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A veces, crecer no consiste en encontrar respuestas, sino en atreverse a formular preguntas nuevas. Para Ana Brenda Contreras, convertirse en madre abrió una etapa de cuestionamientos que trascendió lo personal y encontró una forma de compartirse con otros. Ella, sin filtros nació desde esa inquietud: desde las conversaciones que muchas veces quedan pendientes, las preguntas que no siempre sabemos a quién hacer y la necesidad de mirar de frente aquello que nos atraviesa.
Lo que comenzó como una inquietud profundamente personal hoy encuentra una nueva dimensión. En su segunda temporada, Ana Brenda abre el espacio del podcast a invitados con quienes comparte conversaciones que no buscan respuestas definitivas ni pretenden convertirse en entrevistas tradicionales. Son encuentros alrededor de aquello que nos importa, nos incomoda, nos confronta o simplemente nos da curiosidad.

“Ella, sin filtros nace desde un lugar muy personal, desde la curiosidad de cuestionarme las cosas y también de abrir conversaciones”.
Después de convertirse en madre, asegura, aparecieron nuevas preguntas y una necesidad de hablar de temas que muchas veces permanecen fuera de la conversación entre amigas: el dinero, la independencia económica, la salud mental, la salud física, las relaciones o la vida profesional.
Su manera de acercarse a estas conversaciones también habla de una transformación personal. Ana Brenda Contreras ya no siente la misma necesidad de protegerse del juicio ajeno.

No porque haya dejado de existir el juicio, sino porque aprendió que siempre estará presente. “Como mujeres aprendemos a vivir con eso. Entonces, mejor ponerlo ahí y abrir la conversación”.
Esa disposición a mostrarse también modifica su manera de escuchar. Los invitados de esta nueva temporada no están ahí para contar una historia de vida, sino para encontrarse con ella alrededor de algo que ambos quieran cuestionar. “No son entrevistas”, aclara. Son conversaciones que pueden comenzar desde un tema aparentemente concreto y terminar en lugares mucho más personales. Porque cuando dos personas se atreven a escucharse de verdad, inevitablemente algo propio termina apareciendo.
“Honestamente, ya no me incomoda nada. Le he perdido mucho miedo a muchas cosas”
En ese sentido, el público también forma parte de la conversación. Después de la primera temporada, sus comentarios, preguntas e historias comenzaron a marcar el rumbo de lo que vendría. Ana Brenda Contreras incluso invitó a su audiencia a compartir aquello que estaban viviendo, desde problemas cotidianos hasta cuestiones amorosas, no para decirles qué hacer, sino para convertirlos en esa tercera persona que se sienta a tomar un café con ellas.

Quizá por eso, vivir “sin filtros” no significa para ella decirlo todo. Significa algo más íntimo: encontrar la propia voz y dejar de hacerla más pequeña para que otros estén cómodos. “Se trata de encontrar tu fuerza, encontrar tu voz y no tener miedo de utilizarla.”
Esa idea adquiere una dimensión todavía más profunda cuando habla de su hija. Convertirse en madre de una niña transformó también la manera en que entiende su propia responsabilidad. “Una de las cosas que tengo como responsabilidad con mi hija es utilizar mi voz y abrir estos espacios donde ella pueda crecer en un mundo donde, como mujer, sepa que puede hacer lo que quiera.”
Ana Brenda no pretende tener todas las respuestas. De hecho, quizá esa sea precisamente la esencia de Ella, sin filtros. Preguntar sin la necesidad de llegar siempre a una conclusión. Escuchar sin intentar tener la razón. Permitirse cambiar de opinión. Y entender que una conversación puede ser valiosa simplemente porque nos deja pensando.
“Yo me cuestiono todo en la vida”, confiesa.
Y en esa frase parece estar también la razón por la que este proyecto sigue creciendo. Porque después de todo, quizá vivir sin filtros no consiste en mostrarse completamente ante los demás, sino en aprender a escucharse con mayor honestidad.