Moda
Hay cumpleaños que invitan a mirar fotografías antiguas, rescatar grandes éxitos y dejar que la nostalgia haga prácticamente todo el trabajo. Y luego están aquellos que sirven para recordar quién eres antes de decidir hacia dónde quieres ir. Coach pertenece definitivamente al segundo grupo. La firma neoyorquina acaba de cumplir 85 años y Stuart Vevers ha elegido celebrar una fecha tan redonda de una manera bastante menos previsible que desempolvando su archivo para reproducirlo sobre una pasarela. Su colección Primavera 2027 habla del pasado, sí, pero lo hace desde el presente: lo arruga, lo desgasta, lo vuelve del revés, lo cubre de confeti y purpurina y, en algunos casos, incluso lo desmonta para volver a construirlo.
Presentada el 9 de septiembre en el downtown de Nueva York, justo antes del comienzo oficial de la Semana de la Moda de la ciudad, la colección parte de una idea tan emocional como universal: la memoria transforma las cosas que conocemos a medida que vivimos con ellas. Vevers no quería realizar una retrospectiva por el 85 aniversario, sino utilizar la seguridad que proporciona una historia tan larga para permitirse jugar con ella. Una intención especialmente significativa en una casa fundada en Nueva York en 1941 y cuya identidad continúa profundamente ligada a la artesanía en piel y a una determinada idea, relajada e imperfecta, del estilo americano.
El resultado tiene algo de armario encontrado después de una noche memorable. La ropa parece haber vivido antes de llegar a la pasarela y, precisamente por eso, posee personalidad. Hay cuero acariciado por el tiempo, lentejuelas, acabados metálicos, costuras que deliberadamente quedan a la vista, forros que abandonan el interior de las prendas para convertirse en protagonistas y pequeños rastros de una fiesta de cumpleaños que quizá terminó hace unas horas… o hace décadas.
Stuart Vevers presenta la colección Primavera 2027 de Coach jugando con los grandes códigos de la casa, las prendas vividas, el ‘upcycling’ y las huellas de una celebración que parece no haber terminado todavía

Una fiesta de cumpleaños, pero al estilo Coach
La celebración está ahí desde el primer momento, aunque nunca se vuelve literal en exceso. El punto de partida son algunos de los arquetipos que han construido el lenguaje de Stuart Vevers en Coach: la gabardina, la cazadora de cuero, el esmoquin, el vestido cortado al bies o la bota western. Piezas reconocibles que esta vez aparecen sometidas a un interesante ejercicio de transformación.
La sastrería se vuelve más estilizada y contenida, con hombros limpios, mangas estrechas y pantalones largos que caen hasta acumularse ligeramente sobre los zapatos. Es una silueta más depurada que contrasta con esa influencia de la calle, la contracultura y el downtown neoyorquino que lleva años atravesando el trabajo de Vevers.

Pero basta acercarse un poco para descubrir que la aparente corrección empieza a deshacerse. Abrigos, americanas y gabardinas muestran deliberadamente sus interiores, dejando visibles forros y estructuras que normalmente permanecerían escondidos. Algunas piezas están confeccionadas en napa suave y ligeramente granulada para conseguir movimiento; otras recurren a un jersey grueso teñido después de confeccionarse y desteñido por el sol, de manera que una prenda asociada a la sastrería termina adquiriendo la familiaridad de esa sudadera antigua que hemos llevado tantas veces que ya parece formar parte de nosotros.
Esa tensión entre lo refinado y lo vivido es una de las ideas más atractivas de la colección. Porque Coach no parece interesada esta temporada en la perfección recién estrenada. Quiere que la ropa tenga memoria.
Vestidos que parecen haber bailado toda la noche
La otra gran línea de la propuesta llega a través de vestidos y faldas cortados al bies, una silueta que se repite utilizando materiales completamente diferentes y demuestra cómo un mismo patrón puede cambiar de personalidad dependiendo de aquello con lo que se construya.
Aparece en georgette teñido, denim reutilizado, lamé, lentejuelas e incluso tejidos de forro recuperados y estampados. Los bordes permanecen deliberadamente cortados, algunas vistas quedan expuestas y las puntadas decorativas revelan partes del proceso de confección que habitualmente la moda intenta ocultar.


Incluso las mangas pueden añadirse y quitarse. Mangas de punto y crochet se incorporan a vestidos, tops y prendas exteriores como si alguien hubiera improvisado el estilismo delante del espejo cinco minutos antes de salir de casa.
Y ahí vuelve a aparecer una de las obsesiones más reconocibles del Coach de Vevers: esa belleza de lo imperfecto, lo personal y lo ligeramente desordenado. Una estética que conecta especialmente bien con una generación que parece haber empezado a cansarse de los uniformes excesivamente calculados y que vuelve a encontrar placer en vestirse de una manera mucho más intuitiva. No es casualidad que Vogue haya situado precisamente la expresión individual, las mezclas inesperadas y una estética deliberadamente menos pulida entre las direcciones que empiezan a dibujarse para la Primavera/Verano 2027.


Gris, rosa empolvado, menta y el brillo que queda después de la fiesta
La paleta comienza casi en voz baja. Gris paloma, marrón suave, negro, blanco y tonos naturales de cuero construyen la primera parte de la colección antes de dejar paso al azul bígaro, el rosa empolvado, el verde menta y los acabados metálicos reflectantes.
Después llega el brillo. Las lentejuelas pasan de superficies marrones más oscuras a delicados tonos pastel y los códigos tradicionalmente reservados a la noche aparecen mezclados con prendas pensadas para el día. Una americana puede convivir con el brillo, el cuero con un vestido fluido y la sastrería con la purpurina sin que ninguna combinación parezca necesitar una ocasión concreta.
Porque la fiesta del 85 cumpleaños está presente en toda la colección, pero Vevers imagina algo todavía más interesante: las horas posteriores a la celebración.
El cuero aparece frotado a mano con láminas metálicas doradas y plateadas. El confeti queda atrapado sobre bolsos y zapatos. La purpurina se mezcla con esmalte de uñas rojo para conseguir superficies agrietadas y deliberadamente imperfectas. Coronas, gorros puntiagudos, lazos, regalos y tarjetas de cumpleaños se reproducen en piel con la misma atención artesanal que tradicionalmente recibiría uno de los bolsos de la casa.

El ‘upcycling’ vuelve a ocupar un lugar protagonista
La memoria no aparece únicamente como concepto estético. También está físicamente presente en los materiales. Coach recupera prendas de cuero y denim de segunda mano para transformarlas en nuevas piezas, utiliza tejidos de forro reutilizados en vestidos, tops, pantalones y sastrería construida del revés y rescata pequeños bolsos vintage de la propia firma para convertirlos en diseños completamente diferentes.
No es un territorio nuevo para Vevers. La reutilización y el upcycling llevan varias temporadas formando parte de su lenguaje creativo, junto con esa fascinación por los materiales que parecen haber tenido una vida anterior. Ya en Primavera 2026, por ejemplo, Vogue destacaba el cuero envejecido, el denim desgastado y las prendas reconstruidas dentro de una colección en la que la huella del uso se convertía prácticamente en un elemento de diseño.
En Primavera 2027 esa idea adquiere todavía más sentido: ¿qué mejor manera de celebrar 85 años que demostrar que las cosas antiguas todavía pueden tener una nueva vida?

El Turnlock Tote recupera un icono de 1970
Y si existe un territorio en el que hablar de memoria resulta inevitable en Coach es, por supuesto, el de los bolsos.
Una de las grandes novedades de la temporada es el Turnlock Tote, inspirado en un diseño de Coach de 1970 y construido alrededor del característico cierre giratorio asociado a Bonnie Cashin, la primera gran diseñadora de la firma y una figura fundamental en la construcción de su lenguaje moderno. La propia historia oficial de Coach recuerda la importancia de Cashin y de su visión basada en el color, la funcionalidad, las proporciones y una idea mucho más libre de cómo debían ser los accesorios.
Realizado en cuero granulado y ante, el nuevo bolso recibe los mismos tratamientos que atraviesan la colección: láminas metálicas aplicadas a mano, confeti, purpurina y efectos realizados con esmalte de uñas.
También el Brooklyn, una de las siluetas recientes más reconocibles de Coach, se da literalmente la vuelta en el Inside-Out Brooklyn para enseñar aquello que normalmente permanecería escondido en su construcción. Y el Tabby, convertido ya en uno de los bolsos que mejor explican el renacimiento contemporáneo de la firma, se viste para la fiesta con acabados decorativos y reaparece en una sorprendente versión collage construida a partir de pequeños bolsos Coach vintage.
Es probablemente aquí donde mejor se resume toda la colección: el archivo no se coloca detrás de una vitrina; se corta, se mezcla, se utiliza y vuelve a salir a la calle.

Las zapatillas se hacen más finas y las botas siguen mirando al Oeste
El calzado continúa ese juego entre pasado y presente. La gran novedad es la Hudson, una zapatilla de proporciones estilizadas inspirada en las deportivas de tenis de los años setenta, que llega justo cuando las siluetas más finas continúan desplazando a las sneakers excesivamente voluminosas.
Junto a ella aparecen botas western de piel de becerro, blandas y ligeramente arrugadas, que recuperan otro de los códigos recurrentes del universo de Vevers. Los acabados metálicos desgastados, el confeti y esa inesperada mezcla de purpurina y esmalte vuelven a aparecer también sobre los zapatos, haciendo que algunas piezas parezcan personalizadas a mano después de una noche especialmente larga.
Las joyas, por su parte, se reducen a pocos objetos pero con mucha personalidad: colgantes de cristal inspirados en las lágrimas de las lámparas de araña y las cajas de relojes Art Déco, cordones de cuero y un broche en forma de lazo que parece recién arrancado de un regalo.
Y después están los pequeños objetos cotidianos reproducidos en piel: gafas de sol, un periódico, un bolígrafo, una postal, unas llaves o un silbato. Todas esas cosas aparentemente insignificantes que terminan viviendo en el fondo de un bolso y que, sin darnos cuenta, cuentan muchísimo sobre nosotros.

De “Love Is the Message” a una lluvia de confeti
Coach tampoco quiso que su aniversario terminara cuando salió el último look.
Antes del desfile, los invitados accedieron a un gran espacio en penumbra con pequeñas mesas donde podían leer las notas de la colección en carpetas forradas de cuero que recordaban a las cartas de un bar mientras bebían vino espumoso o un Coach 85, el cóctel creado especialmente para la celebración.
La banda sonora comenzó con Marz, de John Grant, para ir introduciendo después fragmentos de Love Is the Message, la grabación disco de MFSB vinculada a la historia de las legendarias fiestas que David Mancuso organizaba en Nueva York desde comienzos de los años setenta. Música, comunidad, libertad y baile volvían así a conectar la colección con otra memoria de la ciudad.
Y entonces llegó el final. Las cortinas situadas detrás de la pasarela se levantaron y aparecieron jóvenes músicos de cuerda de UpBeat NYC, organización sin ánimo de lucro que proporciona educación musical gratuita a jóvenes del Bronx, interpretando Love Is the Message junto a saxofonistas. Cuando regresaron los modelos, ocho bailarines de voguing dirigidos por Arturo Lyons se unieron a ellos.
Después cayó el confeti. Modelos, músicos, bailarines e invitados quedaron envueltos en él antes de que la celebración continuara en el recién descubierto Coach Club 85.
Quizá no podía existir un final más coherente para una colección que habla precisamente de lo que permanece cuando termina una fiesta.
85 años después, Coach no quiere quedarse atrapada en su propia historia
Hay una tentación casi inevitable cuando una firma alcanza un aniversario importante: demostrar todo lo que ha sido. Coach ha preferido preguntarse qué puede hacer ahora con todo aquello.
Y esa diferencia importa.
Desde que Stuart Vevers asumió la dirección creativa en 2013, la casa ha ido acercando su legado de artesanía americana a una generación mucho más joven, incorporando cultura pop, códigos urbanos, nostalgia, upcycling y una idea menos reverencial del lujo. La propia Coach reconoce que Vevers ha utilizado la cultura americana y el espíritu inclusivo de Nueva York para presentar la firma a una nueva generación. (Coach)
Ahora, después de 85 años, su colección Primavera 2027 parece condensar todo ese recorrido sin convertirse en un álbum de grandes éxitos.
Hay una gabardina, pero está del revés. Hay un bolso de 1970, pero aparece cubierto de confeti. Hay prendas antiguas, pero se convierten en otras nuevas. Hay vestidos de noche que pueden salir a la calle de día y sastrería impecable confeccionada en un tejido que recuerda a nuestra sudadera favorita.
Y quizá ahí esté la mejor manera de cumplir años en moda: tener suficiente historia para saber quién eres y suficiente curiosidad para no querer repetirte.
Coach ha soplado 85 velas en Nueva York. Y, a juzgar por el confeti que todavía queda sobre sus bolsos, la fiesta no ha hecho más que empezar.
He mantenido todos los detalles potentes de la nota —incluidos materiales, bolsos, calzado, música y puesta en escena— pero los he reorganizado para que el texto tenga una historia y no funcione como una traducción de la nota de prensa. Además, el contexto externo sobre el aniversario, Vevers y la NYFW está contrastado con Coach y Vogue.
*Imágenes: cortesía Coach