Moda
Estamos próximos a la semana del arte, y es por esto que decidimos entrevistar al artista Diego de Romay, quien con su su mirada creativa nos habla de sus proyectos y su forma de concebir el arte, y el mundo. En exclusiva para Grazia Arte, platicamos con de Romay.

Para Diego de Romay, el arte no es solo contemplación: es una forma de habitar el mundo, de vestir los espacios y de construir una identidad estética. Su mirada creativa nace del contraste entre dos universos que hoy conviven con naturalidad en la moda: la estructura europea y la sensibilidad latinoamericana.
“Haber crecido en México y formarme fuera me dio, desde muy temprano, una conciencia profunda del contraste”, explica.
“Por un lado, una educación estructurada en Inglaterra, con referencias históricas muy claras; por otro, una relación mucho más intuitiva con el entorno en México, marcada por la naturaleza, el ritmo del clima y la observación directa”.
Esa dualidad se traduce en piezas que funcionan como declaraciones de estilo: objetos que no solo decoran, sino que expresan una forma de vivir.

“Mi creatividad nace precisamente de esa tensión entre mundos que parecen opuestos, pero que para mí siempre han sido complementarios”, afirma. “Es desde esas preguntas —más que desde las respuestas— que surgen mis piezas”.
Durante sus años de estudio en el extranjero, regresar al sureste de México se convirtió en una necesidad vital. “Volver era una forma de equilibrar ambas realidades y, sin darme cuenta, también de comenzar a entenderme mejor”, comparte. Fue ahí donde su conexión con la cultura maya surgió desde la convivencia, no desde la teoría. “Me interesó profundamente la manera en que el conocimiento se transmite a través de la práctica, del hacer, y no necesariamente de la teoría”.
Ese contacto con una visión del mundo profundamente ligada a la tierra influyó en su estética: piezas que hoy dialogan con el universo del diseño, el interiorismo y la moda, donde el lujo se define por la autenticidad y la historia detrás de cada objeto.
La naturaleza como tendencia atemporal
En un momento en el que la moda apuesta por lo orgánico, lo esencial y lo consciente, la relación de Diego con la naturaleza se siente más актуada que nunca. Para él, los materiales no son solo recursos, sino archivos vivos cargados de identidad.
“La naturaleza representa, ante todo, una lección permanente de humildad”, afirma. “Nos recuerda que no todo puede ser controlado, acelerado o perfeccionado, y que muchas veces la belleza surge precisamente de aquello que no responde a nuestras expectativas”.
Cada pieza nace de un proceso que respeta los ciclos naturales. “Cada árbol, cada veta, cada grieta y curva contiene información sobre el tiempo, el entorno y las circunstancias que lo formaron”, explica. “La muerte natural de un árbol se convierte en el nacimiento de una nueva vida”.
Su proceso creativo comienza escuchando al material. “Antes de pensar en forma o función, intento entender qué historia trae consigo el árbol: cómo creció, por qué cayó, qué fuerzas lo moldearon”. Esa filosofía se traduce en piezas que se sienten tan orgánicas como sofisticadas, capaces de convivir con interiores contemporáneos, espacios de lujo y estilos de vida que valoran lo artesanal.
En un mundo donde las tendencias cambian rápido, Diego apuesta por lo permanente: objetos que no pasan de moda porque están conectados con algo más profundo que la estética del momento.

El nuevo lujo: comunidad, oficio y autoría
Hoy, el lujo ya no se define solo por la exclusividad, sino por la historia, el proceso y las personas detrás de cada creación. En el trabajo de Diego, la colaboración con artesanos y comunidades es parte esencial de su identidad creativa.
“Más que intentar reinterpretar tradiciones, me ha interesado entenderlas desde dentro”, afirma. “Cómo se trabajan los materiales, cómo se transmite el oficio entre generaciones y cómo se construye identidad a través del hacer”.
En su estudio no hay jerarquías rígidas. “Mi papel es crear un espacio donde el conocimiento ancestral del artesano pueda mantenerse vivo, evolucionar, prosperar y ser valorado con la dignidad que merece”.
Su visión de la autoría también rompe con los códigos tradicionales del creador individual. “Para mí, la autoría no es un gesto individual ni cerrado. Es más bien un territorio compartido donde convergen muchas capas: el material, el conocimiento técnico, el tiempo, las manos que intervienen y las decisiones que se toman en el camino”.

Esa filosofía se refleja en Casa Calisa, un espacio que funciona como una experiencia estética total: arte, arquitectura, diseño y naturaleza conviven como lo hacen las grandes casas de moda con sus universos creativos. “La idea fue crear un lugar que no solo mostrara piezas, sino que permitiera habitarlas y entenderlas desde la experiencia cotidiana”.

Para Diego, el arte —como la moda— no tiene que ser inmediato.
“Me interesa crear objetos y espacios que inviten a detenerse, a observar con calma y a reconectarse con los sentidos”
Porque el verdadero estilo no solo se ve: se vive.