Antes de convertirse en diseñador y mucho antes de que el número 30 de la Avenue Montaigne se transformara en uno de los lugares más reconocibles de la moda, Christian Dior ya estaba enamorado de las flores. Ese vínculo comenzó durante su infancia en Granville, frente a los acantilados de Normandía y muy cerca del jardín de Les Rhumbs, la casa familiar en la que las rosas convivían con el viento y la fuerza del mar.

Décadas después, aquella fascinación continúa siendo una parte esencial del universo Dior. Está en sus vestidos, en sus perfumes y también en uno de los capítulos más sofisticados de su investigación cosmética: Dior Prestige.

En el centro de todo permanece una flor extraordinaria, la Rosa de Granville, nacida a partir de una rosa silvestre capaz de resistir las duras condiciones de los acantilados normandos y convertida posteriormente, después de siete hibridaciones, en la primera rosa creada específicamente para los tratamientos de la Maison.

Ahora Dior vuelve a ella para escribir un nuevo capítulo. La Maison presenta una nueva generación de Dior Prestige La Crème, su tratamiento regenerador y reparador de excepción, y lo hace con una ambición considerable: actuar sobre los mecanismos biológicos relacionados con la juventud de la piel gracias a un nuevo complejo patentado denominado Rosapeptide-3™.

Una fotografía de la Rosa de Granville.

50 años investigando cómo envejece nuestra piel

La nueva La Crème nace después de cinco décadas de investigación de Dior sobre la piel y supone una evolución importante respecto a la generación anterior de Rosapeptide. El nuevo Rosapeptide-3™ combina extractos procedentes del tallo, el fruto y los pétalos de la Rosa de Granville y está tres veces más concentrado que el complejo anterior. Según las investigaciones de Dior, actúa sobre la expresión de 42 marcadores biológicos asociados a los mecanismos de juventud y ha sido desarrollado para trabajar sobre tres niveles de la piel.

Y aquí aparece probablemente el dato más llamativo de todo el lanzamiento. Dior afirma que el nuevo complejo consigue revertir diez años la edad celular de la piel, un resultado obtenido mediante un ensayo ex vivo sobre Rosapeptide-3™. Es importante detenerse en ese matiz: hablamos de un resultado experimental sobre el complejo y no de la afirmación de que nuestro rostro vaya literalmente a retroceder una década después de abrir el tarro.

Lo verdaderamente interesante desde el punto de vista cosmético está en cómo esa investigación se traduce en aquello que podemos observar frente al espejo. La Maison ha centrado la nueva fórmula en diez signos visibles del envejecimiento, entre ellos arrugas, firmeza, elasticidad, luminosidad, densidad, aspecto repulpado, definición de los contornos y textura de la piel. Es decir, la conversación ya no gira exclusivamente alrededor de borrar una arruga, sino de recuperar globalmente esa apariencia de vitalidad que asociamos instintivamente con una piel más joven.

La Maison reinventa uno de sus tratamientos más excepcionales con Rosapeptide-3™, un nuevo complejo patentado nacido de la Rosa de Granville, y una tecnología de efecto alisador inmediato. Una crema en la que 50 años de investigación intentan responder a una de las grandes obsesiones de la cosmética: no solo corregir los signos de la edad, sino actuar sobre los mecanismos asociados al envejecimiento cutáneo.

El efecto buena cara también puede empezar en una hora

La segunda innovación se llama Micro-Filler™. Esta nueva tecnología patentada está enriquecida con ceras de rosa y ha sido desarrollada para proporcionar un efecto alisador y repulpante inmediato. Según las mediciones comunicadas por Dior, las arrugas disminuyen un 20 % una hora después de la aplicación.

Y aquí encontramos algo que cada vez buscamos más en los tratamientos de lujo: combinar los resultados que necesitan constancia con una recompensa visible desde las primeras aplicaciones. Porque seamos sinceras. Podemos comprometernos con una crema durante meses, pero nos encanta que el espejo nos devuelva alguna pequeña alegría mucho antes.

Una crema que quiere sentirse como un pétalo

Sin embargo, Dior Prestige nunca ha tratado únicamente de eficacia. Existe otra parte del tratamiento que no puede medirse con porcentajes y que resulta fundamental cuando hablamos de cosmética de lujo: el placer de utilizarlo.

La nueva La Crème busca recrear sobre la piel la sensación aterciopelada de un pétalo de rosa. Su textura es densa y fundente, pero está concebida para deslizarse sobre el rostro dejando un acabado sedoso y confortable. La experiencia se completa con Rose Prestige, una firma olfativa construida alrededor de diferentes facetas de la rosa: un comienzo fresco, un corazón más suave y empolvado y un fondo envolvente.

Ese detalle puede parecer secundario, pero explica bastante bien la filosofía de Dior Prestige. Aquí aplicarse una crema no debería ser únicamente el último paso práctico de una rutina nocturna. Debería convertirse en uno de esos minutos en los que dejamos el móvil, nos miramos al espejo y transformamos el skincare en ritual.

La Rosa de Granville vuelve a florecer

Quizá lo más fascinante de Dior Prestige sea precisamente esa unión entre dos mundos aparentemente opuestos.

Por un lado está una rosa nacida de la naturaleza, descendiente de aquella flor silvestre que sobrevivía frente al mar de Normandía y cuya extraordinaria capacidad de resistencia terminó inspirando décadas de investigación. Por otro, laboratorios, patentes, biomarcadores y tecnologías cosméticas que intentan comprender qué hace que una piel conserve sus mecanismos asociados a la juventud.

Naturaleza y ciencia encontrándose dentro del mismo tarro.

Primer plano del jardín de Granville

Cómo incorporar Dior Prestige La Crème a la rutina

Con una fórmula de estas características, más producto no significa necesariamente mejores resultados. Lo interesante es convertir la aplicación en un gesto consciente. Después de limpiar la piel y aplicar los tratamientos más ligeros —esencia y sérum, si forman parte de nuestra rutina—, toma una pequeña cantidad de crema y caliéntala ligeramente entre las yemas de los dedos antes de distribuirla sobre rostro y cuello.

En lugar de frotar rápidamente, merece la pena trabajarla mediante movimientos ascendentes y suaves, comenzando desde el centro del rostro hacia el exterior. En las zonas donde más nos preocupen la pérdida de firmeza o las líneas de expresión, podemos acompañar la aplicación con pequeñas presiones.

Y hay una regla mucho más importante que cualquier técnica sofisticada: la constancia. Un tratamiento antiedad no debería juzgarse por lo que ocurre después de una única noche, sino por cómo responde la piel con el uso continuado.

Durante el día, además, ningún ritual destinado a prevenir y tratar los signos visibles del envejecimiento está completo sin fotoprotección. Porque invertir en una crema excepcional y olvidarnos después de proteger la piel de la radiación solar sería, cuanto menos, contradictorio.

La nueva Dior Prestige La Crème está disponible en Texture Essentielle y Texture Riche, ambas en formato recargable y con un precio de 445 euros en 50 ml en la web de Dior España. Las recargas cuestan 378 euros.

Dior Prestige Le Quartz Rose de Modelage, el aplicador de lujo para el ritual prestige

Tallada como una rosa, su forma se inspira en la Rosa de Granville, ingrediente emblemático de los tratamientos Dior Prestige. Piedra semipreciosa sinónimo de armonía, un símbolo de feminidad, de amor, de dulzura y determinación, el cuarzo rosa es el mineral seleccionado por la Maison Dior, que lo ha transformado en un precioso instrumento de modelado para acompañar el ritual de belleza Dior Prestige La Crème, Texture Fine y Texture Essentielle.

Utilizada antes, durante y después de la aplicación de Dior Prestige La Crème, este precioso instrumento de masaje tallado a mano inicia un ritual de tratamiento holístico que amplifica los efectos antiedad de Dior Prestige La Crème además de redefinir los rasgos del rostro.

Su precio es de 210 euros en la web de Dior

*Imágenes: cortesía