejidas no pretende funcionar como una tesis definitiva ni como un catálogo cerrado. La propia exposición reconoce que no están todas. México es demasiado extenso y la información sobre muchas arquitectas continúa centralizada o dispersa. Algunas quedaron fuera simplemente porque sus trayectorias no han sido publicadas, documentadas o suficientemente difundidas. Frente a esa ausencia, la muestra plantea algo poco habitual: que el tejido puede seguir creciendo. La línea del tiempo está pensada como una estructura abierta, susceptible de incorporar nuevas historias y nuevas arquitectas.
El tejido no es solamente una metáfora estética. Es la idea que sostiene toda la exposición. Urdimbre y trama hablan de vínculos, de continuidad y de una construcción colectiva en la que cada hilo tiene una función. En palabras de Muxí, no existe un hilo más importante que otro: todos son necesarios. La imagen también recupera una historia particularmente vinculada con las mujeres. Durante siglos, los bordados, textiles, telares y otras prácticas relacionadas con el tejido fueron asociados con espacios femeninos y, en consecuencia, muchas veces considerados expresiones menores frente a las disciplinas legitimadas por las instituciones culturales.
Aquí, esa relación cambia de sentido. Tejer deja de ser una actividad secundaria para convertirse en una forma de explicar cómo se construye una historia compartida.

La exposición también cuestiona los mecanismos mediante los cuales las mujeres han sido borradas de los relatos profesionales. No siempre se trata de una desaparición evidente. Puede ocurrir cuando una arquitecta queda reducida a una función considerada menor, cuando aparece como colaboradora en lugar de autora, cuando su nombre se minimiza o incluso cuando una inicial sustituye su nombre completo en una bibliografía. Son formas aparentemente pequeñas de invisibilización que, acumuladas, terminan modificando quién aparece como protagonista de la historia.
En ese sentido, Entretejidas no busca demostrar que las arquitectas producen una arquitectura determinada por su género. Su intención es mucho más directa: demostrar que son muchas y que su presencia en la disciplina no puede seguir tratándose como una excepción. La diversidad de sus prácticas lo confirma. Diseñan edificios, pero también investigan, escriben, enseñan, conservan patrimonio, trabajan con fotografía, urbanismo y otras formas de pensamiento arquitectónico.
Que esta conversación ocurra en San Ildefonso tampoco es un detalle menor. El antiguo colegio, uno de los espacios educativos y culturales más significativos de la Ciudad de México, está profundamente asociado con una narrativa histórica construida alrededor de grandes figuras y, particularmente, de representaciones masculinas. Colocar allí a más de 200 arquitectas modifica la experiencia del edificio. La presencia deja de ser excepcional.

Quizá esa sea una de las preguntas más poderosas que propone la exposición: ¿por qué nos sorprende entrar a un espacio y encontrar cientos de mujeres cuando no nos sorprende encontrar cientos de hombres?
Para las nuevas generaciones, esa visibilidad puede significar algo todavía más profundo. Encontrar referencias permite comprender que una trayectoria profesional no comienza con ellas. Que antes hubo otras. Que es posible ejercer la arquitectura desde múltiples caminos y construir una vida profesional sin responder a un único modelo.
Al final, Entretejidas no busca cerrar una historia, sino abrirla. Su verdadero tejido está en constante construcción: cada arquitecta suma un hilo, cada investigación recupera otro y cada nueva generación puede incorporar los propios. La exposición propone mirar hacia el pasado sin convertirlo en una pieza terminada y mirar hacia el futuro entendiendo que todavía queda mucho por nombrar.
Porque quizá el objetivo final no sea tener una exposición dedicada exclusivamente a mujeres, sino llegar a un momento en que sus nombres formen parte, de manera natural, de la historia completa de la arquitectura mexicana.