¿Te acuerdas cuando lo más de lo más era el ginseng? ¿O las bayas de Goji? ¿O el açai? Hasta el kale (vamos, la col rizada de toda la vida) tuvo sus quince minutos de gloria con el mítico bailecito de Beyoncé.

Beyoncé, responsable de que todos hablemos del kale gracias a este bailecito.
Beyoncé, responsable de que todos hablásemos del kale gracias a este bailecito.

Pero todo esto ya pertenece al pleistoceno de la comida saludable. Ahora lo más es el kholrabi. Sí, el nombre en inglés es horrible y, en castellano, la verdad es que no mejora demasiado (colirrábano, col rábano, o colinabo). El susodicho vegetal que trae locas a todas las veganofoodies es tan feo como su propio nombre, pero sano como el que más. Según lo mires parece un alienígena con cuerpo de bulbo rechoncho y ramas acabadas en grandes hojas verdes tipo espinaca.

Sí, vale, pero, ¿a santo de qué tanto ruido con un vegetal que, por cierto, nunca ganaría en un concurso de bellezas en verde? Pues porque el kholrabi va repletito de vitamina C (62 mg por cada 100 gramos). Sus incondicionales lo reivindican frente a los 53,2 miligramos de la naranja. Además es rico en calcio, potasio, manganeso, hierro y fósforo y vitamina B. Y eso solo el bulbo. Las hojas son una importante fuente de vitamina A. Por si fuera poco, para que la digestión sea perfecta, el amigo colinabo aporta mucha fibra dietética, imprescindible para visitar con regularidad el baño (en una ración de 135 gramos te encuentras 5 gramos de fibra, el 19% de la cantidad diaria recomendada).

Bonito, lo que se dice bonito, no es. Pero esconde más vitamina C que la naranja. © Cordon Press
Bonito, lo que se dice bonito, no es. Pero esconde más vitamina C que la naranja. © Cordon Press

Si atendiste en clase, sabrás que los antioxidantes como la vitamina C, son mano de santo para reforzar el sistema inmunitario y para mejorar la luminosidad de la piel. Además reducen la inflamación crónica, un proceso degenerativo que afecta a todos los órganos y que puede acabar en infarto, diabetes… Pero hay más. Sus devotos, además, le atribuyen otras cualidades: contiene fitoquímicos que pueden prevenir la aparición de algunos cánceres como el de mama o el de pulmón. También se investiga si sus sulforafanos podrían actuar como barrera antibacteriana frente a la temida Helicobacter pylori, la bacteria causante de la úlcera de estómago. Rico en nutrientes y además, no engorda: 100 gramos de este vegetal contienen solo 24 kc. Vamos, que es el más feo del jardín pero vale casi tanto como un seguro médico.

Infografía kholrabi

Y esto, ¿dónde se compra?

Si te estás haciendo esta pregunta ten por seguro que en tu supermercado habitual no lo tienen. Como con otras variedades hortofrutícolas rarunas no queda otra que acercarse a los mercados de productores o a los grupos de consumo donde suelen encontrarse especies sorprendentes como las zanahorias moradas, mi último descubrimiento. Si no lo tienen, coméntaselo abiertamente al agricultor porque tal vez estén valorando sembrarlas para la próxima cosecha. A la hora de elegirlo, busca uno de tamaño moderado (aproximadamente el de una pelota de tenis). Si es más grande, puede que tenga una textura algo correosa.

Si no lo encuentras en el supermercado, prueba en un mercado tradicional o acude a grupos de consumo. © Cordon Press
Si no lo encuentras en el supermercado, prueba en un mercado tradicional o acude a grupos de consumo. © Cordon Press

¿A qué sabe?

La cata es similar a la de la col, aunque algo más dulce y con algunos matices picantes. Curiosa, muy curiosa.

¿Lo mejor?, comerlo crudo. Para ello pela el cogollo del tallo, pártelo en rodajas finas y alíñalo. © Cordon Press
¿Lo mejor?, comerlo crudo. Para ello pela el cogollo del tallo, pártelo en rodajas finas y alíñalo. © Cordon Press

Muy bien, ¿y ahora cómo lo cocino?

Pues de mil maneras. Lo mejor es dejarlo crudo y comerlo en ensalada. Pela el cogollo del tallo, pártelo en rodajas finas y alíñalo al gusto. Lo notarás crujiente como una manzana. Si prefieres que esté blandito lo mejor es cocinarlo al vapor (recuerda la vitamina C se diluye en el agua y, para colmo de males, es extremadamente sensible al calor. Si lo cueces que sea poco tiempo, con poca agua y, siempre que sea posible, aprovechando el caldo para un consomé porque ahí se queda buena parte de la vitamina). Con doce minutos al vapor está listo para hincarle el diente. También puede hacerse en rodajas al horno. Aquí el exterior dulce se carameliza y deja un sabor muy agradable para usarlo de guarnición. Eso para el bulbo. Las hojas se pueden preparar como si fueran col.

En el libro Recetas Sabrosas Para Estomagos Delicados (Ed. Hispano Europea) encontrarás varias alternativas suculentas para cocinarlo. Y, ya puestos, Internet, que es un gran recetario, ofrece miles de maneras de prepararlo. Pero, date prisa, que dentro de nada saldrá otro vegetal aún más molón y el kholrabi volverá a ser el feo de la huerta del que nadie quiere saber.

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