Ha llegado el momento. No es nuestro favorito del año, preferiríamos estar bebiendo piñas coladas y viendo el atardecer con música en directo de fondo, pero milagritos, a Lourdes. Aquí venimos a enfrentarnos al frío, así, de frente; sin pensárnoslo dos veces no vaya a ser que no queramos volver a salir de casa hasta que sea verano otra vez.

No, el verano no se va a quedar aquí ni aunque venga Leo a pedírselo, así que no insistas.
No, el buen tiempo no se va a quedar aquí ni aunque venga Leo a pedírselo, así que no insistas.

En fin, la cosa es que, por mucho que las temperaturas bajen, la piel se nos seque y los labios se nos cuarteen sin pedir permiso ni nada, el invierno tiene algo bueno: ¿la Navidad? Sí, también pero, además, es la época favorita del fashion business para vestir. Sí, porque en verano con un vestidito te apañas, pero aquí hay que jugar. Las capas se superponen, los jerséis de cuello vuelto relucen en tu armario (¿acaso hay algo que siente mejor? No) y los abrigos toman protagonismo interpretando su papel como carta de presentación.

Y entonces llega el drama porque, por lo general, el más bonito no suele ser el que más protege. O, al menos, así era hasta ahora: los plumas se han quitado la cruz de encima, el pelo sintético invade las tiendas (en su formato más divertido) y los abrigos masculinos se alargan hasta el suelo cubriendo toda la pierna.

© Jonathan Grossman
© Jonathan Grossman

La decisión es difícil… así que pónganos uno de cada para llevar. Y con lazo, por favor. ¡A por el frío!

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