La Semana de la Moda de Milán nos ha dado grandes momentos, como la aparición estelas de Kim Kardashian en el desfile de Dolce&Gabbana. Pero si había un desfile esperado entre los amantes de la moda italiana era el de Salvatore Ferragamo, o más bien la oportunidad de ver la reconversión de la mítica marca convertida ahora en Ferragamo y el debut de su nuevo diseñador, Maximilian Davis,

En este desfile el diseñador se estrena con una colección con la que pretenden conseguir un renacimiento de su historia en Hollywood. «Quería rendir homenaje a los inicios de Salvatore aportando la cultura de Hollywood, pero el nuevo Hollywood», explica Davis. «Su facilidad y la sensualidad; su atardecer y su amanecer».

El glamour lánguido y playero del nuevo Hollywood se subvierte con destellos de fetichismo: cueros brillantes, ajustes de segunda piel y micro shorts. Las prendas esenciales para el día a día -camisetas de tirantes, cuellos de polo, leggings- parecen casi perversas en su simplicidad. Las prendas de punto ligero se tejen a lo ancho para revelar la piel que hay debajo, o son tan finas que parecen translúcidas. Incluso los trajes de noche están impregnados de despreocupación. En los brillantes zapatos rojos que Ferragamo hizo para Marilyn Monroe en 1959, la colección aparece salpicada de cristales: los de Hollywood, el brillo y el glamour refractados de nuevo.

La sastrería retuerce los tropos clásicamente masculinos de los ejecutivos de los ochenta para convertirlos en un vestuario moderno: perfectamente proporcionado, louche refinamiento formado por tejidos a menudo reservados a la ropa de mujer. El esmoquin se impregna de una nueva energía: camisas cortadas en organza de seda y popelín de algodón; se eliminan los cuellos o las mangas. El bolso Wanda, presentado por primera vez en 1988 y bautizado con el nombre de la esposa de Salvatore, es reinterpretado en nuevas y elegantes proporciones, mientras que una bandolera prismática aporta una sensación de modernidad minimalista. «Quiero que cada pieza se sienta divertida, pero también deseable como objeto», dice Davis. «Que se mantenga por sí misma».

Las formas orgánicas se traducen con precisión lineal. El nuevo tacón Elina está claramente definido, mientras que el renacimiento de un bolso recortado, ahora de piel pulida con un interior de lona en contraste, se hace eco de las formas onduladas de la joyería escultórica. Los pañuelos vaporosos aparecen simplificados; impresiones de archivo reducidas, redibujadas y reimaginadas. Enrollados en nuevas formas, revitalizan los códigos formativos del ADN de Ferragamo. «Se trataba de buscar en el archivo y establecer lo que se podía redefinir para que fuera relevante en la actualidad», explica Davis.

Una paleta extraída de los colores de la serie Sunset de Rachel Harrison, estampados en degradé y tejidos teñidos a mano; desde el blanco óptico hasta el índigo intenso, el amarillo suave como la mantequilla y el azul cielo. Un nuevo rojo Pantone codifica formalmente el tono icónico de la marca, visible de forma dominante tanto en la en toda la colección y en el espacio del desfile, coloreando la arena que cubre el suelo. «La arena se relaciona con Ferragamo, con Hollywood, con el océano, pero también conmigo y con mi propio ADN», explica Davis. «A lo que el mar significa para la cultura caribeña: un lugar donde se puede reflexionar y sentirse a gusto. Quería mostrar esa perspectiva, pero ahora a través de la lente de Ferragamo».

*Imágenes: cortesía de Ferragamo

 

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