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La piel no solo define nuestro aspecto, también es una barrera activa que nos protege del entorno. Cuando esta función se altera, se pierde hidratación, aumenta la sensibilidad y aparecen la tirantez, la irritación y el disconfort. Por eso, reforzar la barrera cutánea es el primer paso de cualquier rutina eficaz: cuidar la piel no consiste solo en hidratarla, sino en restaurar su estructura natural para que vuelva a defenderse frente a la polución, los cambios de temperatura y el estrés diario.
Para descubrir cómo cuidarla hablamos con Izaskun Ruiz Amestoy, farmacéutica y directora de formación de Skin Perfection by Bluevert, quien comparte su experiencia y conocimientos sobre la barrera cutánea en estas 10 premisas.

El frío debilita la barrera cutánea más de lo que creemos
Como farmacéutica, siempre explico que el frío no solo “reseca”: altera directamente la estructura del estrato córneo. Las bajas temperaturas, el viento y los cambios bruscos entre exterior e interior disminuyen los lípidos naturales de la piel, aumentan la pérdida transepidérmica de agua y hacen que la barrera cutánea se vuelva más permeable. El resultado es una piel tirante, sensible, reactiva y con menor capacidad de defensa.
Una barrera alterada es sinónimo de piel vulnerable
La barrera cutánea es nuestra primera línea de protección frente al entorno. Cuando está dañada, no solo perdemos hidratación, sino que facilitamos la entrada de patógenos, contaminantes y sustancias irritantes. Por eso, en invierno vemos más brotes de dermatitis, rojeces o sensación de escozor, incluso con cosméticos que antes tolerábamos bien.
En invierno no basta con hidratar: hay que reparar
Uno de los errores más frecuentes es pensar que con aportar agua es suficiente. La piel necesita humectantes que capten agua, como el ácido hialurónico, pero también emolientes y lípidos fisiológicos, como las ceramidas, para reconstruir ese “cemento” intercelular que mantiene la cohesión de la barrera. Sin esta reparación, la hidratación no se mantiene en el tiempo.
Una buena opción es Ultimate Facial Cream, de Bluevert, un exclusivo complejo de microalgas marinas (Chlorella vulgaris y Nannochloropsis Gaditana) microencapsuladas en liposomas para garantizar una mayor penetración epidérmica. Aporta a la piel un cocktail de NUTRIENTES y ACTIVOS: ácidos grasos, antioxidantes, vitaminas, minerales, aminoácidos y péptidos con propiedades antioxidantes, eficaces en la reparación celular y potenciadoras de la longevidad celular.

Su precio recomendado es de 69 euros el tamaño de 50ml
El frío exige fórmulas que refuercen la función barrera
Durante los meses fríos recomiendo priorizar cosméticos que ayuden a restaurar la estructura natural de la piel: ceramidas, niacinamida, mantecas y activos reparadores y calmantes. Ingredientes con acción antioxidante y regeneradora, como complejos de microalgas marinas, son especialmente interesantes porque ayudan a la piel a defenderse del estrés ambiental y a recuperar su equilibrio.
Sin una barrera sana, ninguna rutina funciona
Esto lo repito siempre: si la función barrera no está en condiciones óptimas, el resto de la rutina pierde eficacia y aumenta el riesgo de reacciones cutáneas. En invierno, más que nunca, debemos escuchar a la piel, simplificar la rutina si es necesario y centrarnos en fortalecerla. Una piel con la barrera intacta es una piel más fuerte, luminosa, confortable y capaz de envejecer mejor.
El frío altera el pH y el microbioma cutáneo
Cuando bajan las temperaturas, la piel tiende a perder su pH ligeramente ácido, que es esencial para mantener un microbioma equilibrado. Este desequilibrio favorece la inflamación, la sensibilidad y la aparición de imperfecciones. Por eso, en invierno es clave utilizar cosméticos respetuosos, que no arrastren los lípidos naturales ni alteren este ecosistema tan delicado.
El viento y la calefacción son enemigos silenciosos de la piel
No solo el frío exterior afecta a la barrera cutánea. El viento, la calefacción y los ambientes secos aceleran la deshidratación y la pérdida de confort. La piel entra en un estado de “estrés constante” que dificulta su capacidad de regeneración. En esta época, las texturas más nutritivas y protectoras ayudan a crear una película que evita la evaporación del agua.

Reparar la barrera cutánea es también una estrategia antiedad
Una barrera sana no solo aporta confort, sino que ralentiza el envejecimiento cutáneo. Cuando la piel pierde agua de forma constante, se vuelve menos elástica y aparecen antes las arrugas. Al reforzar la barrera, mejoramos la hidratación, la elasticidad y la capacidad de la piel para defenderse del estrés oxidativo.
La constancia es la clave para que la piel supere el invierno
La barrera cutánea no se repara de un día para otro. Necesita constancia, fórmulas bien diseñadas y una rutina adaptada a la estación. Cuidarla a diario durante los meses fríos permite que la piel llegue a la primavera fuerte, equilibrada y con mejor calidad cutánea.
La piel sensible es la primera en notar los efectos del frío
Las pieles sensibles suelen partir de una barrera cutánea más frágil, por lo que el frío actúa como un desencadenante inmediato de rojeces, picor, tirantez o sensación de ardor. En estos casos, reforzar la función barrera es fundamental para mejorar la tolerancia cutánea y reducir la reactividad. Apostar por fórmulas calmantes, reparadoras y respetuosas ayuda a que la piel recupere el confort y se defienda mejor frente a las agresiones externas propias del invierno.
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