Hay una época del año en la que nuestra piel parece pedirnos algo más que una buena crema hidratante. El verano trae consigo días más largos, horas de sol, escapadas a la playa, baños en la piscina y una vida mucho más al aire libre, pero también supone un auténtico reto para la barrera cutánea.

La radiación ultravioleta, el calor, el salitre, el cloro y la deshidratación pueden alterar su equilibrio y acelerar la aparición de manchas, sequedad o los primeros signos de envejecimiento si no le prestamos la atención que necesita. Mantener una piel luminosa, sana y confortable durante estos meses no depende únicamente de aplicar protector solar: también implica adaptar la rutina de cuidado a las necesidades específicas del verano.

Porque protegerse del sol es el primer paso, pero saber cómo cuidar la piel antes, durante y después de la exposición marcará la diferencia para disfrutar de un bronceado bonito sin renunciar a su salud. Por eso hablamos con María Segurado, asesora dermatológica de NIVEA SUN, quien nos aclara algunas de las dudas y errores que solemos cometer en nuestra exposición al sol.

No todas las pieles son iguales, pero ¿sí los solares? ¿Cómo debería elegirse un protector solar según el tipo de piel? 

Lo primero es distinguir entre la piel del rostro y la del cuerpo, ya que tienen necesidades diferentes. La piel del rostro está mucho más expuesta a la radiación solar durante todo el año y es donde aparecen con mayor frecuencia problemas como el envejecimiento prematuro, las manchas o la sensibilidad. Por eso existen protectores solares faciales específicos para cada tipo de piel: mixta, grasa o con tendencia acneica, seca, sensible, con manchas o con signos de envejecimiento. Además de proteger frente al sol, incorporan activos que ayudan a tratar las necesidades concretas de cada piel.

En el caso del cuerpo, la oferta suele ser más sencilla. Son productos formulados principalmente para proteger de la radiación solar y aportar un extra de hidratación, ya que la exposición al sol y al calor favorece la sequedad cutánea. Aunque existen algunas opciones específicas, la mayor variedad de fórmulas se concentra en los solares faciales.

En este sentido, NIVEA SUN cuenta con soluciones adaptadas a diferentes necesidades y momentos de uso. Para las pieles sensibles, la marca ofrece una gama específica, fácilmente identificable por su envase blanco. Es el caso de NIVEA SUN Sensitive Antialergias Solares Loción Solar SPF 50+, una fórmula sin perfume, con Aloe Vera Bio y antioxidantes, que proporciona una protección muy alta frente a los rayos UVA y UVB, ayuda a prevenir las alergias solares y las irritaciones y es resistente al agua.

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La piel sensible necesita más cuidados solares que la piel normal, ¿es mito o realidad?  

Es una realidad, aunque conviene diferenciar dos situaciones. Por un lado, están las personas con pieles sensibles por enfermedades cutáneas como la dermatitis atópica, la rosácea, la psoriasis o la cuperosis. Por otro, están quienes presentan sensibilidad específica al sol, lo que popularmente se conoce como «alergia solar» o erupción polimorfa lumínica.

En ambos casos, la protección solar debe ser especialmente rigurosa. Es recomendable utilizar protectores de amplio espectro y, si es posible, fórmulas que incorporen ingredientes calmantes y antiinflamatorios, ya que ayudan a reducir la respuesta de la piel frente al calor y la radiación solar, disminuyendo el riesgo de irritaciones y brotes.

¿Qué tiene que tener en cuenta alguien con piel sensible a la hora de exponerse al sol?   

La recomendación principal es realizar una exposición progresiva, especialmente al comienzo del verano o durante las primeras exposiciones intensas al sol. Lo ideal es empezar con periodos cortos, por ejemplo, unos 30 minutos el primer día, e ir aumentando el tiempo de forma gradual. Esto permite que la piel se adapte y reduce el riesgo de sufrir reacciones como la denominada alergia solar.

En la mayoría de los casos, estas molestias disminuyen conforme avanzan los días y la piel desarrolla una mayor tolerancia a la radiación solar, aunque algunas personas pueden mantener los síntomas durante todo el verano o incluso necesitar tratamiento médico.

Si además se trata de una piel con tendencia a la dermatitis, la rosácea o el enrojecimiento, es importante reforzar el cuidado diario con productos hidratantes y calmantes que ayuden a mantener la barrera cutánea y eviten que el calor o la sequedad agraven los síntomas.

Además, las pieles sensibles se benefician especialmente de la reaplicación frecuente del protector solar. En este sentido, los formatos en stick facilitan incorporar este hábito durante el día. Un ejemplo es el NIVEA SUN Protección Facial UV Stick Tacto Sedoso SPF 50+, cuya fórmula desarrollada en Corea, ofrece una protección muy alta frente a los rayos UVA y UVB con un acabado invisible y un formato práctico para reaplicar en cualquier momento.

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 ¿Y después del sol?

El cuidado no termina cuando dejamos de exponernos al sol. Los productos aftersun son una buena opción para ayudar a calmar, hidratar y reparar la piel tras la exposición solar. Aunque tradicionalmente se asocian al cuidado corporal, también existen productos específicos para el rostro o fórmulas con activos similares que pueden utilizarse para favorecer la recuperación de la piel.

Entre los ingredientes más interesantes destacan el pantenol, que ayuda a restaurar la barrera cutánea, calma la piel y reduce la inflamación; la Licochalcona A, un activo derivado del extracto de regaliz con propiedades calmantes y antiinflamatorias; y la vitamina E, un potente antioxidante que contribuye a combatir el daño provocado por los radicales libres y favorece la recuperación cutánea.

En definitiva, tanto un buen aftersun como productos formulados con este tipo de activos pueden ayudar a aliviar la piel tras la exposición solar, especialmente en personas con piel sensible o propensa a la irritación.

*Imágenes: Pexels y cortesía