Diversidad, divino tesoro… Hace unos días, me escribieron de una publicación para entrevistarme. Y yo me sentí feliz y honrada. No pensé lo mismo cuando me explicaron mejor la temática de las cuestiones. Querían saber mi opinión sobre la retención del talento en las empresas después de los 50 años. Me dije “vaya, me están llamando mayor”. No expresé mi reflexión. Pero ellas mismas debieron de sentir pudor, porque me insistieron, como con cierta excusa, en sus  preguntas: “aunque eres joven”, con tu experiencia de empresaria, cómo piensas que debería actuarse para seguir incluyendo talento senior en las empresas…

Dejó escrito Freud que la casualidad no existe. Y debía de tener razón. En esa misma semana me invitaron a unirme a un debate sobre el edadismo en la moda. Hablándolo con una de mis hijas, me preguntó qué significaba eso. Y yo que soy de inventar palabras y frases casi como si fueran titulares le contesté que el edadismo era una fórmula matemática por la que 50 más cualquier número equivalía a cero. Ingenuamente, mi hija volvió a preguntarme si de verdad era así. Y yo le expliqué que acababa de inventármelo, pero que en realidad significaba que en muchos aspectos de la vida, a partir de los 50, la mujer se volvía invisible.

Los códigos están cambiando

Lo que son las cosas… en esos mismos días aparecieron dos noticias que en cierta medida contradecían mi tesis. La primera era la inclusión en una de las últimas campañas de Zara de una modelo de casi 60 años: la francesa Marie Sophie Wilson. Eso sí, con un bagaje riquísimo, después de haber trabajado para Alaïa o Galliano, tras ser directora y productora cinematográfica además de actriz, los titulares de prensa solo se enfocaban en su edad.

Días más tarde, la segunda. De nuevo el grupo Inditex (prometo que no me paga) ponía en circulación otras fotos de una nueva campaña, en esta ocasión con una “vieja gloria” como protagonista, decían las redes sociales, Marisa Berenson, retratada por el gran Steven Meisel, por cierto algo viejo gloria, puestos a etiquetar. Pero, eso sí, nadie hablaba de la edad de él. Sí de la de ella. Tanto me chocó, que la googeleé, la edad digo: 74 versus 67.

Los códigos están cambiando, despacito, poquito a poco, en el sector de la moda, que es importante por el valor social que se le atribuye. Algo se mueve si tenemos en cuenta que, según un análisis elaborado por The Fashion Spot, la última edición de la pasarela de New York, celebrada el pasado mes de septiembre ha sido la segunda más diversa de la historia. La primera corresponde a los desfiles de la primavera/verano de 2021, que se celebraron on line, por cierto. Y no se referían solo a la edad, sino también a la raza, a los diversos cuerpos, es decir, la talla, así como a la presencia de modelos transgénero. Pero, ay, también en este aspecto había una cara “b”, porque las modelos mayores de 50 años representaron menos del 1% del casting.

En España, un mes antes de que la pandemia nos metiera en casa, se celebró el desfile #MiEdadPerfecta de L’Oréal Paris, como broche final de la pasarela Mercedes Benz Fashion Week Madrid, con 33 modelos (bastantes eran más bien celebrities) de las llamadas silver, senior, sellennials (qué poco me gustan estos calificativos mediáticos) que demostraron que haber pasado el ecuador vital no estaba reñido con una gran belleza, unos magníficos cuerpos, mucho estilo y sobre todo inmensas ganas de pasarlo bien. Más allá de lo interesante del desfile, lo más importante era que ese hito sellaba un compromiso de la pasarela madrileña de incluir en lo sucesivo entre su casting modelos mayores que pondrían al servicio de los diseñadores españoles.

La realidad es que la inclusión, la diversidad de razas, de edades, de género no son ya meras anécdotas. Lo cierto es que los Comités de Diversidad comienzan a interesar incluso a los grandes conglomerados de la moda, como es el caso de LVMH. La verdad es que no es baladí el tema, en la medida en que los consumidores empiezan a valorar este aspecto como ya están valorando el de la sostenibilidad. Y la valoración va más allá de un me gusta o no me gusta, porque se deriva directamente a la compra. Se empieza a hablar incluso de los prosumidores, esos consumidores proactivos que buscan marcas con las que alinearse en valores, siendo la diversidad uno de los más importantes.

Y a mí me gusta esta nueva versión de la moda, algo así como la mejor versión de si misma que se ha decidido a incluir, a no dejar fuera a todo tipo de personas, demostrando que la belleza individual se sobrepone a la belleza de grupo. Me apasiona una moda con valores, una moda que va más allá del consumo puro y duro.

Hasta hace poco se hablaba de las tribus y de cómo consumía cada una de ellas. Ahora mismo creo que podemos hablar de los valores y de cómo se consume en función de los particulares o los del grupo. Y así lo están sintiendo las marcas. Cool. Hablándolo con una amiga, me tiraba contra las cuerdas del marketing, poniendo en duda la humanidad que yo presuponía a esta nueva era. Y sabes qué, my friend, ojalá sea yo quien tenga razón. Pero incluso en el caso de que se trate de un diversitywahsing, a la moda y a la sociedad les sienta muy bien.

*Imagen: cortesía Zara

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