La campaña de FENDI para la primera colección Otoño/Invierno 2026-2027 de Maria Grazia Chiuri, fotografiada por Jo Ann Callis, se centra en la ambivalencia de la conexión humana: nuestro deseo de conectar y nuestra incapacidad simultánea para hacerlo plenamente.

La conexión es fundamental para la existencia humana; sin ella, nos vemos disminuidos. Hay un anhelo inherente. Al mismo tiempo, hay un instinto de proteger nuestra vulnerabilidad. Dentro de esta tensión reside una negociación constante: cuánto estamos dispuestos a dar y cuánto necesitamos de los demás.

En definitiva, por mucho que lo intentemos, somos incapaces de acceder plenamente a la vida interior de otra persona. Sin embargo, este esfuerzo persiste, impulsado por nuestra necesidad de conexión.

El proceso de Callis comenzó con un cuaderno de bocetos, donde esbozó los temas y gestos que dan forma a la campaña y expresan la interacción entre dos personas, a menudo entre un hombre y una mujer.

La visión de Chiuri para FENDI se basa en el concepto de un armario compartido. El paralelismo entre la ropa femenina y la masculina refleja tanto cualidades compartidas como dualidades, resaltando los puntos en común a la vez que se reconocen las diferencias. Esta interacción sugiere que la uniformidad puede, paradójicamente, intensificar las expresiones de masculinidad y feminidad. A menudo, se percibe una mayor feminidad al vestir ropa masculina.

La obra se concibe como una narración, donde cada imagen existe como un momento suspendido dentro de una secuencia mayor. Surge un diálogo a través del gesto y relaciones espaciales, particularmente a través de la distancia que se mantiene entre los sujetos. Si bien los individuos pueden ocupar el mismo espacio físico, persiste una sutil tensión emocional y física.

Se prestó especial atención a los gestos, ya que cada movimiento funcionaba como un reflejo de un mundo interior: una negociación continua entre las dimensiones masculina y femenina.

La campaña se inspira en Pina Bausch, particularmente en su exploración de la tensión emocional expresada a través de la proximidad física. Roma se convirtió en una presencia esencial en la obra. La historia compleja de la ciudad, visible en su arquitectura, interiores y ruinas, resuena con el marco conceptual de la misma.

El escenario en sí requirió un cambio de enfoque. Elementos como apliques y cortinas, y la interacción de la tela con la luz, se convirtieron en componentes visuales centrales. El ambiente, combinado con la ropa y los accesorios, crea una sensación de distanciamiento de la vida cotidiana: una atmósfera casi onírica. La intención es invitar al espectador a esta realidad construida, evocando la herencia cinematográfica de Roma y FENDI.

*Imágenes: cortesía