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El tequila atraviesa uno de sus momentos de mayor reconocimiento internacional, ya que cada vez existe mayor interés por conocer su origen, el tiempo de maduración del agave, los métodos de cocción y fermentación, el tipo de barricas utilizadas y, sobre todo, las características que distinguen a una botella pensada para beberse lentamente.
De hecho, el tequila actualmente se encuentra entre las categorías de bebidas espirituosas con mayor crecimiento y reconocimiento global, posicionándose además como uno de los grandes símbolos culturales de México.
Por eso, comenzar una colección de tequila puede ser similar a construir una pequeña cava: conviene buscar expresiones diferentes entre sí y botellas que cuenten algo sobre la evolución de esta bebida. Desde casas históricas hasta proyectos nuevos que experimentan con maderas poco convencionales, estas cuatro etiquetas representan distintas maneras de interpretar el agave mexicano.
Casa Dragones, tequila mexicano pensado para degustarse

Casa Dragones nació en 2009 de la colaboración entre Bertha González Nieves, primera mujer certificada como Maestra Tequilera por la Academia Mexicana de Catadores de Tequila, y el empresario Robert W. Pittman. Desde el principio, la intención fue cambiar la percepción del tequila como una bebida para tomar rápidamente y desarrollar expresiones concebidas para degustarse lentamente y acompañar comida.
Para una colección, Casa Dragones Joven es probablemente su botella más representativa. Se elabora en pequeños lotes mediante una mezcla de tequila blanco 100% agave azul y tequila extra añejo reposado en barricas nuevas de roble americano. Su perfil incluye aromas florales y cítricos con agave cocido, notas de vainilla, pera y especias, y un final cálido con recuerdos de avellana. Además, cada decantador de cristal es grabado, etiquetado, numerado y firmado a mano, convirtiendo el diseño de la botella en parte de su atractivo.
También está Casa Dragones Reposado Mizunara, el primer tequila reposado exclusivamente en barricas nuevas de Mizunara, el raro roble japonés tradicionalmente utilizado para añejar whisky. Presenta aromas de flor de naranjo, magnolia, miel y sándalo, sabores de roble, butterscotch y chabacano, y un final prolongado con café y especias suaves.
The Lost Explorer Reposado, cuando el tiempo se convierte en ingrediente

Uno de los tequilas más recientes para considerar es The Lost Explorer Tequila Reposado, presentado en México este mes agosto. La expresión fue desarrollada por el Maestro Tequilero Enrique de Colsa después de dos años de experimentación, partiendo del tequila Blanco de la marca y utilizando el añejamiento para aportar complejidad sin ocultar el carácter del agave.
Su mayor particularidad está en el uso de tres tipos de barrica. Las barricas de Château Riussec, utilizadas previamente para vino Sauternes y elaboradas en roble francés de Bordeaux, aportan suavidad y notas de pasas e higo. Las de Jerez Pedro Ximénez, de roble americano, incorporan frutos maduros y secos y un final prolongado. Finalmente, las barricas de bourbon procedentes de Kentucky proporcionan estructura, vainilla, humo y roble tostado.
The Lost Explorer produce sus destilados con 100% agave y sin aditivos; su tequila se elabora en la destilería artesanal El Magnífico, cerca de Arenal, Jalisco y se comercializa en botella de 750 mililitros.
Tequila Herradura, una botella con historia

Una colección también debería reservar espacio para una casa que ha documentado la evolución histórica de este elixir mexicano. Casa Herradura fue fundada en 1870 en Amatitán, Jalisco, y se encuentra entre las casas tequileras más antiguas de México. Su importancia es evidente cuando hablamos de tequila reposado: en 1974 creó el primer Tequila Reposado comercial del mundo, estableciendo una categoría que hoy resulta fundamental para la industria.
Su proceso comienza con Agave tequilana Weber variedad azul, cosechado manualmente cuando alcanza su punto óptimo de maduración. Posteriormente se cocina lentamente en hornos tradicionales de mampostería. Uno de sus elementos distintivos es la fermentación 100% natural: las distintas cepas de levadura presentes en el entorno de Casa Herradura participan en una fermentación de tres días antes de la destilación. Finalmente, las diferentes expresiones pasan por barricas de roble para desarrollar su carácter.
Por esa historia, Herradura Reposado tiene un significado especial dentro de una colección, ya que es una referencia ligada directamente al nacimiento comercial de esta categoría. La casa mantiene desde hace más de 155 años procesos que combinan cosecha manual, fermentación natural y añejamiento.
ENTREMANOS Blanco, para volver al sabor del agave

Frente a las expresiones reposadas y añejadas, un buen tequila blanco permite apreciar el agave con mucha mayor claridad. ENTREMANOS apuesta precisamente por una producción artesanal en pequeños lotes y por un tequila elaborado exclusivamente con 100% agave azul, cuya planta espera entre cinco y siete años para alcanzar la madurez antes de ser utilizada. Su proceso también contempla cocción lenta y fermentación ambiental pausada.
Su Tequila Blanco es cristalino, brillante y con reflejos plateados, y presenta agave cocido, frutos secos y notas herbales y cítricas. En boca destaca por su suavidad y cuerpo, mientras que el final es prolongado y conserva el carácter dulce del agave horneado y caramelizado. La recomendación del Maestro Destilador Jaime Villalobos Sauza es precisamente disfrutarlo lentamente.
La filosofía de ENTREMANOS también es de destacar. La marca se construye alrededor de tres principios —honestidad, disfrutar “a trago lento” y conciencia social— e incorpora entre sus objetivos el impulso a las mujeres dentro de la industria tequilera a través de Cultivando Lazos A.C.
Don Julio 1942, un clásico del tequila de lujo
Hay botellas que han terminado convirtiéndose en símbolos de una categoría, y Don Julio 1942 es una de ellas. Elaborado con 100% agave azul Weber y producido en pequeños lotes, este tequila fue creado como homenaje a 1942, el año en el que Don Julio González comenzó su trayectoria como productor de tequila.
Su maduración de un mínimo de dos años y medio explica buena parte de su perfil. En nariz aparecen caramelo y chocolate; en boca, roble cálido, vainilla y agave tostado, mientras que el final mantiene notas prolongadas de roble y vainilla. Es precisamente uno de esos tequilas pensados para disfrutarse solo o con hielo, dejando que la temperatura y el tiempo permitan descubrir progresivamente sus características.
Una colección para beber con calma
Y precisamente aquí está el atractivo de construir una buena colección: no se trata necesariamente de acumular las botellas más caras, sino de reunir tequilas que permitan comparar agaves, procesos, tiempos y barricas. Abrirlas, probarlas lentamente y descubrir sus diferencias es mucho más interesante que dejarlas intactas en una repisa. Al final, una buena colección también puede convertirse en una forma de recorrer Jalisco y entender una de las tradiciones mexicanas con mayor presencia en el mundo, un trago a la vez.