Un emprendedor ve oportunidades donde otros ven problemas y, aunque para ir a una boda no hace falta haber creado una empresa, sí pueden venir bien ideas capaces de transformar un embolado en una oportunidad para vacilar. Y es que todo se decide al principio, en el aperitivo. En ese momento en el que los invitados se escrutan unos a otros no hay excusa para pasar desapercibido… pero tampoco para lamentablemente llamar la atención.

En una ceremonia no se trata de ir a la última, pero sí de combinar elementos clásicos con alguna pincelada moderna o, mejor aún, diferente. Buscamos algo llamativo, pero no recargado: el equilibrio entre llevar el traje de tu padre y la misma corbata de todos los años o por el contrario, incorporar todos los elementos que a uno se le ocurran: tirantes, pajarita, gemelos, zapatos sin calcetines, pañuelo, cuello de color diferente a la camisa. No. Hay que apostar. Todo no vale. Y nada tampoco.

Aquí algunas ideas en clave dos&don’ts:

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