Con apenas unos días al aire, Entre padre e hijo ya se convirtió en uno de los fenómenos más comentados de Netflix. La microserie logró posicionarse durante dos días consecutivos como número uno mundial y continúa dentro del top cinco global, dejando ver que el experimento narrativo de Netflix – historias más cortas, ágiles y adictivas – sí está conectando con las nuevas audiencias.

En el centro de esta producción se encuentra Pamela Almanza, actriz que después de construir una carrera sólida en televisión, teatro y cine, vive hoy uno de los momentos más importantes de su trayectoria gracias a este protagónico que están viendo millones de espectadores, y que plantea una conversación sobre el futuro del entretenimiento.

En entrevista exclusiva para Grazia México y Latinoamérica, Pamela nos cuenta sobre Bárbara, el personaje que protagoniza la historia; del frío que vivió durante las grabaciones; de lo extraño y emocionante que fue trabajar en un formato tan acelerado y de cómo las nuevas generaciones están transformando por completo la manera de consumir contenidos.

“Creo que la historia es muy adictiva”, dice Pamela de inmediato al intentar explicar el éxito de la serie. “Tiene elementos de thriller, de suspenso, que te dejan picada todo el tiempo. Quieres resolver lo que está pasando junto con los personajes”.

Y sí, el formato tiene mucho que ver en esta serie que también es protagonizada por Erick Elías, Graco Sendel, Natalia Plascencia e Ivanna Castro.

La era de las historias rápidas

La gran apuesta de Netflix con Entre padre e hijo fue precisamente el formato de microserie: capítulos breves, consumo veloz y una narrativa diseñada para enganchar desde el primer minuto. Para Pamela, este fenómeno responde directamente a lo que está ocurriendo con las audiencias actuales.

“Creo realmente que mucha gente tiene menos tiempo de ver cosas o está buscando contenido que pueda empezar y terminar”, explica. “La gente quiere sentarse, empezar a verlo y acabarlo sin tener que esperar un año para una siguiente temporada”.

Pero lo más curioso, dice, es la contradicción emocional que provoca en el espectador.

“Sí creo que se quedan con ganas de más. Mucha gente me escribe en redes sociales preguntando por qué los capítulos son tan cortitos o diciendo que ya quiere segunda temporada. Pero justamente eso hace que sigan viendo el siguiente episodio y luego el siguiente. Es como un híbrido raro: quieren más, pero se lo terminan completo en una sentada”, asegura Pamela.

La actriz reconoce que todavía es pronto para saber si las microseries llegaron para quedarse definitivamente, aunque el éxito global parece apuntar a que sí podrían convertirse en una nueva manera de consumir ficción.

“No sé si sea una moda o si realmente se convierta en una nueva forma de contar historias. Pero evidentemente hay una atracción por el formato. No por nada estuvimos dos días seguidos en el número uno mundial. Eso es enorme”.

Bárbara: una mujer guiada por la pasión

En la serie, Pamela interpreta a Bárbara, un personaje que describe como profundamente visceral, impulsivo y dominado por sus deseos.

“Hay dos frases que la describen perfecto”, comparte. “La serie inicia con una reflexión sobre qué pasó después y termina con ella diciendo: ‘Yo nunca me arrepiento de nada’. Eso es Bárbara”.

Para la actriz, el personaje representa a una mujer curiosa, impredecible y emocionalmente intensa. “Es una mujer que se deja llevar por sus pasiones. Hace todo desde un lugar muy visceral, casi sin pensarlo”.

Pero construir a Bárbara no fue sencillo. Y no precisamente por las emociones del personaje, sino por las exigencias del propio formato. Pamela explica que el proceso de grabación fue tan acelerado que muchas veces tuvo que completar creativamente la información emocional que no aparecía escrita en los guiones.

“Como actriz tuve que llenar muchos huecos para justificar ciertas emociones y darle profundidad al personaje”, cuenta. “Los cambios emocionales eran súper rápidos. De pronto era: se voltean a ver y ya están enamorados o completamente enganchados emocionalmente. Y lograr que eso se sintiera orgánico fue complicado”.

El frío que se metió hasta los huesos

Pamela reconoce que las condiciones físicas de grabación también marcaron profundamente su experiencia con esta producción. La microserie se filmó en locaciones como El Ajusco y Tepeji del Río en pleno invierno, enfrentando bajas temperaturas que complicaron enormemente las jornadas de filmación.

“Hacía muchísimo frío. Yo soy muy friolenta y literalmente no podía dejar de temblar”, recuerda. “Me quitaba la chamarra para grabar y tenía que intentar controlar el temblor del cuerpo y hasta de la mandíbula”.

La actriz asegura que nunca había experimentado algo similar. “Era de ese frío que se te mete a los huesos y ya no puedes ni pensar. Sí fue muy difícil”.

Además, recuerda que en una de las casas donde grabaron había algo en el ambiente que provocaba una tos constante en todo el equipo.

“No solo los actores; el director, el crew… todos estábamos tosiendo todo el tiempo. Y eso hacía todavía más complicado concentrarse en escenas tan intensas”.

Un nuevo capítulo en su carrera

Más allá de Entre padre e hijo, Pamela Almanza atraviesa una etapa de expansión profesional. Tras años participando en producciones como Rosario Tijeras, Rebelde y Cómo sobrevivir soltero, hoy también explora nuevas facetas creativas.

Actualmente se encuentra cerrando temporada de la obra ¡Qué desastre de función!, que describe como un gran éxito, y además está por debutar en un territorio completamente nuevo para ella: las telenovelas.

“Voy a incursionar por primera vez en novelas”, adelanta emocionada. “Nunca había hecho una, entonces estoy muy emocionada”.