Moda
Hay cenas que se quedan grabadas con las historia que cuentan. Y es el caso de la la colaboración de nueve tiempos en Cascabel que fue exactamente eso: un cruce de caminos entre la Ciudad de México y la frontera norte, donde la memoria y el ingrediente fueron los verdaderos protagonistas.
Por un lado, Lula Martín del Campo (Chef del Año 2024) nos recordó por qué su lema es “menos es más“. Su cocina no necesita trucos; se basa en la pureza del maíz y la sostenibilidad, dejando que el origen del producto hable por sí solo. Frente a ella, Ruffo Ibarra trajo la energía de la corriente “Calibaja“. Su estilo, reconocido en 2024 por la Guía Michelin en Oryx, es un puente perfecto entre Baja California y California: técnico, pero con ese desenfado tan característico del norte.

La cena fluyó como una conversación entre amigos que buscan darle sabor al tiempo, conectar desafíos y crear perspectivas de sabor basadas en la experiencia, las raíces y un sentido de responsabilidad por crecer el legado de un país con riqueza ancestral pero vigente para nuestras audiencias. Empezamos con la interpretación de Ruffo de la ensalada Caesar —con un crumble de hierbas y Parmigiano que le dio un giro total a la textura clásica—, seguida por un Chowder de ostión y maíz de Lula. Este último plato fue, para mí, el resumen perfecto de su cocina: profundo, respetuoso y con un equilibrio que solo se logra con años de oficio.

El recorrido siguió hacia la costa. Ruffo presentó una Langosta Puerto Nuevo con su tortilla de harina y frijoles, un bocado que te transporta directo a Baja. Lula respondió con un Cocido de mejillones con chorizo y elote, una combinación arriesgada donde el ahumado y el dulzor se mezclaron de forma envolvente.

Uno de los puntos más altos de la noche fue Chinesca, el plato de Ruffo que rinde homenaje a la fusión cultural de Mexicali. El pato madurado con arroz meloso y papada de cerdo es de esas ejecuciones técnicas que no se olvidan fácil. Para cerrar, Lula nos entregó una Cazuela de chocolate, un postre que se siente como un abrazo: elegante, pero sobre todo, reconfortante.

Al final, más allá de los premios y las estrellas, lo que quedó claro es que la cocina mexicana está en un momento increíble de introspección. Ver a dos talentos como Lula y Ruffo colaborar de esta manera demuestra que el futuro de nuestra gastronomía no se trata de quién destaca más, sino de cómo compartimos el origen y la técnica.

En Cascabel, esa historia se escribió con maíz y mar, recordándonos que el verdadero significado de los sabores y las técnicas se comparten en una buena mesa.
