Francia acaba de dar uno de los pasos más radicales (y comentados) en la batalla global por la salud mental adolescente: su Asamblea Nacional ha aprobado una ley para prohibir el acceso a redes sociales a menores de 15 años, obligando a las plataformas a verificar la edad y bloqueando el uso a quien no la cumpla.

La idea suena contundente —y viral por sí sola—, pero la letra pequeña es la que está generando el verdadero debate: cómo se aplica, quién controla, qué se considera “red social” y qué pasa con la privacidad.

Qué dice exactamente la ley (y cuándo entraría en vigor)

El texto fue aprobado en primera lectura por el Parlamento francés y ahora debe pasar por el Senado antes de la votación final.

El Gobierno quiere que la medida sea efectiva para el inicio del curso escolar en septiembre de 2026, aunque algunas fuentes detallan que el cumplimiento total (incluida la verificación sobre cuentas ya existentes) se extendería hasta enero de 2027.

Puntos clave:

  • Prohibición de redes sociales para menores de 15.
  • Verificación de edad obligatoria, con la responsabilidad puesta sobre las plataformas (no sobre familias o colegios).
  • El debate se apoya en el marco europeo del Digital Services Act (DSA) y en cómo se coordinarían sanciones, especialmente con las “muy grandes plataformas” supervisadas a nivel UE.
  • Además, el texto incluye/acompaña un endurecimiento de medidas escolares: extender la prohibición de móviles a institutos (según la versión recogida por varios medios).

Por qué Francia lo hace ahora

La narrativa oficial es clara: proteger a menores de algoritmos adictivos, ciberacoso y contenidos dañinos. Macron ha defendido públicamente el endurecimiento, apuntando al impacto emocional y psicológico de las plataformas en adolescentes.

En paralelo, el debate europeo se ha acelerado: la UE ya trabaja en soluciones de verificación de edad más “privacy-friendly” (por ejemplo, prototipos que acreditan mayoría de edad sin revelar datos extra).

El gran problema: ¿cómo se verifica la edad sin invadir la privacidad?

Aquí está el nudo del asunto (y el motivo de la polémica). Para que la ley funcione, se necesita un sistema fiable de verificación de edad. Eso abre varias preguntas incómodas:

  • ¿Se pedirá DNI/ID para abrir una cuenta?
  • ¿Qué pasa con filtraciones de datos?
  • ¿Cómo se evita que los menores “puenteen” el sistema con cuentas de terceros?

Medios franceses ya advierten que la implementación “no será fácil” y que el calendario depende también de compatibilidad con el marco europeo.

¿Y si tu hijo usa WhatsApp, Roblox o YouTube?

Otra zona gris: qué entra dentro de “red social” en una era donde casi todo tiene componente social (mensajería, comunidades de gaming, comentarios, directos…). Algunas coberturas señalan que el texto contempla también funciones sociales en plataformas más amplias, lo que podría afectar a ciertos servicios según cómo se reglamente.

La reacción: aplausos, miedo y una pregunta incómoda

La medida tiene apoyo político transversal, pero también críticas: desde quienes la ven necesaria ante un problema real, hasta quienes alertan de que prohibir no equivale a educar y de que el control podría empujar a los menores a espacios menos seguros o más difíciles de supervisar.

Lo que sí parece indiscutible es que Francia ha encendido una mecha: si la ley se consolida y se aplica, podría convertirse en precedente europeo y acelerar decisiones similares en otros países. Ya que la medida se centra en la salud mental de los adolescentes, también en la privacidad y vigilancia digital además de la educación emocional, tan necesaria en los tiempos que corren.

Francia lo está intentando por la vía dura y enfrentándose a las Big Tech. Ahora falta ver si el sistema —legal, técnico y cultural— está preparado para hacerlo realidad.

*Imágenes: Pexels y X