Durante años, el lujo madrileño pareció tener coordenadas muy concretas. Hoy, el mapa ha cambiado. Canalejas se ha convertido en uno de los nuevos epicentros de la ciudad, y su hotel más icónico tiene mucho que ver con ello.

El nuevo lujo está en el centro

La ubicación siempre ha sido uno de los grandes argumentos del hotel Four Seasons Madrid, pero cinco años después se entiende de otra manera. El hotel se encuentra entre Puerta del Sol y el Barrio de las Letras, a pocos minutos a pie del Prado, el Thyssen, Gran Vía, Cibeles o El Retiro. Madrid se despliega prácticamente en todas direcciones y, en una ciudad hecha para caminar, eso cambia por completo la experiencia. Pero la propia ciudad también ha cambiado por completo alrededor de ello.

La apertura de Galería Canalejas, la peatonalización de buena parte del entorno y la llegada de nuevos conceptos gastronómicos, comerciales y de ocio han dado otra energía a una zona que hoy se siente más sofisticada, más cuidada y mucho más conectada con el lujo contemporáneo. Four Seasons no llegó simplemente a una buena ubicación. Ayudó a convertirla en destino.

Siete edificios y ninguna habitación igual

Parte de ese carácter empieza en la propia arquitectura. El hotel ocupa siete edificios históricos que fueron restaurados y unidos en uno de los proyectos de rehabilitación más ambiciosos del centro de Madrid. Durante el proceso se recuperaron miles de elementos originales, muchos de ellos integrados de nuevo en los espacios actuales. El resultado es un hotel poco convencional en su distribución. No todas las habitaciones responden al mismo esquema y algunas aprovechan precisamente las alturas y volúmenes heredados de los edificios originales.

La Loft Suite es uno de los mejores ejemplos: entre 70 y 105 metros cuadrados distribuidos en dos niveles, con dormitorio, vestidor y baño en la planta superior y una amplia zona de estar en la inferior. La altura y la luz transforman por completo el espacio.

En un momento en el que muchos hoteles de lujo tienden a reproducir una misma estética en distintas ciudades, aquí las irregularidades del edificio se convierten en personalidad.

Un resort vertical sobre Madrid

Hay otra paradoja interesante. La ubicación invita a salir constantemente, pero el hotel tiene suficiente vida como para no necesitar hacerlo. Dani Brasserie, el spa, la piscina, el gimnasio, las terrazas y los distintos espacios gastronómicos convierten el edificio en una especie de resort urbano en altura.

Dani, situado en la azotea y diseñado por Martin Brudnizki, es probablemente el mejor ejemplo. Por la mañana funciona como uno de los desayunos más luminosos de la ciudad; al mediodía adquiere la energía de una brasserie cosmopolita y, al caer la noche, su terraza se convierte en uno de esos lugares donde Madrid parece formar parte de la decoración.

No es casualidad que haya dejado de percibirse únicamente como “el restaurante del hotel”. Gran parte de su éxito está precisamente en atraer también a público local. Esa misma voluntad de formar parte de la ciudad aparece en propuestas como Dani’s Cinema Club, que durante las noches de verano transforma la azotea en un cine al aire libre con gastronomía y vistas sobre Madrid.

Desconectar sin salir de Madrid

El otro extremo de esa energía está unas plantas más arriba. El spa ocupa alrededor de 1.450 metros cuadrados distribuidos en cuatro niveles y cuenta con ocho salas de tratamiento, gimnasio 24 horas y una piscina interior de 14 metros bañada por luz natural.

Es uno de esos espacios que resumen bien el concepto del hotel: abajo continúa uno de los centros urbanos más activos de España; arriba, silencio, agua y tejados. La propuesta de Wellness también se ha actualizado este año con nuevos tratamientos Natura Bissé centrados en personalización, innovación cosmética y resultados visibles. Más que un simple spa de hotel, funciona como un refugio urbano pensado tanto para viajeros como para madrileños.

Madrid entra en el hotel

La relación con la ciudad también se percibe en los detalles. Cerca de 1.500 obras de arte recorren habitaciones y zonas comunes, con especial protagonismo de creadores españoles contemporáneos.

Royal Suite

La Royal Suite lleva esa conexión todavía más lejos. Sus 400 metros cuadrados ocupan parte de los antiguos espacios del Casino de Madrid y del Banco Español de Crédito, conservando elementos históricos como la chimenea, las molduras, la marquetería o los grandes ventanales hacia Alcalá y Sevilla. No se trata de recrear un Madrid histórico, sino de incorporarlo al lujo actual.

Royal Suite

Y quizá esa sea también la clave para entender el impacto del hotel. Four Seasons Madrid no necesitó sacar al viajero del centro para ofrecer una experiencia de ultra lujo. Hizo exactamente lo contrario: colocó ese lujo en medio de la ciudad y convirtió Madrid en parte esencial de la experiencia.

 

Cinco años después, Canalejas ya no es simplemente el lugar donde está el hotel. Es uno de los lugares desde los que se entiende el nuevo Madrid.