Moda
Hay viajes que comienzan mucho antes de hacer una maleta. El próximo gran destino de Dior nos obliga, de hecho, a retroceder casi ochenta años para entender por qué Shanghái no es simplemente una nueva parada en el calendario internacional de la maison. En 1948, apenas un año después de revolucionar la moda con aquel New Look que devolvió volumen, cintura y teatralidad a la silueta femenina, Christian Dior presentó su colección de Alta Costura Primavera-Verano y decidió llamar Shanghai a uno de sus looks más destacados.
Casi ocho décadas después, ese nombre regresa al presente. Dior ha anunciado que Jonathan Anderson presentará su colección Crucero 2028 en Shanghái el viernes 14 de mayo de 2027, convirtiendo la ciudad china en el próximo escenario de ese viaje creativo alrededor del mundo que el diseñador está construyendo desde su llegada a la maison.
Y aunque por el momento Dior no ha desvelado ni la localización exacta del desfile ni las claves de una colección para la que todavía faltan varios meses, la primera pista ya resulta suficientemente sugerente: Shanghái estaba en el imaginario de Christian Dior mucho antes de que Jonathan Anderson decidiera viajar hasta allí, cuando bautizó como ‘Shanghai’ uno de los looks de su colección de Alta Costura Primavera-Verano 1948.
Dior viajará a Shanghái para presentar su colección Crucero 2028: el nuevo destino de Jonathan Anderson ya estaba escrito en el archivo de la maison

De un look llamado ‘Shanghai’ en 1948, a una colección completa en 2027
La moda posee una curiosa manera de jugar con el tiempo. Una palabra escrita hace casi ocho décadas en los archivos de una casa puede convertirse, años después, en el punto de partida de una nueva historia.
En 1948, Christian Dior se encontraba todavía en los primeros capítulos de la maison que había fundado en París en 1946. Su primera colección, presentada en febrero de 1947, había transformado inmediatamente la conversación sobre cómo debía vestir una mujer después de la austeridad de los años de guerra. Aquella silueta de hombros suaves, cinturas estrechas y faldas amplísimas que Carmel Snow, entonces editora de Harper’s Bazaar, bautizaría como New Look convirtió al diseñador en una figura internacional prácticamente de la noche a la mañana.
Solo un año después llegaría esa colección Primavera-Verano 1948 en la que uno de los looks recibiría el nombre de Shanghai.
Que Dior haya elegido precisamente recordar ahora aquella creación no parece un detalle menor. Jonathan Anderson ha demostrado desde sus primeras colecciones para la casa que no entiende el archivo como un catálogo que deba reproducirse literalmente, sino como una inmensa caja de ideas, personajes, lugares y objetos capaces de adquirir significados completamente diferentes cuando se trasladan al presente.
Por eso la conexión entre 1948 y 2027 resulta tan interesante. No sabemos todavía si aquel Shanghai histórico aparecerá reinterpretado sobre la pasarela, si su silueta tendrá alguna influencia sobre la colección o si funcionará únicamente como vínculo simbólico entre Christian Dior y la ciudad. La maison no ha avanzado esos detalles y sería demasiado pronto para convertir una coincidencia histórica en una pista estética.
Pero sabemos algo bastante más importante: Anderson vuelve a elegir un destino que permite establecer una conversación con la memoria de Dior.

Jonathan Anderson está convirtiendo las colecciones Crucero en auténticos viajes por el archivo
La decisión resulta todavía más significativa cuando observamos el desfile que precede a Shanghái. Para la colección Crucero 2027, presentada en Los Ángeles, Jonathan Anderson comenzó investigando la histórica relación de Dior con Hollywood. Una chaqueta perteneciente a la colección de Alta Costura Primavera-Verano 1949 que Marlene Dietrich llevó en Stage Fright, de Alfred Hitchcock, se convirtió en uno de los puntos de partida, mientras las amapolas de California, el cine y el imaginario de Los Ángeles terminaron construyendo el resto del relato.
El desfile tuvo lugar al anochecer en los jardines del Los Angeles County Museum of Art, con farolas, descapotables de época y una iluminación cinematográfica que transformó el espacio en una versión deliberadamente soñada de Hollywood. Para Anderson, la rica historia de Dior en el cine fue precisamente el comienzo de aquella colección.
Shanghái parece continuar ahora esa metodología creativa: primero aparece una conexión en el archivo, después una ciudad y, finalmente, una colección capaz de hacer dialogar ambas cosas.
Esa forma de trabajar encaja perfectamente con la manera en la que Anderson está abordando Dior: acercándose a una casa con casi ochenta años de historia sin tratarla como un museo. El pasado está presente, pero nunca completamente resuelto. Se convierte en una pregunta que el diseñador puede responder de otra manera.

¿Por qué Shanghái?
Más allá de aquella fascinante conexión con el look de 1948, la elección de Shanghái coloca a Dior en una de las grandes capitales contemporáneas de la moda, el diseño, el arte y el lujo en Asia.
La relación actual de la maison con la ciudad es extensa. Dior mantiene una importante presencia en Shanghái, con boutiques en enclaves como Plaza 66, IFC, L’Avenue y Qiantan Taikoo Li, donde también cuenta con Café Dior. Es decir, la ciudad no es simplemente un espectacular telón de fondo elegido para un desfile internacional, sino uno de los territorios relevantes dentro del universo contemporáneo de la casa.
Pero las colecciones Crucero tienen la capacidad de transformar esa relación comercial en algo mucho más cultural. Desde hace años, este tipo de desfiles han dejado de funcionar únicamente como presentaciones de prendas destinadas a viajar entre temporadas. Para las grandes maisons se han convertido en acontecimientos capaces de establecer conversaciones con una ciudad, su artesanía, su arquitectura, sus artistas y su historia.
Y Jonathan Anderson parece especialmente interesado en explotar precisamente esa dimensión narrativa.
Shanghái ofrece para ello un escenario extraordinario: una ciudad donde la arquitectura histórica convive con un horizonte radicalmente futurista, donde Oriente y Occidente llevan décadas intercambiando códigos y donde tradición, tecnología, diseño y cultura contemporánea pueden convivir en apenas unas calles.
Todavía desconocemos qué parte de todo ello terminará entrando en la colección. Y quizá ahí esté parte de la emoción.

El nuevo Dior de Jonathan Anderson viaja hacia delante mirando constantemente hacia atrás
Desde que Jonathan Anderson comenzó a escribir su capítulo al frente de Dior, una idea aparece una y otra vez: para construir algo nuevo no necesita escapar del pasado, sino aprender a mirarlo de otra manera.
Sus primeras propuestas han convertido la historia de la maison en material vivo. Las siluetas, los personajes, las obras, los objetos y las conexiones culturales acumuladas durante décadas aparecen y desaparecen dentro de sus colecciones, a veces de manera evidente y otras convertidas apenas en pequeños guiños.
La propia Dior explica que la Primavera-Verano 2026 de Anderson exploraba el legado de la casa “con empatía e ingenio”, una definición que resume bastante bien esa relación poco reverencial pero profundamente curiosa con los códigos heredados.
Las colecciones Crucero parecen ofrecerle un territorio especialmente fértil para continuar haciéndolo porque permiten sumar otra variable al archivo: el lugar. Los Ángeles no fue únicamente Los Ángeles; fue Dior mirando Hollywood a través de Marlene Dietrich, Hitchcock y una chaqueta de 1949.
Shanghái tampoco será únicamente Shanghái. Antes incluso de conocer el primer vestido, ya sabemos que será la ciudad que Christian Dior escribió sobre una ficha de colección en 1948 y a la que Jonathan Anderson regresará, casi ochenta años después, para preguntarse qué puede significar ahora.
*Imágenes: cortesía Dior