Jeremy Scott deja las marca convencionales para rendir tributo al lujo que engloba la alta costura. Así, el diseñador estadounidense no niega sus raíces creativas y las maximiza en Moschino. ¿Cómo? Con vestidos tan glamurosos como divertidos, tan clásicos como extravagantes y tan irreales como reales.

En este choque de conceptos, la innegable referencia a uno de los más grandes de la alta costura en la década de los setenta, Yves Saint Laurent, estuvo presente. Concretamente, la mágica colección SS99del couturier fue uno de los peldaños para elevar la oda. Como si se tratara de una celebración a la creatividad de Yves en su décimo aniversario luctuoso —no es el primero de este año—, Jeremy Scott lo hizo imitando las siluetas en los maniquíes mientras moldea un rollo de tela o cuando apenas están en una etapa de bocetos.

Con cierto sarcasmo, algo que el mismo Jeremy Scott y el fundador de la firma comparten, esta colección no dudó en tornarse en esa jovial y atractiva propuesta para las nuevas generaciones. Muchos dirán que lo único que el diseñador de 43 años hace son atuendos sin pies ni cabeza.

La realidad es que Jeremy Scott y su intelecto va más allá que cualquier otro. Dicho por él, los conceptos que inundan su imaginación son procesados de forma adecuada para encontrar una definición única y literal.

Con ello en mente, cada colección para Moschino es subversiva y culta a la vez —“M” para Moschino y McDonalds porque el fast fashion es lo mismo que el fast food o Jackie O como una criatura sobrenatural que protesta a favor de la inmigración—. Imposible ignorar los valores básicos del diseñador y el conocimiento sensato que sostiene su imperio creativo. Porque es así como logramos ver la cara divertida de la industria.

El final vio a una Gigi Hadid como novia y princesa de las mariposas. Sí, como la obsesión de la alta costura, también la obsesión de Jeremy Scott y Moschino.

Fotos: Mondadori photo

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