Vivimos unas semanas de transición hacia “la nueva normalidad”, pero la incertidumbre es alta. Un plan de desescalada en varias fases que ya cuenta con medidas de alivio comunes –como es salir a correr o montar en bicicleta, pasear con niños o acudir a un establecimiento con cita previa–, pero que para muchos más que alivio supone una fobia. Un miedo que en ocasiones se vuelve incontrolable y que nos bloquea a la hora de realizar tareas tan cotidianas como salir a sacar la basura o recibir un paquete en casa.

¿El motivo? Que el ser humano, simplemente, no sabe medir el miedo. Al ser innato nos protege frente a un peligro, pero para activarse siempre ha de necesitar un detonador – y el saber identificarlo nos ayudará a controlar la emoción “y desactivarla en caso necesario”, añade Belén Colomina, psicóloga y colaboradora de la app de meditación Petit BamBou, que nos cuenta con qué puede activarse en la situación que estamos viviendo:

La incertidumbre ante un peligro real. El virus está vivo, pero no sabemos quien lo tiene y quien no. Esto hace aumentar la hipervigilancia hacia lo que hago, qué toco, por donde camino, con quien me cruzo, si la distancia en un lugar cerrado es adecuada y segura. Muchas variables que habitualmente no son importantes y que ahora pasan a un primer plano por el peligro de perder la salud. Todo ello hace que nos volvamos más controladores y a la vez más exigentes con los demás.

La falta de control. Uno puede ser muy normativo con el cumplimiento de las medidas de seguridad e higiene, pero no su compañero. De hecho, hay muchas situaciones en las que las normas no se siguen al 100% y esto puede generar falta de control sobre el entorno, miedo, ansiedad e incertidumbre. Observar que una norma social se incumple suele ser también un detonante habitual del enfado o rabia, lo vemos con los “policía de balcón” o con otras situaciones en las que no se cumplen las normas de seguridad como la distancia o el desplazamiento no permitido.

La enfermedad, contagio o muerte cercana.  Hacen aumentar la sensación de peligro real ante la exposición al virus. Nos pueden llevar a sentir ansiedad, agorafobia y diferentes miedos surgidos a raíz de la pandemia, ya que el miedo nos prepara para huir del peligro, y ahora toca enfrentarse a él, añadiendo un factor de inseguridad porque una gran parte no depende de nosotros sino del conjunto de la población.

#Desescalada: el síndrome de la cabaña o cómo afrontar el miedo a "salir de nuevo"

¿Cómo nos afecta?

El miedo podrá ser sano o tóxico según cómo lo gestionemos. “Si nos ayuda a adaptarnos a la situación y a conectar con nuestros recursos para afrontar la alerta que conlleva será saludable y, en caso contrario, será tóxico o disfuncional porque nos bloquea y nos impide un avance”, añade la experta.

Ante un peligro, nuestro cuerpo entra en alerta y activa el sistema nervioso simpático, parte encargada de la activación física de huida o de enfrentamiento. Nuestro corazón bombea más sangre, la adrenalina se dispara, los músculos entran en tensión, los pulmones envían más oxígeno y, uno de los efectos que más te sonará: el estómago se cierra.

Por su parte, el cerebro mantiene su propio sistema de alerta o riesgo y se manifiesta en ansiedad, estrés o agorafobia. En algunas personas puede afectar a la calidad del sueño provocando insomnio o incluso pesadillas. En casos de bloqueo y de exposición ante un gran temor –como sería el salir a calle y podernos contagiar con una enfermedad–, puede derivar incluso en un ataque de ansiedad.

Plántale cara al miedo

Para muchos psicólogos, la situación que estamos viviendo es conocida como el “síndrome de la cabaña”, en el que entendemos nuestro hogar como un lugar seguro y nos bloquea el tener que salir a una nueva realidad desconocida y para la que no estamos preparados.

Un miedo que puede ser incontrolable, pero que a través del mindfulness podemos aprender a autorregular. “Permanecer en atención plena nos va a ayudar a salir de la rumiación interna sobre los pensamientos negativos que nos pueden llevar a generar y disparar la emoción del miedo, ansiedad, enfados o quejas sobre las infracciones de los demás”, nos cuenta Belén Colomina. El permanecer enfocados en nuestro objetivo nos posibilita estar atentos a las normas que debemos cumplir para no contagiarnos y no contagiar a los demás; pero también nos hará generar mayor confianza.

#Desescalada: el síndrome de la cabaña o cómo afrontar el miedo a "salir de nuevo"

Belén Colomina nos cuenta cómo plantarle cara al miedo a través del mindfulness:

1. Ser conscientes de lo positivo para mejorar la resiliencia, poder valorar las pequeñas cosas en el día a día.

2. Centrarnos en lo que hemos aprendido de esta situación.

3. Definir un sentido claro o propósito en la vida, según los estudios en psicología, nos ayuda a reforzar nuestro bienestar interno y genuino.

4. Diferenciar la preocupación tóxica que me impide avanzar y me bloquea para transformarla en actitudes proactivas sobre lo que sí puedo hacer

5. El miedo es un buen indicador para observar y evaluar con cautela, pero no puede dirigirnos, podemos reevaluar para aprender y seguir avanzando conectando con nuestros recursos internos y externos.

6. Tener una buena red de apoyo social, mantener la calidez y el cuidado de nuestras relaciones.

7. Practicar la gratitud. Habrá cosas negativas, incertidumbres, preocupaciones, pero también muchas otras que son un verdadero privilegio. Tenemos que aprender a verlas y apreciarlas.

*Imágenes: Cortesía

thoughts?