Cuando Kim Kardashian decide viajar a Bangkok para ponerse en manos de un dermatólogo, el ruido no tarda en propagarse. Las redes sociales se llenan de menciones, el nombre empieza a circular y Asia vuelve a colocarse, una vez más, en el centro de la conversación estética global. No es la primera vez que una celebrity marca tendencia, pero sí una de esas ocasiones en las que merece la pena mirar más allá del titular. ¿Quién es el médico detrás de este fenómeno? ¿Qué propone para que figuras internacionales crucen medio mundo para tratarse con él? Y, sobre todo, ¿qué hay de cierto en ese concepto del que todos empiezan a hablar: la longevidad de la piel? Con esa curiosidad de fondo, decidimos ir a conocerlo y vivir la experiencia en primera persona.

El dermatólogo más famoso de Tailandia

Hubo un momento en el que su nombre empezó a aparecer con insistencia en Instagram y TikTok, después de que Kim Kardashian lo mencionara en una entrevista. No fue tanto el impacto mediático lo que me llamó la atención, sino lo que había detrás. En un contexto en el que la dermatología estética parecía girar casi exclusivamente en torno a inyecciones y soluciones inmediatas, su discurso apuntaba en otra dirección: trabajar la piel en profundidad, respetar sus tiempos y pensar en el largo plazo.

Ese enfoque llegó en un momento clave. Estamos asistiendo a un cambio de paradigma profundo. De intervenir la piel a entenderla. De buscar resultados instantáneos a preguntarnos cómo envejece, cómo se regenera y cómo se mantiene sana con el paso del tiempo. No se trata de verse más joven, sino de envejecer mejor. De verse más saludable. Y quizá por eso cada vez más miradas, incluida la mía y la de una de las famosas con más influencia a nivel mundial, se dirigen hacia Asia.

Por qué Asia y Bangkok está redefiniendo la dermatología estética de lujo

Asia lleva años jugando en otra liga cuando se trata del cuidado de la piel. Conocimiento, tecnología y una fuerte cultura de la prevención conviven aquí con rituales ancestrales que entienden la piel como algo que se cuida antes de que se deteriore. Corea ha sido clave en este despertar global del skincare, Japón ha convertido la cosmética en parte del día a día, y Tailandia, poco a poco, se está posicionando como un hub médico-estético cada vez más relevante.

Hay un detalle revelador: la relación con el sol. Aquí no existe el culto al bronceado. La piel se cubre, se protege y se preserva. Esa mentalidad preventiva, unida a la combinación de tradición y tecnología, explica por qué Bangkok empieza a aparecer con fuerza en la conversación internacional sobre dermatología estética. Y es en este contexto donde cobra sentido el auge de un enfoque centrado en la longevidad de la piel.

Quién es el doctor detrás del fenómeno

Conocer a Doctor Joe en persona confirma rápido por qué genera tanta confianza. Lo primero que llama la atención no es la fama ni la lista de pacientes, sino su manera de escuchar. Hay una calma poco habitual, una atención real que solo da la experiencia. Lleva diecisiete años dedicado a la dermatología, marcados además por una vivencia personal, haber sufrido acné, que explica en gran parte su sensibilidad y su implicación con la piel de quienes se sientan frente a él.

La consulta empieza sin prisas ni discursos prefabricados. Pregunta qué te preocupa y escucha. Cuando le devuelvo la pregunta ¿qué te preocuparía a ti de mi piel?,  su respuesta me desarma: no quiere señalar nada que yo no haya traído a la conversación. “No vengo a decirte lo que yo veo si eso puede generarte una inseguridad innecesaria”, me explica. Su objetivo no es imponer un criterio, sino que la persona que tiene delante se sienta mejor, no más consciente de supuestos defectos.

Ahí se entiende una de las grandes diferencias con otros médicos estéticos. No busca el efecto inmediato ni la transformación rápida. Habla de procesos, de tiempo y de entender cómo funciona la piel antes de intervenir. Su enfoque se plantea como un viaje sostenido a largo plazo, donde los tratamientos iniciales sirven para trabajar la piel desde dentro y la evaluación llega más adelante.

Cuando surge el tema de las celebrities, el tono no cambia. Habla con naturalidad, discreción y agradecimiento, pero sin presumir. Trata a figuras públicas, miembros de la realeza y nombres internacionales, pero insiste en algo que repite varias veces: para él, todas sus pacientes son igual de importantes. Yo entiendo rápido por qué tantas mujeres confían en él. No hay intento de vender ni de modificar, solo escucha, criterio y una visión clara de lo que significa la longevidad de la piel.

Me plantea comenzar por su tratamiento signature: trabajar con ultrasonidos en profundidad por un lado y también de forma más superficial para actuar en todas las capas de la piel. No como una solución aislada, sino como el primer paso de un proceso que se evalúa con el tiempo. Salgo de la consulta tranquila, con la sensación de haber entendido exactamente qué se va a hacer y por qué.

Mi llegada a la clínica y el inicio de la experiencia

La primera sensación al cruzar la puerta de The Demis Clinic es clara: lujo. Un lujo clínico, pulcro y silencioso. Todo es blanco, luminoso, impoluto. Los espacios respiran orden, elegancia y una sofisticación minimalista que transmite, desde el primer segundo, que estás en una clínica premium donde cada detalle está pensado para generar calma.

El trato del equipo acompaña esa impresión inicial. Te reciben con una amabilidad exquisita, te ofrecen algo de beber y te acompañan en todo momento. Incluso antes de llegar, al confirmar la cita por correo, te invitan a elegir una bebida y unos snacks. Cuando te sientas frente al doctor, allí está tu elección: un café caliente, con espuma y tu cara dibujada sobre él. Un gesto lúdico que dice mucho del nivel de atención al detalle.

Mientras la crema anestesiante hace su efecto, llega uno de esos momentos que explican por qué la hospitalidad tailandesa es única: una hora de masaje que transforma la espera en una experiencia en sí misma. Cuidado, dedicación y una sensación de bienestar poco habitual en una clínica dermatológica.

El tratamiento: tiempo, sensaciones y confianza

Aunque sé que su agenda es extremadamente limitada y que solo pasa consulta unos pocos días, en ningún momento tengo la sensación de estar “de paso”. Todo ocurre con calma, sin prisas. El tratamiento es completamente indoloro. Hablamos, nos reímos, y en mitad del proceso me enseña el resultado en una parte del rostro antes de continuar. El efecto inmediato sorprende, aunque insiste en que los cambios reales llegarán con el tiempo.

Después, completo el proceso con un segundo tratamiento de ultrasonidos más superficiales realizado por su socia, la doctora Lin, y antes de terminar vuelve para hacer el touch-up, esa revisión final que pone el broche al trabajo.

Conclusión

Salgo de la clínica más consciente y confiada, con ganas de observar cómo evoluciona mi piel y entendiendo que esto es un proceso. El doctor ha desarrollado además su propia línea de skincare, pensada como una extensión natural del tratamiento, y me llevo esas cremas como parte de un acompañamiento que no termina al salir por la puerta.

Hoy entiendo por qué tantas mujeres, desde Asia hasta Hollywood, confían en él. No solo por la técnica o la reputación, sino por una relación casi terapéutica basada en la escucha y el respeto. Aquí no se trata de transformarte, sino de envejecer siendo tú. Y en un mundo obsesionado con cambiarlo todo, eso se ha vuelto extraordinariamente valioso.